"Si, al igual que yo, sois de los que creeis que tenéis poco que enseñar, mucho que aprender y aún más que compartir, éste es vuestro blog".

jueves, 5 de mayo de 2011

SOY UN PESCADOR DE SÁBADOS.






Hola Kamaradas,

Soy un pescador de sábados. Ni tan solo puedo serlo de fines de semana completos.
Formo parte de esa legión de pescadores anónimos, un gran porcentaje del colectivo, diría yo, que tenemos un solo dia a la semana -y gracias- para poder practicar esa afición que tanto nos gusta. Y esto en el mejor de los casos, siempre y cuando las muchas obligaciones de la vida profesional y familiar, no se extiendan también al fin de semana. Y aún así creedme: es un privilegio ser pescador de sábados, máxime cuando otros pescadores esa periodicidad la ven trocada por la ocasionalidad más esporádica, debido a que su pareja no entiende esa pasión, o lo considera algo trivial y secundario, o reclama para si el disfrute de un tiempo en común, muchas veces dedicado al tópico, el aburrimiento y la socialización, por encima de permitir a su compañero o compañera un tiempo de asueto practicando el muy noble arte de la pesca.
En mi caso particular, todo y ser un hombre "envidiado" por no tener excesivos problemas por pescar un dia a la semana, os he de confesar que el terrible esfuerzo de una semana laboral vivida a un ritmo trepidante, y complementada por otra segunda jornada, y esta no remunerada, para atender obligaciones domésticas y familiares, hace que al llegar el tan ansiado dia de pesca, en vez de sentir una terrible excitación, sienta las más de las veces un profundo agotamiento, y tenga que recurrir a toda mi fuerza de voluntad para madrugar con el fin de emprender viaje hacia el rio.
Por si fuera poco, el que llegue el tan ansiado dia de volver al rio, no quiere decir que vaya a ser un dia de pesca de esos de video-catálogo de agencia de viajes. Mirad, si lleváis muchos años en esto de la pesca, sabréis que a la larga, lo de menos es pescar mucho , poco o nada. Lo realmente importante es estar en el rio, sentirse libre por un momento, y sentir que en la vida, en comunión con esa naturaleza que tanto nos gusta (seguramente porque no tiene opinión sobre nosotros, como dijo Nietzsche), hay algo más que trabajo, obligaciones, vocerío y compartir tiempo y esfuerzos con personas que, las más de las veces, nos son indiferentes, cuando no poco gratas. Sin embargo, ya suele suceder que en ese dia, precisamente ESE, tenemos grandes probabilidades de que llueva a cántaros, lleguemos y el rio baje desbordado y enfangado, o suceda cualquier acontecimiento poco propicio para la práctica de la pesca, ocasionado por algún que otro meteoro. Entonces, conscientes de que hemos de apurar nuestras posibilidades, algunos no nos rendiremos, y buscaremos en donde pescar alternativamente, y alguna que otra vez, terminaremos en algún embalse y pescando peces que no constituían nuestro principal objetivo, pero pescando al fin y al cabo.
También he de confesaros, que la ansiedad provocada tamnto por el ritmo de vida semanal, como por la ansiedad de que nada se complique para poder ir al rio, a mi particularmente me genera un gran malestar, frecuentemente traducido en dolores de cabeza, malestar intestinal, o ambas cosas a la vez. Esto hace que no suela compartir muchas de mis jornadas de pesca con otros compañeros, o que lo haga muy esporádicamente. Es un esfuerzo añadido, a los muchos que ya hago durante la semana, el tener que socializar cuando no te encuentras demasiado bien, ni anímica, ni físicamente, y más cuando , por motivos laborales, ya pasas más de un tercio de tu vida teniendo que socializar y obligado a comportante civilizadamente, con mucha gente con la cual no compartes mas que espacio físico y bastantes malos rollos.
Por otra parte, para poder llegar al lugar en donde practicar, en ese único dia, mi tan preciada afición, me espera siempre un largo viaje, sobre todo de ida, cuando, frecuentemente bajo el manto de las estrellas, tengo que vencer el cansancio provocado por el gran déficit de sueño semanal. Ciertamente, hay muchos pescadores que tienen la suerte de tener el rio a pocos minutos de su casa, o a tiro de piedra de su pueblo, pero no es mi caso. Yo vivo en un entorno urbano, densamente poblado, y mis posibilidades de pescar en un rio, para practicar el tipo de pesca que a mi me gustan, pasan por conducir un centenar de kilómetros, como mínimo, y en el mejor de los casos.
Pese a todo, mi afición a la pesca, y mi voluntad de poder tener un mínimo espacio en mi vida para esa afición, me lleva a luchar, con uñas y dientes, por poder mantener este requicio de libertad, entendida como hacer algo que beneficiándome a mi, no perjudique a nadie más.
Esta convicción tiene muchas recompensas. Cada sábado, o dia que pueda escaparme a pescar, tiene muchas, pero os voy a contar una en concreto:
Un dia, peleando una trucha en el coto sin muerte de Font Viva, en Ripoll, el pez de desprendió en un salto, y recobró su libertad con un gran chapuzón, en cuyas gotas en suspensión, y gracias a la posición del sol en ese momento, brillo un muy efímero, pero increíblemente bello pequeño arco-iris, y lo hizo sólo un momento, pero tmabién sólo para mi. Ese arco-iris, fué para mi mejor regalo, que haber capturado y soltado una trucha más...


Ferran RUBINSTEIN.

1 comentario:

  1. ¡Como te comprendo Ferrán! Suscribo tus palabras al 100%.

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