"Si, al igual que yo, sois de los que creeis que tenéis poco que enseñar, mucho que aprender y aún más que compartir, éste es vuestro blog".

sábado, 21 de marzo de 2015

JP-735. UNA JORNADA DE PESCA PLÁCIDA Y PREVISIBLE, PESE A LA LLUVIA, ANTES DE UN NUEVO DESASTRE EN NUESTROS RÍOS. Sábado, 21/03/2015




JORNADA DE PESCA Nº 735


Antes de empezar a contaros una nueva edición de mis aventuras fluviales, en este caso de nuevo bajo la lluvia, quisiera aprovechar la ocasión de manifestar el enorme privilegio y aún mayor placer que tuve, en el trascurso de esta jornada, de conocer a dos tan entusiastas como fieles seguidores de este blog, como son Josep Solsona y Cristian Lozano.
Es por gente así, con su inmensa ilusión por pescar, por lo que me siento infinitamente recompensado del esfuerzo de poner en negro sobre blanco mis experiencias a pie de río, y dentro del mismo, casi cada semana.
Espero seguir contando con su presencia, en esta casa común de aquellos pescadores que tenemos poco que enseñar, mucho que aprender y aún más que compartir, y no defraudar las expectativas de diversión e información que han puesto en estas páginas virtuales.


Como suele suceder, no todos los años pero si en muchos de ellos, todo es comenzar la temporada de pesca, llegar la primavera y aproximarse las vacaciones de Semana Santa, que se pone a llover con tan inusitada intensidad como no lo ha hecho en los meses precedentes.
En el caso de este sábado, con la primavera recién estrenada, estaba más que cantado, con la melodía sádica y fatalista que suelen usar los principales servicios meteorológicos del país, que una potente borrasca de levante (de esas que traen lluvias intensas en todo el territorio, y marejada, o incluso mar arbolada, a nuestras costas) iba a mantener en permanente remojo el Principado a lo largo del fin de semana.
Inasequible al desaliento como soy, por lo menos en materia de pesca, he de reconocer que seguí adelante con mis planes, que pasaban por ir a pescar Anglès, en este caso en compañía de mi amigo Jonathan Calvet. Sin embargo, los mismos no tardaron en torcerse: primero, a media semana, mi amigo me confirmó que no podría venir, debido a que tenía que atender unos compromisos familiares imprevistos, y el mismo viernes los partes meteorológicos habían activado las alertas por lluvias intensas, y acumulaciones de agua superiores a 50 l./m2, precisamente en las comarcas gerundenses.
Enterado de la catastrofica previsión, renuncié a volver a "Magic Anglès", y me resigne a pasar una jornada "bastante previsible" en Pedret, eterno refugio de pescadores recalcitrantes en dias en donde las lluvias hacen muy difícil, o incluso imposible, pescar en otros ríos.
Haciendo efectiva la previsión de que llovería intensamente en las comarcas litorales, prelitorales y de las comarcas de Girona, salí de casa de madrugada, rumbo a Cal Rosal, bajo una consistente cortina de agua, que no comenzó a disiparse un poco hasta bien pasado Manresa. A partir de allí, siguió lloviendo; de hecho, lo hizo todo el día, pero por lo menos en El Berguedà la precipitación fue siempre débil, incluso con alguna pausa que otra en la que intentó salir el sol, hasta que, a buenas horas mangas verdes, sobre las tres y media de la tarde dejó de llover.
No debió de llover mucho, ni en el Pirineo Berguedano (caras sur de las Sierras del Cadí y del Moixerò), ni en el resto de la comarca, pues al llegar a Pedret, el Llobregat bajaba con el agua relativamente limpia, incluso más abajo de la salida del Canal Industrial de Berga, con un caudal medio-bajo de tan buen pescar como vadear.     
Como suele suceder en estos días pasados por agua, la pesca en Pedret siempre depende mucho de lo muy machacada que haya quedado la repoblación del jueves, habida cuenta que los viernes pesca muchísima gente en esta zona de pesca controlada, la inmensa mayoría con la modalidad con muerte, máxime cuando en esta época del año no suele mostrarse todavía muy activa la poca trucha fario que aun sobrevive en este coto, siempre y cuando cormoranes y furtivos no la hayan terminado de masacrar del todo durante un largo invierno sin vigilancia. Por cierto, una vigilancia que si hizo acto de presencia este sábado, en forma de pareja de Agents Rurals, que pidieron tickets a la concurrencia, ya que pese a la lluvia habían más pescadores en el río, la inmensa mayoría pescado a spinning o a cebo, de los que hubiera esperado encontrarme. Se nota que aquí se venden muchos tickets (poderoso caballero es Don Dinero), y se nota también que una buena pista, para que circule el todoterreno (no se vaya a romper un palier al vehículodetracción a las cuatro ruedas), va paralela al río en casi toda la longitud del coto.  
Para no variar, el stock de truchas, procedentes de la magra repoblación de solo 150 kgs., había quedado muy mermado, y las supervivientes, asaz escamentadas y asustadas, pusieron muy difícil el hacer una pesca mínimamente productiva, todo y tratarse de un intensivo.
Pero en el fondo, a lo que uno viene a este coto, y en días así, es a intentar pasar un rato agradable, sin calentarse demasiado la cabeza, y a evadirse de preocupaciones cotidianas, que no son pocas. Así que pertrechado lo mejor que pude con mi añejo impermeable Hart, modelo de hace doce años atrás, con mucha lluvia e incluso nieve empapados, fui alternando ratos de pesca con otros de refugiarme en la entrada de los túneles, por los que en su día circuló el ferrocarril de vía estrecha, aprovechando esos ratos de asueto para conversar de un modo breve con otros pescadores, o bien dedicando un rato a ese placer contemplativo que es ver caer la lluvia, sin nada mejor que hacer que esperar un poco para seguir pescando, o por lo menos intentándolo.
La mayor parte de la acción de pesca de la mañana y hasta primera hora de la tarde, fue a ninfa, con combos muy "de intensivo" de dos ¿imitaciones? tales como ninfas rosas, de cabecitas naranjas, o con "pompones", con las que solo conseguí capturar un par de truchas irisadas de tan muñonas aletas como patético aspecto, aparte de recibir otra picada más, esta vez sin captura, de otra trucha similar.
A primera hora de la tarde, cambió un poco la rutina del día, pues en un lugar bastante frecuentado del coto observé alguna que otra ceba aguas abajo de mi posición. Como por un lado seguía lloviendo, y por otro las cebas eran my esporádicas, decidí darle un poco de alegría a la cola de rata haciéndola volar., pero optando por una opción tan conservadora como pescar aguas abajo con un par de moscas ahogadas (butano de teórico "semi-bailarín" y falangista de "rastro").Tras varias picadas tenues, que no logré resolver, al final se clavó en la mosca rojinegra otra trucha, de tamaño muy justito y aletas muñonas. Quizás hubiera sacado algo más de la postura, si no fuera que arreció la lluvia, paró la actividad, y me fui un rato a buscar refugio en la entrada de un túnel, con el fin de aprovechar para orinas, beber una  lata de te con limón y fumar un cigarrillo, todo por este orden.
Pasadas las dos y media de la tarde, mi viejo impermeable dijo ¡basta! y no aguantó más la columna de agua, así que estuve tentado de retirarme a tan temprana hora, ya que tenía ya empapados tanto el forro polar, como el suéter de cuello alto que llevaba debajo de la prenda de lluvia. Por suerte, la temperatura, a lo largo del día, se mantuvo fresca, pero no fría, y esto hizo que pudiera prolongar la jornada más allá del limite que siempre supone el ir con la ropa mojada.
Tras deambular arriba y abajo por el río, buscando una picada a las ninfas, que había vuelto a empatar a mi aparejo, a eso de las tres y media de la tarde paró de llover, y esta vez lo hizo de un modo definitivo. Como también suele suceder en días de pesca así, lo mejor de la jornada vino al final, cuando en una poza, que previamente habían machacado hasta la saciedad un par de pescadores de cebo, empezaron a comer con frenesí en superficie un montón de truchas.
Consciente de que era mi última oportunidad para tocar algo más de escama, pero temiendo que volviese a llover y me viera forzado a cambiarme de ropa haciendo contorsiones dentro del coche, decidí jugarme el todo por el todo intentando pescar esas truchas golosas, ni que fuera dedicándoles una hora escasa, todo y que la ropa mojada me estaba provocando escalofríos.
Para variar, las truchas comían algo que no tenía ni idea de que era, pues eclosión no había ninguna. Posiblemente, se cebaban a emergentes de "algo" que ni llegaba a salir a la superficie. En un principio, las tenté con las moscas ahogadas, pero no hubo respuesta positiva por parte de los peces, así que decidí confiar en presentar, rehaciendo todo el bajo, una emergente generalista, la típica de conjunto con exhuvia de polywing, y machacar con ella la postura hasta la saciedad. 
La táctica, tan desesperada como obsesiva, no dio un resultado como para echar cohetes, pero funcionó de tal manera que en los últimos tres cuartos de hora de la jornada pude capturar dos truchas irisadas más, siendo una de ellas, curiosamente, una buena pieza de un poco más de 35 cms., con las aletas ya bastante bien formadas, por lo que supongo debía llevar algún tiempo en el río. Todo y las capturas, no deja de sorprenderme  que truchas, en un principio tan bisoñas en su nueva vida en libertad, puedan llegar a mostrarse tan selectivas como truchas más veteranas, o incluso nacidas en el mismo río. Lo que si he observado, y no se si vosotros también, es que hablando de truchas repobladas, pican con más franqueza y decisión las pintonas que las irisadas. ¿Estáis de acuerdo?.
La jornada, incómoda y pobre en capturas, terminó al menos con algo de diversión, y volví al coche con la extraña sensación de placidez que da el haber podido, pese a las inclemencias del tiempo, hacer algo que realmente me gusta por lo menos un día a la semana. 
Sin embargo, este "final de partido" feliz, con la suerte de poder cambiarme de ropa en seco, y merendar buñuelos de Cuaresma rellenos de crema en Cal Rosal, iba a ser el preludio de otro desastre ecológico en nuestros ríos, que se produciría apenas veinticuatro horas después.
Las lluvias del fin de semana, las mismas que no me impidieron pescar en el Llobregat, cayeron de un modo torrencial sobre las comarcas de Girona, tal y como habían vaticinado las previsiones, y el desbordamiento de ríos motivó una nueva, descontrolada y desmedida apertura de compuertas de los pantanos de la cuenca media del Ter. Un nuevo "tsunami" fluvial en un río que ya sufrió en Diciembre una riada histórica, con el desbordamiento de la presa de Susqueda, y que ahora, en una mala praxis de los gestores de agua, ha sufrido un "chapapote" de lodo que ha matado miles de peces en el tramo que va desde Anglès hasta Bescanó, y se teme que incluso río más abajo.
Es pronto, todavía en el momento de terminar de escribir este artículo, para evaluar los daños. La Federación Catalana de Pesca y Casting está dispuesta a presentar las oportunas denuncias ante el Seprona (1) y el Juzgado, pero en el momento de terminar de escribir este parte de pesca, todavía se están haciendo las oportunas averiguaciones, muchas de ellas basadas en testimonios, fotos y videos aportados por los pescadores. 
De todas maneras, este es un tema que habremos de seguir en las redes sociales en las próximas horas, y en los siguientes días, y espero que para esta ocasión los pescadores estemos a la altura de las circunstancias, demostrando unidad ante esta nueva agresión a los ríos y a los peces, que tanto queremos y que son parte muy importante de nuestra vida.


(1) Seprona: Servicio de Protección de la  Naturaleza de la Guardia Civil.   



JORNADA DE PESCA Nº 735

Sábado, 21 de marzo de 2015

Temporada 2014 - 2015 - Nº 16
Temporada de Salmónidos 2015 - Nº 2

Coto Intensivo del Pedret S. M. LL03B
Modalidad del permiso: sin muerte
Río Llobregat

Pescador:
Ferran RUBINSTEIN

Capturas:  2 truchas arco-iris a mosca seca, 2 truchas arco-iris a ninfa y 1 trucha arco-iris con mosca ahogada.

Equipo de pesca a mosca:
Caña: Vision GT-four - 9 pies - línea 5
Línea: Adams 5 WF- Flotante
Carrete: Sage 4405

Climatología: lluvia persistente y continua, entre moderada y débil, a lo largo de la jornada, con baja temperatura.

Caudal: medio-bajo.

Condiciones de vadeo: vadeable sin dificultad, aunque es recomendable el uso del bastón de vadeo.

Hora de inicio de la jornada: 09,15 h.
Hora de finalización de la jornada: 16,30 h.

La música de hoy:

Viaje de ida:

Sinfonía nº 6
"Una Fiesta Eslava"

Alexander Glazunov

Viaje de vuelta:

Concierto para piano y orquesta en "LA" bemol mayor "Saludo del Rin"
Concierto para piano y orquesta en "DO" mayor

Ferdinand Ries

Líneas Tensas!


Ferran RUBINSTEIN.

miércoles, 18 de marzo de 2015

CARLES VIVÉ, GUIA DE PESCA RECOMENDADO POR RUBINSTEINFISHING.





Apreciados lectores y seguidores:

Me complace recomendaros, desde este nuestro blog, los servicios como guia de pesca, e instructor de lance en pesca a mosca, de mi amigo, y colaborador de este blog, Carles Vivé.
Carles es un guia titulado, que pone a vuestro servicio sus conocimientos sobre pesca, y en especialmente en materia de pesca a mosca, adquiridos a lo largo de más de treinta años de experiencia.
Podéis contactar con el, visitando su recién estrenada página web.

www.carlesvive.com

Espero que sus servicios sean de vuestro agrado.
Líneas Tensas!


Ferran RUBINSTEIN

sábado, 14 de marzo de 2015

JP-734. UNA APERTURA DE TEMPORADA EN RIPOLL, CON SOL, LLUVIA, NIEVE Y POCAS TRUCHAS. Sábado, 14/03/2015.

Bienvenidos a la Temporada de Salmónidos 2015. Esta trucha fario "king-size", del coto de Ripoll-Campdevànol ha sido mi primera captura de la recién inaugurada temporada, en una jornada en la que la climatología totalmente adversa fue la protagonista casi absoluta del día, ya que las capturas escasearon.   

Los pescadores que optamos por inaugurar la temporada en Ripoll al menos tuvimos la opción de aprovechar el día, cosa que no pudieron hacer otros según en que parte de la cordillera pirenaica se hallasen. Eso si, tuvimos que afrontar a lo largo del día varios episodios de aguanieve, hasta que a media tarde empezó a nevar con fuerza.

De vuelta al coche, tras dar por finalizada la jornada de pesca, aproveché para tomar esta instantánea del río Ter, a su paso por Ripoll, en la que se ve un cielo gris claro de los que presagian nieve. Efectivamente, no tardó ni diez minutos en ponerse a nevar intensamente, cosa la cual conllevo un aciago viaje de vuelta a casa.  


JORNADA DE PESCA Nº 734

La Temporada de Salmónidos 2015 ya está aquí, y este año la protagonista absoluta del sábado en que se inauguró la misma, ha sido la meteorología totalmente adversa a los intereses de los pescadores, que ha condicionado, en la mayor parte del Principado, no tan solo la acción de pesca y sus resultados, sino incluso el hecho mismo de poder pescar.
Tras casi tres semanas seguidas de una primavera anticipada, de ausencia de lluvias y de mercurios incluso estivales en las horas centrales del día, el invierno ha regresado de súbito, apareciendo por sorpresa de la nada en la que ya lo habíamos desterrado, y precisamente en el día tan esperado por tantos pescadores, el de la desveda de la trucha, ha asestado una puñalada trapera, a traición, a las ilusiones de gran parte del colectivo.
Pena, frustración, impotencia...en fin, sentimientos lógicos ante el inconveniente de que en que uno de los días más esperados del año haya llovido, pero sobre todo nevado, incluso en cotas más bajas de 400 metros, en gran parte de nuestra Comunidad Autónoma.
No se puede decir que la previsiones meteorológicas, sobre todo las más mediáticas, fallaran. Muy al contrario, esta vez acertaron de pleno. Pero no por esto se puede culpar a los pescadores, o por lo menos a gran parte de ellos, por no resignarse a quedarse en casa y a esperar que mejorase el tiempo, pues este, el de la desveda, es un día que genera mucha ilusión, y cuesta renunciar a algo que se espera durante largo tiempo, y que viene a ser como el Día de Reyes para los niños, por poner un ejemplo.
Este año, he tenido el placer de compartir jornada inaugural con mi amigo Dmitriy Girshin, un muy experimentado pescador de lance ligero ruso con quien, a lo largo de este último año, hemos formado una pequeña joint venture de pesca mixta mosca-lance ligero denominada "Forel Kommando" (1), de cuyas aventuras os he ido hablando en algunos artículos de este, nuestro blog.
Hacía tiempo que Dmitriy y yo teníamos claro que el día de la apertura iríamos a pescar a Ripoll, y las muy negativas previsiones del tiempo no nos echaron para atrás. Al fin y al cabo, nosotros pescamos todo el año, y no cesamos nuestra actividad ni en el más duro de los inviernos, por frío que pasemos, poco que pesquemos, o bolos que nos llevemos: para nosotros, el concepto "temporada" hace muchísimo tiempo que no existe, y menos aún en un país como el nuestro, en donde puedes seguir pescando truchas más allá del final de la temporada, bien sea en cotos intensivos, o en zonas libres sin muerte.
Como he dicho desde un principio, la borrasca y las bajas temperaturas fueron las protagonistas del día, todo y que, por suerte para Dmitriy y para mi, las truchas también tuvieron su cuota de protagonismo;.no mucha, pero la tuvieron. Diríamos que fueron más bien actores secundarios, casi figurantes, de la función.
Nada más llegar a Ripoll, ya nos sorprendió que la nieve cubriera las montañas de sus cercanías: el Taga, la Serra Cavallera e incluso la más baja serranía de Sant Amanç estaban cubiertos de una abundante capa de nieve reciente, caída la noche anterior. Curiosamente, mientras desayunábamos una ensaimada rellena de nata, en una céntrica pastelería, el tiempo empezó a mejorar, y a la hora en que comenzábamos nuestra acción de pesca, sobre las nueve de la mañana, lucía un estupendo Astro Rey, que se había impuesto a un desordenado tropel de oscuros nubarrones, puestos a la fuga, y que hizo, por un rato, subir el termómetro un poco, todo y que la máxima temperatura que se alcanzó, a lo largo del día, fueron solo 6º C. Antes del mediodía, las nubes volvían a cubrir casi 6/8 del firmamento diurno, y hubo un amago de granizada, apenas aguanieve, de breve duración. A primera hora de la tarde, se oyeron truenos hacia el sur y hubo un intervalo de precipitación en forma de aguanieve que duró aproximadamente una hora, y que hizo bajar aún más la temperatura, Nada más finalizar la jornada, de vuelta al coche, comenzó a nevar con fuerza, con gruesos copos.
Respecto al caudal de los ríos, tanto el Freser como el Ter, ambos nos los encontramos con un caudal medio-bajo muy apto tanto para la pesca, como para el vadeo. La tormenta de la noche anterior había sido en forma de nieve, y eso unido a las bajas temperaturas, evitó que bajase un auténtico aluvión de agua río abajo. El Freser bajaba limpio, pero el Ter, especialmente de la salida de aguas de la Font Viva hacia abajo, fluía con mucha materia en suspensión, adoptando el río un color entre marrón y verdoso.
Las riadas del pasado mes de Diciembre también han dejado su huella de devastación en Ripoll, y especialmente en el río Ter,  cuyas orillas, a su paso por la ciudad, han quedado desbrozadas y deforestadas. Quizás, la parte del Freser la noté menos afectada. Sinceramente, esperaba encontrarme con algo más dantesco, más en la linea de lo que he visto en mis últimas visitas a la cuenca media del Ter. Esta claro que la riada fue muy grande en el Ripollés, pero tanto el Freser como el Ter han causado avenidas así con cierta frecuencia, mientras que aguas abajo del pantano de Susqueda el volumen de agua, con el desbordamiento de la presa, llegó a multiplicar por diez el caudal que pudiera bajar por Ripoll.     
Bueno, vamos, por fin, a la esperada por los lectores acción de pesca. Para la ocasión, Dmitriy decidió no pagar ticket, y pescar con sus cucharillas de un solo anzuelo sin muerte, la zona libre del Ter. Por mi parte, el objetivo era pescar por la mañana los dominios del antiguo coto sin muerte "Font Viva", tanto en el Ter, como en el Freser, y por la tarde subir a pescar parte del antiguo coto tradicional de Ordina, en el Freser.
Todo y que Dmitriy no se cruzó con ningún otro pescador (quizás porque estuvo pescando en la zona libre), yo si que me crucé con unos cuantos (la mayoría de ellos por la tarde), cosa muy lógica en un día de apertura de la temporada. Llegué a contar hasta ocho pescadores, todos mosqueros, y repartidos a lo largo del antiguo coto de Ordina. A algunos de ellos les vi tanto más arriba de la salida del canal de la hidroeléctrica, como en las corrientes que hay cerca de la comisaría de los Mossos d´Esquadra (2).
Dejando aparte la meteorología, ya se de sobras lo que es la jornada inaugural de la temporada en la zona pirenáica, todo y que Ripoll sea la puerta de entrada de la misma: agua muy fría, y truchas apáticas y poco activas, así que el objetivo principal del día era, por mi parte, salvar el bolo con la mayor dignidad posible, y la única manera en que se me ocurrió intentar evitarlo fue aplicar unas buenas dosis de humildad y conservadurismo. Humildad, para no creer que en un día tan difícil, como el de ayer, tengo recursos "casi mágicos" para hacer que las truchas salgan de su letargo para, por ejemplo, picar a un señuelo mágico recién salido de mi torno de montaje. Y conservadurismo para no intentar "experimentos con gaseosa", y ceñirme a apuestas seguras en vez de perder el tiempo en cosas fuera de lugar como, por ejemplo, batir corrientes vivas con tricópteros, con el agua y el ambiente tan fríos.
Así pues, me propuse buscar los peces en sus refugios de confort, o sea pozas y como mucho corrientes moderadas de un cierto calado, y hacerlo con un buen par de ninfas "contundentes", que profundizasen bien y que pusieran en los mismos morros del pez un menú suculento. O sea, un par de pheasant tails, más conservadoras ellas que la misma Margareth Thatcher (3), con una buena cabeza metálica encomendada a San Tungsteno Glorioso, rascando piedra y verdín, y dragando el lecho del río si hace falta.                       
Por esta vez, el conservadurismo y la falta de imaginación, mis grandes defectos como pescador, tuvieron premio, la verdad es que una gran recompensa, pues cuando no llevaba ni un cuarto de hora de acción de pesca, prospectando con lentitud la entrada de corriente a una poza, recibí una brutal picada que conllevó una pelea (menos larga de lo que esperaba, todo sea dicho), y que terminó con la captura de la primera trucha de la presente temporada: una gran fario de algo más de 50 cms. Espero que la captura, y suelta, de este truchón sea un presagio de una buena temporada.
No habían pasado ni veinte minutos, cuando en unas corrientes de poca velocidad, con cierta profundidad, tuve otra picada, y tras una pelea curiosamente un poco más combatida que la anterior, capturé otra estupenda fario, esta un tanto menor, todo y que muy buena pieza, pues pasaba largo de los 30 cms.
Me las prometía muy felices, en un día de apertura de temporada "de cine", pero la cosa terminó allí: a lo largo de casi siete largas horas más no tuve ni una sola picada, y aún menos llegué a ver ni una sola ceba, cosa bastante normal en un día en el que no hubieron eclosiones. Como mucho, lo máximo que observé fue el vuelo de unas muy pocas Baetis Muticus, o eso creo que era esa efémera  pequeña, de color paja desvaída, a primera hora de la tarde, justo después de dejar de caer aguanieve.
Por lo que respecta a Dmitriy, supongo que su parte de aventuras las contará en su blog en ruso "A spinning por España", pero así a grosso modo, solo contaros que para el fue uno de los días de pesca más desesperantemente aburridos en muchos años, ya que estuvo sin tener ni una picada y rozando el bolo hasta casi el final de la jornada cuando, de vuelta al coche y tras haberse dado una auténtica paliza de andar remontando río, capturó "contra pronóstico" y en el mismo casco urbano, en las turbias aguas de la salida del canal de la "Font Viva", un enorme macho de fario de colosales dimensiones, cercanas a los 60 cms. Acto seguido, y batiendo la misma zona, tuvo otra picada más, de algún pez que se le soltó enseguida y no llegó ni a ver. Por desgracia, cuando creía que había encontrado la "zona caliente", se le enredó la cucharilla y el hilo en un zarzal, y desenredando el aparejo estaba cuando le encontré, se puso a nevar un poco, y ya nevaba mucho cuando ni diez minutos después llegábamos al coche.
Pero las aventuras de este día, no terminaron con desmontar la caña. Era tal la fuerte nevada que caía, que de ninguna manera podíamos cambiarnos de ropa a la intemperie, y con los atavíos de pescador, botas y vadeadores mojados incluidos, nos iba a ser muy incómodo merendar en cualquier bar mientras esperábamos a que pasase la tormenta de nieve. Esto, unido al temor de que pudieran cortar la carretera, nos hizo tomar la decisión de marchar de Ripoll a la voz de ¡ya!.
Siguió nevando hasta La Farga de Bebié, todo y que a partir de la salida sur de Ripoll la intensidad de la misma se había debilitado un poco. Al llegar a la sub-comarca del Voltreganés incluso se abrieron claros de sol, y por fin pudimos cambiarnos de ropa, junto al río, cerca del Santuario de La Gleva. Una vez cambiados, proseguimos viaje, entrando de nuevo en los dominios de los cielos grises y del aguanieve. ¡Vaya sorpresa! en dirección hacia la costa también había nevado, y tanto el Montseny, como los Cingles de Bertí estaban cubiertos de nieve, más incluso de lo que haya podido caer a lo largo de este invierno pronto a acabar.   
Fue una pena no habernos podido quedar a merendar en Ripoll, pues es ciudad de muy buenas pastelerías. Sin embargo, un día de aventuras y tensión de líneas del "Forel Kommando" siempre debe celebrarse, y eso hicimos a base de unos castizos churros, que compramos en Aiguafreda, en donde, al final, paramos a merendar.



(1) en ruso, Comando Fario.
(2) Policía Autonómica de Catalunya.
(3) Primera Ministra del Reino Unido, del Partido Conservador, desde finales de los años 70 hasta principios de los 90. Responsable de la Guerra de las Malvinas, de la privatización de servicios básicos como la Sanidad, los Ferrocarriles o Correos y de enviar al paro a cerca de una cuarta parte de la población activa de la Gran Bretaña, liquidando sectores tan vitales como el siderúrgico, desastre de lo cuales su país ha tardado largo tiempo en reponerse. Por cierto, también fue amiga personal de genocidas como el nefasto dictador chileno Augusto Pinochet. Todo un angelito esta tal Doña Margaret.
    
      
Fue una pena no podernos quedar a merendar en Ripoll. Por suerte, por la mañana bien temprano ya habíamos disfrutado de unas suculentas ensaimadas rellenas de nata, en la pastelería Costa, frente al Monasterio.



                                                                                                                                                                    JORNADA DE PESCA Nº 734  

Sábado, 14 de marzo de 2015
Inauguración de la Temporada de Salmónidos 2015

Temporada 2014 - 2015 - Nº 15
Temporada de Samónidos 2015 - Nº 1

Coto de Ripoll Campdevànol TE09B y zona libre sin muerte de Ripoll ZLLSM-TE09
Ríos Ter y Freser                                                  

Pescadores::

Dmitriy Girshin
Ferran RUBINSTEIN

Capturas:

Dmitriy Grishin: 1 trucha  fario con cucharilla (zona libre sin muerte, río Ter).
Ferran RUBINSTEIN: 2 truchas fario a ninfa (coto sin muerte, río Freser)

Equipo de pesca a mosca (solo Ferran RUBINSTEIN):
Caña: Vision GT four - 9 pies - línea 5
Línea. Adams 5 WF - Flotante
Carrete: Sage 4405

Climatología:
Extrema variabilidad con temperatura muy baja: sol, nubes, lluvia y nevada intensa al final de la jornada.

Caudal: medio-bajo.
Condiciones de vadeo: sin dificultad, pero aconsejable el uso del bastón de vadeo.

Hora de inicio de la jornada: 09,00 h.
Hora de finalización de la jornada: 16,30 h.

La música de hoy:

Como en otros viajes con amigos pescadores, en los desplazamientos de ida y vuelta de esta jornada, que he compartido con mi amigo Dmitriy Girshin,  no ha habido audiciones de música clásica, todo y que como fondo musical a nuestras conversaciones hemos escuchado obras de Alexander Glazunov, Joachim Raff y Joseph Gabriel Rheimberger.

Líneas Tensas!


Ferran RUBINSTEIN.





lunes, 23 de febrero de 2015

JP-733. TAL Y COMO SUELE SUCEDER EN LA VIDA: POCO PREMIO PARA TANTA VOLUNTAD. Sábado, 21/02/2015


Tarde gris tras una mañana y un mediodía de lluvia. Peces que no pican en un río que no se deja leer.  Horas de lances mecánicos y apáticos. Cuatro truchas que, en algún rincón y de un modo esporádico comen algo que no está en tu caja de moscas... Hay días en los que, de poder elegir, mejor dedicarse a otra cosa que a pescar. El problema está para los  que no podemos elegir, y que hemos de aprovechar las escasas ocasiones que se nos presentan para practicar nuestra afición favorita. En días así, una sola trucha ya es recompensa suficiente, pero los más perseverantes continuaremos metidos en el río hasta el final de la jornada, sino con fe, si que por lo menos con la esperanza de que a las cinco de la tarde abran la pastelería del pueblo más cercano para ir a merendar.  




JORNADA DE PESCA Nº 733

Nota preliminar. como en otras ocasiones en que se pescan zonas libres sin muerte, en las que todo y estar fuera de zonas trucheras hay presencia de truchas, se omite en este artículo la localización exacta de los escenarios pescados, con miras tanto a incentivar a los otros pescadores a que exploren las mismas y saquen sus propias conclusiones, como para evitar que una información sensible, en lo que respecta a peces de alto valor deportivo, pueda ser objeto de mal uso por colectivos fuera de la legalidad.


A menudo, ya suele suceder en la vida que hay veces que por más voluntad que pongamos en algo, por más esfuerzos y energías que gastemos en la consecución de un objetivo, las recompensas obtenidas a cambio son escasas o incluso nulas. A veces, no todas pero si con frecuencia, esto se debe a que, obnubilados por la pasión por lo que queremos hacer, no atendemos a razones ni hacemos caso del sentido común que, al fin y a la postre, suele ser el menos común de los sentidos.
Algo así es lo que me sucedió en esta jornada de pesca, en un sábado gris y lluvioso de febrero, en la zona libre del Ter: recibí una muy escasa recompensa, en forma de una sola trucha fario, a cambio de un día lleno de contrariedades e infortunios.    
De hecho, los contratiempos comenzaron bastante antes de llegar al río, e incluso de ponerme de camino al mismo. La tarde del día anterior, o sea viernes, comencé a sentirme indispuesto, presa de un fuerte dolor de cabeza y de calambres musculares. Esa misma noche, tras un buen "chute" de ácido acetilsalicílico, sudé la gota gorda, empapando sábanas y pijamas en lo que parecía ser el combate del cuerpo contra un virus.
Pero sonó el despertador, a la habitual hora temprana, negra noche todavía, a la que los sábados me levanto para ir a pescar, y pese a hallarme cocido en mi propio sudor, y de no haber dormido ni un par de horas de un modo decente (las otras horas fueron un duermevela repleto de pesadillas), mi mente, clamando por su magra ración de pesca semanal, se impuso a un cuerpo derrengado y exhausto, y tras una rapidísima ducha y otra aspirina, me puse rumbo al río. La verdad es que, pese a todo, el madrugón y una buena dosis de cafeína hicieron que, a priori, me encontrase mejor que la noche anterior... o esa sensación me dió.
Gran parte de la energía que saqué de donde  no la había, reconozco que vino de la rabia que sentía porque para mi (siempre mas que deseado, ansiado) día de pesca, la previsión del tiempo era de lluvia, debido al paso de un frente que ¡mirad por donde!, no tenía otro día mejor que pasar, tras una semana de bonanza, que precisamente el sábado.   
De camino a las comarcas centrales gerundenses, ya que mi objetivo era el de pescar la zona libre del Ter, la alborada ya reveló, con su luz cenicienta y su cielo gris, que la previsión del tiempo iba a acertar. Para evitar males mayores, en forma de remojón, opté por enfundarme con el chubasquero a la hora de cambiarme de ropa.    
De nuevo, volví a la "zona cero" de las riadas del pasado mes de Diciembre, cuyo efecto se multiplicó por el desbordamiento de la presa del pantano de Susqueda. En esta ocasión, y a diferencia del tramo del río en que pesqué durante mi última visita, a finales de enero, los efectos del "tsunami fluvial" me parecieron menos graves en el sector en que estuve en esta jornada, o por lo menos vi bastantes me nos árboles derribados y cruzados en el río. Otra cosa, es la fuerte erosión de las orillas, que encontré muy acentuada. 
Pese a lo encapotado del cielo, y al elevado grado de humedad, todavía no llovía cuando un poco antes de las diez de la mañana llegué a pie de río; de un Ter con un caudal bajito, de los que garantizan un cómodo vadeo, y con un agua tan limpia que invita a pescar. 
Por un momento, el día parecía augurar algo bueno, y así fue a lo largo de la primera media hora larga de pesca, cuando pescando a ninfa en unas corrientes clavé la que sería primera y única trucha del día, gracias a un perdigón de color rojo chillón, que estaba haciendo derivar junto con una bolita de señalizador de picada. Y aquí terminaron todas las alegrías, pues mientras la manipulaba para hacerle la foto de rigor, se me escurrió de las manos y cayó al río sin llegar a ser inmortalizada y expuesta en la cabecera de este artículo.
En un principio, no le dí demasiada importancia al incidente, pues estaba seguro, en ese momento, de que ya habría ocasión de pescar algún que otro pez más. Sin embargo, a eso de las diez y media comenzó a llover, y a partir de allí todo cambió. 
Al principio, la lluvia era débil, y salvo algún pequeño repunte al alza, la precipitación no pasó de moderada. Todo y así, viendo que no picaban y que me estaba mojando inútilmente, fui a buscar refugio entre la espesa fronda, en donde apenas se notaban los efectos de la lluvia.
Sobre las doce y media, paró de llover y volví al río caña en ristre. El día había quedado gris y húmedo, pero al menos la ausencia de lluvia hacía el paseo fluvial menos incómodo. 
Ante la ausencia de actividad por arriba, seguí prospectando el río a ninfa, probando perdigones y ninfas clásicas a diferentes profundidades, hasta que la acción de pesca se fue convirtiendo, con el paso de las largas horas sin picadas, en algo mecánico y repetitivo, y finalmente llegó el temido momento en el que el río "se cerró", o sea perdí toda lectura del mismo, al que comencé a ver como una masa informe de agua.
En estas largas horas de inactividad, hasta las dos de la tarde mas o menos, lo único que rompió la monotonía fueron mis desventuras, en forma de dos tropezones con las rocas húmedas de la orilla, gracias a los cuales me dí un par de buenos golpes, uno en las posaderas y otro en la rodilla derecha. Esta visto que cuando se pierde la concentración pescando, se termina perdiendo toda concentración, y esto es peligroso, pues el día menos pensado puedo lesionarme en serio, y encontrarme en serios apuros estando lejos del coche.
A las dos de la tarde, tras una pausa para tomarme uno de mis sempiternos tes con limón y fumarme un par de cigarrillos, me puse a andar río arriba sin pescar, mirando ya de buscar truchas activas en superficie, en aras de no desgastarme más con una acción de pesca a ninfa que se estaba demostrando totalmente infructuosa. 
El paseo conllevó un cambio de zona que surtió resultado, y en unas aguas casi paradas encontré ¡por fin! indicios de actividad, pero de una actividad en superficie de esas que te hacen arrugar la nariz de pura desconfianza... pues se trataba de los tenues circulitos, muy esporádicos, de un grupo reducido de truchas que estaban comiendo emergentes. De hecho, había una eclosión, aparentemente muy escasa, de ignitas, pero no pude determinar bien si es que era escasa en si, o era que las truchas ya las comían en estado emergente y no llegaba a la superficie ni una pequeña parte de la eclosión.
Como estaba totalmente ansioso con el hallazgo, me puse a lanzarles emergentes y adultas como un poseso, con total precipitación y sin rectificar el bajo que llevaba para ninfa, de tal manera que los peces no hicieron ni caso de mis imitaciones.
La verdad es que la caña que llevaba, la Scott A2 de 10 pies para linea 6, tampoco es que sea un dechado perfección para pescar fino a seca, pero reconozco que otras veces bien me ha servido para salir airoso de desafíos incluso más complicados. Sin embargo, en esta ocasión, más que la caña fue el pescador el que no estuvo a la altura de las circunstancias, pues todo y que rehice como pude el tramo final del bajo, las presentaciones siguieron siendo de p... pena. En un par de ocasiones, escuché un extraño chapoteo a mi espalda: era mi mosca, que golpeaba el agua tras una parada trasera infame. Finalmente, la gota que colmó el vaso fue el impacto de la mosca en mi caña, provocado no ya por un brazo extendido en un angulo absurdamente abierto, sino también por un incontrolable temblor de la muñeca, y es que estaba tiritando de frío al llevar tanto rato metido en el agua, a la altura de la cintura. Había entrado en la postura poco después de las dos, y ¡ya eran las tres y cuarto de la tarde!. Además, me estaba casi orinando encima así que ¡tocaba tirar la toalla!.
Vadeando camino de la orilla, noté algo raro, algo así como una pérdida de presión alrededor de la cintura, y es que se me había caído al agua mi vieja faja lumbar, que ya tiene el velcro totalmente desgastado. Así que aguantando el pis como pude, y haciendo de tripas corazón, volví sobre mis pasos para buscarla, pues la casi nula corriente apenas si la había desplazado un metro de donde había estado pescado. Esta vez tuve suerte, y la puede recuperar, pero la alegría por  la no pérdida duró poco: agobiado por las ganas de hacer pis, decidí atajar recto hacia la orilla, y al llegar a otra posición, que no era por donde había entrado, el talud estaba completamente embarrado, así que dí un buen traspiés intentando salir del agua y me empotré de bruces contra el barro...¡Vaya día!.
Satisfechas las necesidades fisiológicas, y fumado un cigarrillo como medida urgente anti-stress, me fui con viento fresco con la intención de dar por acabada una jornada de pesca con tantas desventuras, pero de camino hacia el coche, casi un kilómetro de río más arriba, y en unas corrientes de moderada velocidad, comencé a ver cebas de las que hacen concebir esperanzas, o sea de esas de gran círculo, de las que "se ven bocas", de las que incluso hacen ¡plof!.
Esta vez intenté concentrarme más, rehacer el bajo de linea de un modo más decente, pero ya puesto en acción de pesca todo resultó inútil, pues no hicieron ni caso de mis moscas. Todo y que era evidente de que estaban comiendo rhodanis, ni la imitación de esta mosca, ni la de su estadio emergente surtieron efecto, y acabé realmente desquiciado probando incluso de pescar largo con microninfa, o con un tándem de imtación de rhodani y pequeña ninfa sin apenas peso.
A las cinco y cuarto de la tarde llegaba al coche completamente agotado, tanto física como psicológicamente. Una trucha despistada había salvado el bolo, pero el día había sido realmente de los que son para olvidar. Poco antes de abandonar el río, había echado un vistazo a un enorme parado de agua, cuya imagen me pareció la viva imagen de la apatía. Adiós y hasta la próxima, que espero sea pronto. Marcho del río en una tarde gris, tras una mañana y un mediodía de lluvia. Peces que no pican en un río que no se deja leer. Horas de lances mecánicos y carentes de intención. Cuatro truchas que, en algún rincón. y de un modo esporádico, comen algo cuya imitación no está, ni por asomo, en tu caja de moscas... Hay días en los que, de poder elegir, mejor dedicarse a otra cosa que a pescar. El problema está para los que no podemos elegir, y que hemos de aprovechar las escasas ocasiones que se nos presentan para practicar nuestra afición favorita. En días así, una sola trucha ya es recompensa suficiente, pero los más perseverantes (o los más chiflados, es de justicia reconocerlo) continuaremos metidos en remojo en el río hasta el final de la jornada, por desventuras que nos acontezcan, sino con fe, si que por lo menos con la esperanza de que lleguen las cinco de la tarde y abran la pastelería del pueblo mas cercano, para ir a merendar.                       


JORNADA DE PESCA Nº 733

Temporada 2014 - 2015 - Nº 14

Zona libre del Ter
Río Ter

Pescador:
Ferran RUBINSTEIN

Capturas:
1 trucha fario a ninfa

Climatología: mañana, tiempo nublado y lluvioso con temperatura templada; tarde nublada sin oscilaciones de temperatura.

Caudal: bajo

Condiciones de vadeo: sin dificultad, pero con la ayuda del bastón de vadeo por lo resbaladizo de las rocas, debida la acumulación de algas.

Hora de inicio de la jornada: 09,45 h.
Hora de finalización de la jornada: 17,00 h.

Las música de hoy:

Viaje de ida:

Sinfonía nº 8
Obertura Solemne
Alexander Glazunov

Obertura-Concierto en "FA" mayor
Joachim Raff

Viaje de vuelta:

Concierto para piano y orquesta nº 3
Concierto para piano y orquesta nº 4
Anton Rubinstein

Danzas de Galánta
Zoltan Kodály

Líneas Tensas!



Ferran RUBINSTEIN


  

sábado, 14 de febrero de 2015

JP-732. LAS CARPAS DEL LLOBREGAT CELEBRAN SU RÚA DE CARNAVAL NO MUY LEJOS DE MI CASA. Sábado, 14/02/2015


La relativamente corta jornada de pesca del fin de semana de Carnaval y San Valentín, ha estado exclusivamente dedicada a la pesca de ciprínidos a mosca, en una zona libre sin muerte muy cercana a mi casa. 



JORNADA DE PESCA Nº 732


Nota preliminar: de nuevo, una jornada de pesca discurre en una zona libre sin muerte, en este caso del Llobregat. En el caso que nos ocupa, no hay presencia de salmónidos en latitudes tan bajas de este  río, concretamente entre la desembocadura del mismo y Martorell, pero si que hay abundancia de ciprínidos, y debido a que estos son objeto de pesca ilegal, con muerte y posterior ingesta de los ejemplares sacrificados, por parte de colectivos de pescadores furtivos, sobre todo de aquellos que en sus países de origen esta especie de peces son considerados un auténtico manjar, obviaré entrar demasiado en detalle acerca de los escenarios en los que he estado pescando, con el fin de que la información contenida en este artículo no sea objeto de mal uso..


Los caprichos del calendario han querido que, este año en concreto, coincidiesen San Valentín y el Carnaval. Ambas fechas, la primera fija, y la otra móvil, suelen marcar el inicio de la recta final del invierno, que culminará con la tan ansiada desveda de la trucha poco antes de San José. Todo y que por estas fechas hay días que auguran la primavera que está por venir, no fue este el caso de este sábado, por lo menos en las cercanías de Barcelona capital, en donde un cielo gris y plomizo nos ha recordado que el invierno está todavía bien vivo. Por suerte, no llovió, ni durante la jornada de pesca, ni tampoco durante las rúas de Carnaval, y la temperatura tampoco fue rigurosamente baja, lo que permitió a muchos lucir disfraces ligeros de ropa sin gran riesgo de pillar un catarro.
Como cada año, había prometido a mi hija llevarla a la rúa de Carnaval del distrito, así que en un principio había descartado en mi agenda este sábado como hábil para la pesca. Sin embargo, debido a que susodicho evento no comenzaba hasta las cinco de la tarde, y el punto de inicio del mismo era al lado mismo de mi domicilio, aproveché la circunstancia de tener tiempo libre, hasta las tres y media de la tarde, para retomar otro de mis proyectos que siempre dejo para mejor ocasión: el de ir a pescar ciprínidos a mosca.
Esta premura de tiempo, habida cuenta que tenía que estar de vuelta a casa a una hora inusualmente temprana, me hizo desistir de ir a probar suerte con los ciprínidos de ríos lejanos de los que tenía muy buenas referencias, y finalmente probé suerte en un sitio en donde nunca hasta ahora había intentado este tipo de aventuras de pesca, todo y tenerlo a escasos kilómetros de mi casa, o sea en el tramo bajo del río Llobregat, que desde su desembocadura, en el Prat de Llobregat, y hasta Martorell es considerado zona libre sin muerte.
De un modo inconsciente, y sobre todo apriorístico, muchos pescadores del area metropolitana de Barcelona desdeñan pescar en este tramo bajo del Llobregat, debido a que tiene fama de estar "lleno de mierda" y ser poco menos que una cloaca al aire libre. Quizás esto fue verdad en el pasado, pero hace ya muchos años que gracias a las depuradoras y a un mayor celo medioambiental, las aguas de este río a su paso por el Baix Llobregat están mucho más limpias, y desde mediados de los años 90 la vida de aves, peces y anfibios ha vuelto a lo que había sido un río prácticamente muerto.
Otra cosa, es que el entorno no sea precisamente de "reportaje de National Geographic". Cierto es que aquí, en plena area metropolintana, el río discurre flanqueado por infraestructura viarias de gran envergadura, tales como la autovía A-2, la autopista B-23 o la mismísima vía del AVE, pero no es menos cierto que también aquí el río es de considerables dimensiones, con una gran lámina de agua incluso en los meses de menores precipitaciones, y que además el entorno de las orillas está cada vez más recuperado para el ocio de los ciudadanos, en forma de senderos y pistas para la práctica de actividades deportivas tales como senderismo, footing o bicicleta de montaña. Como pescador preferentemente de truchas, ya os puedo decir que he pescado en cotos urbanos y suburbanos, en muchos pueblos del Pirineo, en que uno tiene más la sensación de estar "pescando en medio de la calle" mucho más que en el suburbano tramo bajo del Llobregat. Además, y aunque suene simplista decirlo "un río es un río", y por poco que uno se concentre en la acción de pesca, verá que pronto se aísla de si pasan coches o pasan trenes... y si los peces pican, bien rápido se le pasan a uno las manías con el entorno.
Además, la ocasión la pintaban calva, pues es precisamente en estos meses de anticiclón invernal cuando, debido a la ausencia de precipitaciones continuadas y torrenciales precisamente el río baja con el agua más clara, y con el caudal más bajo y apto para un vadeo sin riesgos.
Acostumbrado a mis manías y rituales, en esta ocasión tuve que adaptarme a cambios bastante inevitables. Dado la cercanía de mi destino de pesca, me escapé del habitual madrugón, e incluso desayuné en casa. Tampoco hubo tiempo para la música clásica, pues en realidad es más o menos por donde comencé a pescar el punto en donde, cuando salgo de Barcelona por la Diagonal, justo comienzo a escuchar música, tras haber estado pendiente de los partes del tiempo y del tráfico en la radio. Hubiera podido empezar a escuchar alguna sinfonía o algún concierto de mis queridos compositores, pero preferí no dejarla inacabada, pues de hecho el viaje no daba ni para concluir apenas una obertura o un preludio..
Fijado el objetivo de estar a las diez ya a pie de río, ya que en esta época el año es bastante poco productivo ponerse a la faena demasiado temprano, me llamó poderosamente la atención que el cuentakilómetros de mi coche marcase menos de 15 kilómetros, mas de tres cuartas partes de los mismos recorridos por vía rápida,  al llegar a mi destino: el aparcamiento de un centro comercial de una de las populosas localidades ribereñas, en donde dejar el coche en lugar seguro, pagando el precio de dar el "espectáculo", por cierto muy inusual por estos pagos. de cambiarse de ropa en medio de la clientela que accede a hacer sus compras. Por suerte, aún no eran ni las nueve y media de la mañana, y había tardado un poco menos de veinte minutos en llegar desde mi casa.    
Dicho y hecho, a las diez de la mañana ya estaba haciendo la primera varada del día, equipado en esta ocasión, en previsión de peleas con peces muy poderosos, con la caña más potente que tengo, que no es otra que mi último "autoregalo" de Reyes, mi flamante Adams de 9 pies para línea 8, adquirida a mi buen amigo Dani Riverboy; toda una demostración de "artillería pesada" para un día de pesca cuyo objetivo eran peces de gran tamaño y potencia. Aquí he de decir que la susodicha caña, junto con el carrete Adams con freno regulable  y la línea 8 WF de la misma marca se comportaron muy bien, cumpliendo e incluso superando las expectativas que en ese equipo había puesto.
Todo y que la jornada tenía que ser forzosamente corta, y el tiempo no me sobraba, dediqué una buena hora en lanzar streamers de diversos tamaños con la poderosa Adams, y en ningún momento se quedó corta. Lástima que no domine el lance de doble tracción, más que nada porque nunca me he visto en la necesidad de practicarlo, porque estoy seguro de que con este técnica, y la solvencia de la caña moviendo señuelos de considerable volumen y peso, podría alcanzar grandes distancias. Bueno, quizás ahora que ya tengo la herramienta, quizás sea la ocasión de comenzar a practicar.
El ejercicio de mover streamers, y de recogerlos a diferentes velocidades, tuvo la intención de buscar la picada de algún barbo, e incluso de alguno de los siluros que dicen que recientemente han colonizado la zona, pero esa circunstancia no se dio, así que satisfecha mi curiosidad, y consumida la primera de las escasas cuatro horas que pensaba pescar, pasé ya ha actuar más "en serio", atando a la cola de rata un bajo de línea teóricamente "carpero", o sea un solo tramo del mismo largo de la caña de 0,18 mm. al que puse un codal a 25 cms, del final, con el fin de mover dos ninfas: una pheasant tail verde, tan conservadora como lastrada (bola de tungsteno del 3), y una ninfa negra sin bola, de las que dicen sienten pasión por ella las carpas.
Escarmentado por fracasos anteriores en la pesca de ciprínidos, decidí seguir el consejo de algunos que son expertos en esta materia, y más que malgastar mi tiempo ametrallando el río a ninfazos, cual si estuviese pescando un intensivo de truchas repobladas, me dediqué a pasear y observar el río, con miras a localizar carpas a la vista.
El paseo fue mas largo de lo que me esperaba, pero al fin, en una tabla de corriente lenta, un bajío de esos en que tanto me gusta pescar truchas a mosca seca, divisé una, dos, tres, cuatro, cinco ¡muchas! carpas pastando pacífica y parsimoniosamente. Algunas de ellas eran realmente enormes ¡que subidón!.
El problema, es que las había localizado desde un terraplén, y me iba fatal para lanzar, así que retrocedí, bajé unos cuantos metros río abajo, y vadeé con el fin de abordar las carpas por la otra orilla, y a poder ser por detrás. El otro problema ahora, es que el reflejo del agua no me dejaba ver los peces, pero esto lo consideré incluso una ventaja: no iba a estar demasiado pendiente de sus movimientos, sino que lo intentaría al "estilo trucha", o sea dejando derivar las  ninfas con la mayor naturalidad posible y a poder ser rascando fondo, a través de la "zona caliente" y estando solo pendiente de las evoluciones de la bolita de plastilina que llevaba como señalizador de picada.
La verdad es que no las tenía todas conmigo de que el experimento in the trout fishing style funcionase con las carpas,.pero al cabo de apenas cuatro varadas, clavé al ver una pequeña oscilación del señalizador de picada y ¡brutal! ¡menudo tirón!. Linea tensa, carrete trabajando a todo rendimiento, y se me subió el corazón a la boca al ver el pedazo de enorme carpa que había clavado ¡con la pheasant tail!. Pero... mi gozo en un pozo: cuando tenía al pez cerca de mi...¡se desclavó! y me quedé con un palmo de narices.
Bueno, la cosa pintaba bien, así que seguí avanzando, a auténtico paso de tortuga por la "zona caliente", y cuando iba más o menos por la mitad de la tabla tuve la sensación de haber enrocado, cuando de repente la puntera de la caña comenzó a cabecear con violencia. Tras un tira y afloja larguísimo, tuve a vista un ejemplar de carpón que daba auténtico miedo...-¡como voy a meter eso en la sacadera!, pensé- por desgracia, el dilema se resolvió a favor del gran ciprínido, pues se volvió a soltar. Esta vez, examiné la ninfa (otra vez la pheasant tail había sido la que recibió la picada) y... el anzuelo estaba completamente abierto.
Estaba feliz y perplejo a la vez. Estaba pescando carpas, si. Estaba manteniendo peleas épicas con peces de gran tamaño y fuerza, también. Pero el caso es que no conseguía meter ni una en la sacadera. Estos son los momentos en los que uno no debe ponerse nervioso para nada, así que salí del río, dejé a las carpas descansar, y aproveché para el habitual pissing and drinking break, o sea aliviado de vejiga y consiguiente recarga de la misma, a base de uno de mis sempiternos tes con limón. Hora de recapitular, y de paso empatar otra ninfa, lo más parecida posible a la tungstenizada pheasant tail de color verde, y a poder ser con un anzuelo un poco más resistente. Rehecho el aparejo, decidí retroceder por la orilla, para no "espantar el ganado" y volví a empezar a pescar la "zona caliente" desde el principio.
En este da capo, las picadas tardaron en llegar, pero mas o menos entre donde había tenido las dos anteriores, volví a clavar otra carpa... y la volví a perder en una breve pelea, cuando de un modo incomprensible  soltó la ninfa. Algo estaba haciendo mal, y no tenía idea del que. Frustrante, realmente frustrante. 
Hasta el momento, e inconscientemente, estaba pescando al más puro estilo "ninfeo de intensivo", o sea bastante corto y con tendencia a lanzar en diagonal hacia la orilla opuesta. Por un momento, cambié a pescar un poco más largo y de frente, completamente de cara al río, que no a la orilla, y fue entonces cuando vi moverse sospechosamente el indicador de picada, y esta vez no clavé de golpe, sino que conté lentamente hasta tres antes de dar el cachete y ... de nuevo picada brutal, pero esta vez la carpa salió disparada río arriba e incluso subió a la superficie. Paciencia, mucha paciencia, y sobre todo no forzar al pez, dejando trabajar el freno del carrete, que para eso está. Tardé un buen rato en  tener cansado al pez, pero al final ¡entró en la sacadera!.¡Victoria!¡Victoria!. No era desde luego la carpa más grande con la que me había peleado en esas últimas horas, pero no dejaba de ser un musculoso pez, nativo del río, de unos buenos 60 cms, ¡todo un torpedo con aletas!.
Tras la foto de rigor, vi con mucha pena que me quedaba bien poco rato de pesca: las horas habían pasado volando, y yo no había ni levantado apenas la vista del río. Volví a insistir en la "zona caliente" un rato más, pero con tanto jaleo las demás carpas parecían haberse asustado. En un día de pesca más "normal", hubiese sido hora de salir del río, y seguir andando, siempre al acecho de peces que se dejen ver, pero en esta excepcional ocasión, las dos y cuarto de la tarde ya era incluso más que lo que se podía considerar la "hora límite," para volver a casa con el tiempo suficiente de cumplir la promesa que la había hecho a mi hija: ir a ver la rúa del Carnaval del barrio.
La vuelta al coche, fue a auténtico "paso ligero", al puro estilo militar, y agradecí como nunca el que el viaje de regreso a casa fuera de menos de veinte minutos, a esa primera hora de la tarde siempre con tan poco tráfico, ya que es la que los convencionalismos determinan como la de comer. Por supuesto, tal y como os podéis imaginar, esta vez no hubo merienda pastelera.
¿Y el Carnaval? Bien, pues para mi hija divertido, todo y que creo que al final no fue disfrazada, ya que se vistió de Princesa Elsa de Frozen, y eso es como no ir disfrazado, pues gran cantidad de niñas optaron por llevar ese vestido, de princesa de los hielos, que ahora está tan de moda. Por mi parte, poco interés en la rúa de Carnaval. Nada puede sorprenderte, cuando pocas horas antes has visto, creído ver o quizás imaginado, truchas disfrazadas de carpa.       


JORNADA DE PESCA Nº 732


Temporada 2014 - 2015 - Nº 13

Zona libre sin muerte del Llobregat -ZLLSM-LL-32. Del puente de Mercabarna (El Prat de Llobregat) a la Riera del Morral del Molí (Abrera).
Río Llobregat

Pescador: Ferran RUBINSTEIN

Capturas: 1 carpa a ninfa

Climatología: nublado y templado

Caudal: bajo

Condiciones de vadeo: sin dificultad, pero recomendable la ayuda de un bastón de vadeo.

Hora de inicio de la jornada: 10,00 h.
Hora de finalización de la jornada: 14,15 h.

La música de hoy:

Hoy no han habido audiciones de música clásica, debido a que lo corto del viaje desde mi casa a la zona que he pescado, hubiese ocasionado tener que interrumpir obras de mi interés, y dejar la audición incompleta. Por esta vez, he escuchado la radio.

sábado, 31 de enero de 2015

JP-731. VISITA A LA ZONA CERO: DEL PARAÍSO A MORDOR. Sábado, 31/01/2015


Esta preciosa trucha fario,  fue la única recompensa de un día de pesca en la  Zona Libre del Ter, que tras las riadas de principios del pasado diciembre ha sufrido una gran devastación.  



JORNADA DE PESCA Nº 731


Nota preliminar. como en otras ocasiones en que se pescan zonas libres sin muerte, en las que todo y estar fuera de zonas trucheras hay presencia de truchas, se omite en este artículo la localización exacta de los escenarios pescados, con miras tanto a incentivar a los otros pescadores a que exploren las mismas y saquen sus propias conclusiones, como para evitar que una información sensible, en lo que respecta a peces de alto valor deportivo, pueda ser objeto de mal uso por colectivos fuera de la legalidad.


Hacía casi dos meses que no había vuelto a pisar el Ter, tras la terrible riada de principios de diciembre pasado, y en este último sábado de enero he decidido volver, para comprobar, con mis propios ojos, si era cierta esa devastación que ha sufrido este gran río en su zona media, de la que hasta ahora solo había oído hablar por terceras personas, que habían tenido a bien compartir información.
A todo esto, continúa el duro invierno, y ante la perspectiva de tener más que asegurado un bolo, me curé en salud, sobre todo para el bolsillo, y preferí ir a explorar la zona libre sin muerte antes que pagar un caro permiso de intensivo sin muerte (ahora que todavía no se han expedido ni licencias sociales, ni federativas, y por otra parte tampoco se han llevado a cabo repoblaciones) en "Magic Anglès".
Pese a la pausa para el senderismo de la semana pasada, las ganas de volver al río tampoco eran de las de gran apremio, dado el bolo, tras una jornada de puro aburrimiento, en las zonas libres del Llobregat de hacía dos semanas atrás, así que decidí tomarme las cosas con calma, desayunar sin prisas un bocadillo caliente en mi bar favorito de Anglès, kilometro cero de mis correrías por la comarca, para luego irme a cambiar de atuendo al puente de Sant Julià, con el fin de asomar el morro a esa frontera en donde acaba la "dimensión de las truchas difíciles" y comienza "Magic Anglès", y tener un poco un anticipo de lo que me podía encontrar mas tarde, tras un nuevo viaje en coche (¿corto?¿largo?, misterio, misterio).
Ya desde el puente, pude contemplar un Ter con muy poco caudal, sensiblemente cambiado, con una gran acumulación de grava y sedimentos,  muchos arboles derribados y mucha materia forestal acumulada en las orillas. Precisamente, mientras me cambiaba de ropa, tuve el placer de conocer a Miquel H. y a su padre, dos mosqueros que son seguidores de este, nuestro blog, y con los que estuve de corta tertulia. Ellos habían venido ya un par de veces, recientemente, a "Magic Anglès", y los resultados habían sido tan pobres como desalentadores. Sin embargo, la afición es la afición, y allí les dejé, tras desearles mucha suerte, a punto de montar sus aparejos.
Tras el viaje en coche, a otras latitudes río abajo (¿cercanas?, ¿lejanas?, misterio, misterio), llegué por fin a un aparcamiento seguro, en donde dejar el coche a un relativo buen recaudo de los cacos, y pude finalmente llegar a pie de río, con el vader enfundado y la caña montada. ¡Vaya sorpresa!.
Lo primero que me llamó la atención, es que por el río bajaba más agua de lo que había visto en la frontera meridional de "Magic Anglès", pero esto seguramente se debe a que a lo largo del mismo hay bastantes salidas de canales. Todo y así, el caudal se podría considerar como bajo y perfectamente vadeable, pese a que la acumulación de algas en las rocas, ya resbaladizas de por si, aconsejan el uso del bastón de vadeo.
Pero lo que más me sorprendió, fue el estado del cauce fluvial en si, que parecía ser la ´"zona cero" de un terrible cataclismo: la fuerza descontrolada del agua barrió con todo a su paso durante días, y cientos de árboles, arrancados de cuajo, se acumulan ahora tumbados en las orillas; toneladas de arena, traídas de lejanas rieras, han hecho auténticas playas y colmatado fondos rocosos; y rocas de quintales de peso, movidas como juguetes de corcho por el tsunami fluvial, han sido desplazadas de su sitio, cambiando totalmente la fisonomía del lecho del río. ¡Brutal! El paraíso élfico convertido ahora en la desolación de Mordor... así lo podría resumir, parafraseando a mi siempre admirado Tolkien.
Por lo menos, el tiempo acompañó un tanto en este retorno al Ter tras el tsunami. La mañana y el mediodía fueron bonancibles, bajo un sol invernal que, con la ausencia de viento, hizo subir la temperatura hasta niveles primaverales. La tarde fue ya otra cosa: cielo cubierto, plomizo y amenaza de tormenta, con retumbar cada vez más cercano de truenos y esporádico fulgor de relámpagos. Todo este preludio apocalíptico para acabar como en una especie de "parto de los montes", pues apenas si al final de la jornada, entre las tres y las cuatro de la tarde, cayeron cuatro gotas mal contadas y bajó levemente el mercurio.           
En acción de pesca, poco que contar. Largas horas de batirlo todo con ninfas de diferente calibre y peso, según el escenario, y cambiando a tandem de seca y ninfa a la hora de pescar tablas de escasa profundidad.
De nuevo, el bolo parecía cantado cuando, poco antes de la una de la tarde y bajo un solete muy agradable, vi ¡una ceba!, en un escenario de corriente muy lenta y escasa profundidad. Si hay una ceba, es que hay una trucha, y me conjuré aprovechar al máximo ese hallazgo, así que me puse a repasar la zona donde había visto la solitaria ceba y aledaños, con un tandem de seca y ninfa.
Curiosamente, mientras preparaba el cambio de aparejo (de combo de ninfas a tandem de seca y ninfa), me di cuenta de que ¡había una emergencia!. ¡Milagro! Pese a todos los desastres sufridos por el río, la vida invertebrada daba muestras de no haber perecido, en forma de una abundante eclosión de rhodanys (a la que nadie bajo el agua estaba haciendo caso alguno, por cierto). 
El uso del tándem, en vez de pescar a seca, evidentemente se debió a "asegurar el tiro", ante la perspectiva de poder al menos evitar el bolo. Eso si, un tandem pensado tras darle muchas vueltas a la cabeza: dado el escenario de poca profundidad, una ninfita de lo más pequeño, un perdigoncillo rojo chillón con un anzuelo del 19, y en vez del socorrido tricóptero, una efémera bien impermeabilizada, todo y que al no tener a mano en ese momento una imitación de rhodany, le puse una de ignita
Dedos cruzados y... a batir la zona con fe y entusiasmo. Estaba visto que mi regreso al Ter no iba a acabar con un bolo, pues al lance número catorce, y unos metros corriente abajo de donde había visto la única ceba, recibí una brutal picada, a la mosca seca, de una estupenda fario que acabo en mi salabre, tras una pelea mas corta de lo que esperaba. Debía tener frío, y los diez pies de una caña potente, como mi Scott A2 para línea 6, la debieron cansar pronto. Aproximadamente 35 centímetros y pintas grandes: todo el aspecto de tratarse de una fario de genética atlántica, de las que se reproducen desde hace mucho en este río.
Justo me estaba fumando un cigarrillo, a modo de celebración por haber evitado el bolo, cuando sucedió la anécdota divertida de la jornada. No había visto a nadie pescando en todo el día, y de repente, venía por la orilla, sorteando un laberinto de ramas y maleza, un pescador con una caña de lance. El colega me saludó, muy educadamente, con acento del Este de Europa, y me pregunto ¿Quie es esto suyio seniorrrrrr?. El pescador traía, colgada del hombro, mi bolsita en donde guardo los tes con limón, que tomo para no deshidratarme y calmar la sed, tanto en verano como en invierno, la cual había encontrado abandonada en la orilla, justo en donde había evacuado aguas menores hacía casi una hora, y en donde la había dejado olvidada sin darme cuenta.
Le di las gracias, y le invité a una lata de te, que aceptó mientras charlábamos.  Me comentó que había pillado cuatro truchas, con un curioso minnow sin muerte,  que hacía mucho tiempo que no venía y había encontrado el río muy cambiado, y que las truchas picaban poco y mal. Tras despedirnos, marchó fuera del río, a través de la jungla, y no le volví ver más.
Como no, seguí batiendo un rato más la zona en donde había capturado la trucha que había evitado el bolo, pero algo me decía que eso era todo lo que iba a obtener del río por ese día. 
La tarde comenzó a avanzar, bajo un cielo oscuro y amenazante, y  cada vez estuve más tentado de salir del río lo antes posible, en aras de evitar un remojón, un cambio de ropa haciendo contorsiones dentro del coche y un resfriado de los de visita al CAP (1) con consiguiente baja laboral, todo por este orden. Quizás por esto, es por lo que pesqué cada vez con menos convicción... o quizás fuera por el conformismo, dado que tal y como estaban las cosas, evitar el bolo era ya. de por si, un gran resultado. 
¡Tentación! Cuando ya estaba a punto de plegar la caña, a eso de las tres de la tarde, vi la segunda ceba del día, y ni corto ni perezoso me puse a machacar su "zona de influencia" directamente a seca. Esta vez, la insistencia no tuvo más recompensa de que comenzase a llover, al cabo de un buen rato, y que tuviera que lamentar el no haber salido del río cuando aún estaba a tiempo de evitar volver al coche bajo la lluvia.
Pero estaba visto que este era mi día de relativa buena suerte, y lo que parecía el preludio de un nuevo diluvio quedó apenas en un corto episodio de "calabobos", que pude evitar tan solo con internarme en la fronda, de tal manera que pude tanto llegar al coche sin apenas mojarme, como cambiarme de ropa en seco.
La verdad es que el evitar el bolo, en una jornada de tan poca actividad y con un río tan devastado, tuvo para mi carácter épico, y eso siempre hay que celebrarlo. Para la ocasión, fui a inspeccionar una nueva pastelería, en una localidad no muy lejana a donde había estado pescando, que satisfizo bastante mis eternas ganas de dulces para merendar. Mientras me deleitaba con una nata más que aceptable, pensaba en la eclosión que había habido habido a primera hora de la tarde... No todo está perdido en el Ter. Por duro que sea este invierno en especial, en lo que a pesca se refiere, tarde o temprano llegará la primavera. 



(1) Centro de Atención Primaria, o sea, el Ambulatorio.




JORNADA DE PESCA Nº 731

Temporada 2014 - 2015 -  Nº 12

Zona Libre del Ter
Río Ter

Pescador:
Ferran RUBINSTEIN

Capturas:
1 trucha fario a mosca seca

Climatología: mañana, soleado y templado; tarde, nublado con amenaza de tormenta, y llovizna al final de la jornada.

Caudal: bajo.

Condiciones de vadeo: sin dificultad, pero con la ayuda del bastón de vadeo por lo resbaladizo de las rocas, debido a la acumulación de algas.

Hora de inicio de la jornada: 10,15 h.
Hora de finalización de la jornada: 16,00 h.

La música de hoy.

Viaje de ida:

Concierto para piano y orquesta en "DO" menor
Obertura-Concierto en "FA" mayor
Joachim Raff

Concierto para piano y orquesta nº 2
Alexander Glazunov

Viaje de vuelta:

Sinfonía nº 4
Obertura para un Festival Académico
Johannes Brahms

Líneas Tensas!


Ferran RUBINSTEIN.