"Si, al igual que yo, sois de los que creeis que tenéis poco que enseñar, mucho que aprender y aún más que compartir, éste es vuestro blog".

martes, 8 de marzo de 2016

JP-783. UNA JORNADA PRÓLOGO DE LA NUEVA TEMPORADA, QUE NO RESPONDIÓ A MIS EXPECTATIVAS. Sábado, 05/03/2016



JORNADA DE PESCA Nº 783



La apertura de la peculiar temporada del coto intensivo de Ponts, en el Río Segre  (que se veda cada año el 1 de noviembre, sin dejar la alternativa de pescarlo sin muerte), suele ser un acontecimiento que muchos pescadores, mayormente los entusiastas de la pesca tradicional con cupos de truchas sacrificables, pero también bastantes pescadores partidarios de la pesca sin muerte,  ven como el prólogo de una nueva temporada que, por regla general, suele comenzar una, o como mucho dos, semanas después.
Como cada año, por estas fechas, hay muchas ganas acumuladas de pesca, sobre todo entre los que plegaron cañas y guardaron bártulos en el armario a finales del verano pasado o, como mucho, a mitad del otoño. Todo y que yo sigo yendo al río, principalmente a pescar truchas, todo el año (allí donde la Ley lo permite), entiendo perfectamente la pasión que se siente por volver a meterse en el río, y veo completamente normal que las aperturas de cotos intensivos y, sobre todo, las inauguraciones de las temporadas, se conviertan en todo un acontecimiento que, superando lo meramente deportivo y recreativo, deviene en todo un evento social que, de hecho es toda una tradición profundamente arraigada en nuestra cultura.
Todo y que soy de los que gustan de pescar con poca o ninguna compañía, la verdad es que me alegra mucho el ver tanta gente faenando en el río. Siempre he pensado que, lejos de ser una competencia no deseada, los demás pescadores son compañeros de afición, y cuantos más seamos practicándola (eso si, dentro de la Ley y con racionalidad) la misma nunca morirá.
Aunque lo que voy a decir ahora puede no gustar, o incluso levantar ampollas, lo voy a manifestar: creo que nunca estaremos, por lo menos en Catalunya, lo suficientemente agradecidos a lo mucho en positivo que han aportado los cotos intensivos a la pesca en nuestra Comunidad Autónoma. Y, sobre todo, los cotos intensivos con muerte.
De paso, y pese a quien pese, deberíamos estar igual o más de agradecidos a la existencia de la trucha arco-iris en nuestras aguas, pues la repoblación de las zonas de pesca intensiva, aparte de otras de pesca controlada en consorcio con ejemplares de esta especie, ha sido un factor clave para convertir, por lo menos hasta hace pocos años, Catalunya en un tan estupendo, como envidiable destino de pesca.
Los cotos intensivos han ofrecido, a lo largo de años, un marco inmejorable para que mucha gente se aficionase a la pesca deportiva de salmónidos sin necesidad de costosos desplazamientos, habida cuenta de que fueron ubicados fuera de las comarcas de alta montaña, esas que alguien ha definido como "trucheras",  en donde se intenta proteger a las "trucha fario autóctona". La existencia de estos escenarios, repoblados generalmente con truchas irisadas, aunque a veces también con farios de genética atlántica, no tan solo ha permitido acercar la pesca de la trucha a las clases populares, sino que también ha servido de revulsivo económico para algunas comarcas poco afortunadas como destinos turísticos, en las cuales la gran afluencia de pescadores ha revitalizado tanto la hostelería, como el comercio de artículos de pesca.
De un modo especial, los intensivos con muerte han servido para que, sobre todo por comodidad, un buen número de recalcitrantes de la pesca con coscorrón incluido se haya ceñido a predar de la cuba periódica, evitando así que hayan esquilmado, todo y contar con el beneplácito de la Ley, escenarios en ríos más sensibles a los efectos de la pesca con muerte, como pueden ser los cotos de temporada de las cabeceras de los ríos.
Además, por si fuera poco, dado la generosidad de las repoblaciones a lo largo de décadas, una gran parte de las truchas de los intensivos comenzó a colonizar tramos bajos de ríos, asilvestrándose y llegando a prosperar en los mismos, por lo que a fecha de hoy tenemos tanto zonas libres sin muerte, como cotos que, en teoría, son de ciprínidos, repletos tanto de truchas fario de tamaño trofeo, como de bravas irisadas que semejan a los míticos "Steelheads" (1), y todo ello sin tener que gastar una fortuna para pescar peces de tan majestuoso porte en destinos tan lejanos como Eslovenia, Patagonia o Khamchatka. Ya es bien curioso que, entre los detractores de la trucha irisada, hasta tal nivel de animadversión como para pedir su exterminio de nuestras aguas, se encuentren ciertos personajes, atrincherados en un ecologismo tan radical como hecho a medida de su conveniencia,  que se atreven a autodefinirse como "pescadores", los cuales van a pescar truchas de repoblación, generalmente arco-iris, fuera de nuestro país, mientras que aquí quieren impedir que los que no nos podemos permitir carísimos viajes podamos pescarlas.
Definitivamente, el declive de la pesca, la desafección de muchos pescadores hacia su afición, y la progesiva ruína de muchas de las actividades económicas que derivaban de ella, comenzó el día en que las autoridades, mal asesoradas por sectores del ecologismo radical, comenzaron a cargar tanto contra los cotos intensivos, como contra las repoblaciones con truchas arco-iris.
Si tenéis memoria, la primera vuelta de tuerca aquí en Catalunya, no ya a los intensivos, sino a todo el colectivo de pescadores, la tuvimos que soportar, tragando sapos y culebras con resignación, el día en que impusieron de un modo unilateral, por "ordeno y mando" (muy de acuerdo con la famosa "tradición democrática" de que tanto alardean nuestro país y sus respectivas Autonomías), la expedición de tickets exclusivamente por Internet, hecho este que motivó que muchos pescadores, sobre todo del colectivo de la "tercera edad", dejasen de pescar, completamente asqueados ante la imposición de tener que depender tanto de disponer de una máquina (ordenador) que posiblemente no tenían ningún interés en ni tan solo aprender a usar, como de depender de un programa informático de solicitud y pago de permisos farragoso, que a día de hoy sigue dando problemas y no pocos, que no entendían... por no hablar de un modo de pago monopolizado por un proveedor concreto de la banca, a través de un medio (tarjeta de  crédito) que despierta recelos por la facilidad con la que puede hacer al usuario, sobre todo a las personas mayores, víctima de pirateos y fraudes.
Envalentonados con el caso que les han hecho las autoridades en estos últimos años (las de Catalunya, desgraciadamente han sido pioneras en hacer caso a pijo-progres y ecologistas de salón), ahora los enemigos de la pesca, por muy travestidos de pescadores que algunos vayan, osan pedir la erradicación de las otras especies que, junto con la trucha arco-iris, forman parte de la columna vertebral de la pesca deportiva de nuestro país: la carpa y el black-bass. Y lo hacen, nada más y nada menos que con la famosa excusa de que son "especies alóctonas e invasoras" (ya veis, sobre todo la carpa, que lleva en nuestras aguas continentales desde los tiempos del Imperio Romano). Veamos, señores listillos, puestos a pedir que se pongan las cosas en su sitio, entonces, y por poner solo unos casos de eliminación de especies animales o vegetales invasoras, ¡démosle escopeta a los osos eslovenos introducidos en el Pirineo, y de paso a los lobos que han traído también de fuera!, ¡arranquemos de cuajo todos los eucaliptus de la Cornisa Cantábrica, pues provienen de Australia!, o ¡renunciemos al cultivo y comercialización del maíz, la patata y el chocolate por su origen Americano!. De seguir así, es probable que incluso la ONU tenga que hacerse cargo de las quejas de los indígenas del Nuevo Mundo, por los daños y perjuicios que los europeos les pudieron causar por introducir el caballo al otro lado del Océano Atlántico.    
Bien, queridos amigos. Finalizada mi indignada filípica inserta en este artículo, creo que ya es hora de ir hablando de pesca, todo y que en esta ocasión no es que tenga mucho de lo que hablaros.
Si de alguna manera tuviese que definir esta "jornada prólogo" de la temporada, esta sería de azarosa y "digna de olvidar". No eran ni las cuatro de la tarde y ya estaba cambiado de ropa y listo para ir a merendar. La jornada terminó, de un modo inesperado, cuando tuve el percance de resbalar en el río y darme un buen chapuzón, de los de gran magnitud: de esos que te mojas toda la ropa, hasta la interior, incluido el chaleco, terminando el mismo con todos sus bolsillos completamente inundados . Por suerte, esta vez (ya sabéis que soy muy proclive a darme chapuzones fluviales no deseados) tenía el coche a menos de cinco minutos de donde estaba ¿pescando?¿bañándome?, y eso me libró de pillar una buena galipandria.
Los muy buenos resultados, cuantificados en una notable pescata de hermosas truchas fario, de la última jornada en que visité el coto intensivo de Ponts, a finales de octubre del año pasado (2), me hicieron concebir muchas esperanzas de repetirlos en esta "apertura". Sin embargo, la cosa quedó en escasas capturas (tres truchas arco-iris de repoblación), repartidas irregularmente a lo largo de un día muy aciago en el que tuve que bregar con factores tan adversos como la masificación de pescadores, el caudal alto y un viento tremendamente molesto, sobre todo para el ejercicio de la pesca a mosca.
Pese a que el día anterior la información de los aforos en río del SAIH-Ebro daban para la salida del canal de Ponts unos escasos 4 m3/seg., nada más llegar de buena mañana y antes de cambiarme de ropa, los señores de la Confederación Hidrográfica abrieron el grifo y el Segre comenzó a subir hasta los 9 m3/seg. Este caudal, muy pescable y con el agua muy limpia, fue el que me encontré nada más comenzar a pescar, pero a lo largo de la mañana el caudal fue subiendo progresivamente hasta situarse en un pico de 18 m3/seg. sobre las dos de la tarde. Supongo que aquellos que comenzaron a pescar bien de mañana se debieron poner las botas a capturar truchas recién repobladas, pero lo que ya empezamos con la subida de caudal lo fuimos teniendo cada vez más complicado.
El día amaneció frío pero apacible. Todo hacía augurar una jornada plácida de sol y temperaturas ya primaverales, pero a eso de las once de la mañana se giró un viento de componente norte muy molesto, con ráfagas entre moderadas  y fuertes, que no cesó hasta bien entrada la tarde. Por añadidura, el viento trajo consigo gruesos nubarrones, que llegaron a cubrir completamente el cielo entre el mediodía y primera hora de la tarde (todo y que no llego a llover ni una gota), para llevárselos después y quedar una tarde soleada aunque todavía con demasiado aire como para pescar a gusto.
Descartado el pescar en la zona central del coto, entre las instalaciones de los kayaks  y la salida del canal, más que nada por la gran cantidad de gente que había pescando, me fui directamente a la desembocadura del Llobregós en el Segre, a ver si allí se gozaba de una relativa soledad. Al principio fue así, pero a medida que avanzaba el día incluso esa parte baja de la zona central del coto se fue llenando de pescadores, seguramente impelidos hacia abajo al estar abarrotado el tramo inmediatamente superior en donde, según comentan las "malas lenguas",  se limita la repoblación semanal.
La acción de pesca fue perdiendo tanto calidad como interés con el paso de las horas,  a medida que aumentaba el caudal e incrementaba el viento. Al principio, gozando de unas primeras horas de la mañana casi primaverales y con río amable, no dudé en pescar lo más ligero posible, lanzando una sola ninfa con la ayuda de la cola de rata, en espera de poder practicar más "jogo bonito" (tándem, mosca seca) hacia el mediodía. Sin embargo, la subida de nivel del agua y el viento me fueron obligando a echar mano de una acción de pesca cada vez más mas pesada y monótona, para terminar pescando lo más "al hilo" posible con dos ninfas ultrapesadas, con el fin de evitar que el viento me impidiera posarlas, o me dejase el bajo de linea hecho unos zorros de tantos enredos y nudos de viento.
El tema de las capturas también fue gris y anodino. Todavía pescaba ligero, nada más iniciar la acción de pesca, cuando ya capturé una irisada de las tan normalitas como muñonas que se suelen meter en la cuba para repoblar el río. A partir de aquí, pasaron casi cinco horas del más  absoluto aburrimiento hasta que, en poco menos de diez minutos picasen dos truchas más de la misma guisa, que acabaron en el salabre. Tras este corto episodio de actividad vino otra vez el mutismo de los habitantes del río, pero esta vez añadiéndose al tedio el tener que aguantar un auténtico vendaval.
Mi torpeza, seguramente fruto de una exceso de confianza , hizo que resbalase sobre una roca del fondo del río, demasiado lisa incluso para mis botas con amplias y gruesas placas metálicas, cuando estaba pescando con el agua casi por la cintura. Así pues, terminé literalmente arrastrado por el río; un accidente que hubiera podido tener no muy buenas consecuencias, de no ser que el mismo reflujo de la corriente me echó hacia la orilla, hacia la que pude escapar, en una tan ridícula como cómica postura entre el chapoteo y el gateo.
Como he dicho anteriormente, tuve la gran suerte de tener en ese momento mi coche a menos de cinco minutos del lugar de la inesperada inmersión. Apenas eran las tres y media de la tarde y dí la jornada por afortunadamente terminada, no sin agradecerme a mi mismo el ser  tan previsor como para llevar siempre en el maletero del coche un kit de ropa de repuesto, calzoncillos incluidos.
Mientras me quedaba casi en cueros en medio de la pista, y me secaba con una toalla vieja (incluida en el kit antes mencionado), reparé en un curioso detalle: colgando de una rama de un aliso se mecían, al fuerte viento de una tarde desapacible, un par de botas de vadeo que alguien debió de lanzar a la arboleda atadas, la una a la otra, por sus respectivos cordones. ¡Vaya! ¡que mal que está la pesca en estos últimos tiempos!. Hasta los hay quienes, asqueados de tantas trabas a nuestra afición, han decidido colgar las botas.    

   


(1) Reos de trucha arco-iris, o sea truchas migratorias de las cuencas del Océano Pacífico.
(2) Ver el artículo JP-766 del 17/10/2015, en este blog.





JORNADA DE PESCA Nº 783



Sábado, 5 de marzo de 2016

Temporada de 2015 - 2016 - Nº 18
Temporada de cotos intensivos de salmónidos  2015 - 2016 - Nº 12

Coto Intensivo de Ponts - Torreblanca S. M. - SE12 A/B
Río Segre
Modalidad del ticket: sin muerte

Pescador: Ferran RUBINSTEIN

Capturas: 3 truchas arco-iris a ninfa

Equipo de pesca a mosca:

Caña: Scott A2 - 10 pies - linea 6
Línea: Adams 6 WF - flotante
Carrete: Adams

Climatología: alternancia de nubes y claros, con ráfagas de viento entre moderado y fuerte; temperatura matinal fría, con aumento progresivo de la misma a partir del mediodía, aunque sin sobrepasar los 15 º C.

Caudal: medio-alto (18 m3/seg.)

Condiciones de vadeo: vadeo complicado, incluso con el uso de bastón..

Hora de inicio de la jornada: 09,45 h.
Hora de finalización de la jornada: 15,30 h.

La música de hoy:

Viaje de ida:

Concierto para piano y orquesta, Op. 3
Moritz Moszkowski

"En Bohemia"
Obertura sobre un tema de marcha militar española
Mily Balakirev

Viaje de vuelta:

Concierto para piano y orquesta en "DO" mayor
Carl Czerny

Concierto para violín y orquesta en "SOL" menor
Carl Reinecke



Ferran RUBINSTEIN



Líneas Tensas!

lunes, 22 de febrero de 2016

JP-782. VIAJE DE INVIERNO AL LLOBREGAT LIBRE DE PAGO. QUINTA PARTE: UN BOLO POCO DOLOROSO PARA ACABAR EL WINTERREISE. Sábado, 20/02/2016






JORNADA DE PESCA Nº 782



Con esta jornada de pesca, llevada a cabo en uno de los días más fríos del pasado invierno (sigo escribiendo los artículos de este, nuestro blog, con cerca de tres meses de retraso), terminó mi Winterreise, o viaje de invierno, por las zonas libres sin muerte del Llobregat. Las siguientes jornadas, que ya tuvieron lugar en el transcurso del mes de marzo, estuvieron dedicadas a aperturas, tanto de la muy particular temporada del coto intensivo de Ponts (01/03 - 31/10), un acontecimiento que cada año muchos celebran como una "etapa prólogo" de la temporada oficial, como a la de la mismísima temporada oficial de salmónidos 2016, la cual viví en un Pedret al que tanto la nueva ordenación de los tramos con y sin muerte, como las limitaciones de acceso rodado al mismo por la "vía verde", han convertido en polémico.
Tras casi dos meses de ir poco a pescar, dado que alterné los sábados de caña y vadeador con los de mochila y botas de trekking, con mis amigos del centro excursionista del que soy socio, y de capturar pocos peces, terminó llegando, en el penúltimo sábado de febrero, que no deja de ser uno de los meses menos propicios del calendario para pescar, el primer bolo del año natural.
Como suele suceder en estos "bolos invernales", el mismo no conllevó la misma frustración que si se hubiese producido, por ejemplo, en el mes de mayo o junio. El ir a pescar en pleno invierno a una zona libre sin muerte que, por ende, no es ni tan solo de salmónidos, es lo que tiene; muy contento estoy, la verdad sea dicha, de los resultados de mis pescas invernales de este año, pues he visitado partes de las zonas libres del Llobregat por las que no me dejaba caer desde hacía años y, encima, he conseguido tocar escama de trucha en casi todas las ocasiones, excepto en la presente y en la anterior, en la que las escamas que toqué fueron de carpa.
Además, lo que termina de suavizar el bolo es el hecho de que realmente sí pesqué. En realidad, a lo largo de la jornada clavé dos truchas fario. Lo que sucede es que una cosa es clavar, y otra hacer que una vez prendidas terminen en el salabre. Otra vez más,  mi torpeza y poca pericia en el combate con los peces me privó de poder tener a los mismos en la mano y así cantar victoria.
A pesar de que el invierno de 2016 será recordado como uno de los más benignos, por lo menos en Catalunya, de lo que llevamos de siglo, si es cierto que, de un modo excepcional, ha habido algún que otro día frío, o por lo menos con temperaturas que serían habituales en un invierno dijéramos "normal", y el caso de este sábado de finales de febrero, que ocupa esta crónica, fue uno de ellos. Durante el viaje en coche, llegaron a registrarse los seis grados negativos. La helada matinal y la gélida temperatura ambiental me retuvo un poco más en el bar a la hora del desayuno, pero al final vencí a la pereza y volví a subir al coche para hacer un corto trecho más y llegar al punto en donde tenía previsto cambiarme de ropa todavía a un grado bajo cero al sol.
Generalmente, en pleno invierno, los días anticiclónicos no suelen ser muy propicios para la pesca. Este, no fue una excepción, respondiendo un poco al patrón de día soleado y luminoso, sin una nube, pero con un ambiente gélido, apenas roto por un pequeño repunte al alza de la temperatura pasado el mediodía y hasta primera hora de l tarde.
La ausencia significativa de lluvia, desde mi última salida de pesca dos semanas antes, volvió a propiciar el que me encontrase el Llobregat, a su paso por la latitud más meridional del Berguedà, con una transparencia del agua que no recordaba en muchos años. Eso si, en esta ocasión un agua terriblemente fría. Asimismo, la sequía invernal,  además del cierre a cal y canto de las compuertas del pantano de La Baells, conllevaron el volver a pescar en un río con un caudal muy bajo.
La jornada de la que esta crónica es objeto, terminó estructurándose en dos mangas, hecho este motivado ante la poca actividad que hubo en el primer tramo que visité, y que me hizo buscar una mejor suerte, que no encontré, unos pocos kilómetros río abajo, en concreto en el mismo sector del río de las dos primeras salidas de pesca del pasado mes de enero.
Hasta primera hora de la tarde, estuve pescando en un tramo concreto de zona libre sin muerte que, en un pasado no muy lejano, había formado parte de la extensión de un coto. Curiosamente, con los muchos años que hace que rondo por el Llobregat, trasegando primero cañas de cebo, más tarde de spinning y desde hace más de quince años de mosca, nunca antes había estado pescando en este tramo en concreto.  Es por ello que, no estando bien seguro de por donde acceder al río sin demasiados problemas, y queriendo dejar el coche en lugar lo más lejos posible miradas indiscretas, tuve que echar mano de esa tan eficaz y moderna herramienta llamada Google Maps, que a menudo suele ser la favorita tanto de los "chafarderos on-line", como de los espías de las actividades ajenas, en esta nuestra Edad Tecnológica. He de reconocer que esta vez me fue de gran utilidad, para poder  llegar sin ningún contratiempo a la misma orilla.
Como es habitual en las pescas invernales, el "tungsteno en ninfa" fue el protagonista absoluto de la jornada. Visto lo visto en las otras salidas a estas zonas libres del Llobregat durante el invierno, especulaba que las picadas, de producirse, tendrían lugar en sitios en donde las truchas estuvieran cómodamente refugiadas; o sea en fondos de pozas o en blandos laterales de corrientes. Descartado pues, en esta época del año y en esta latitud del río, el ir a buscar actividad en corrientes vivas, y aún menos en espumeríos con un palmo de agua.
La acción de pesca, minuciosa y lenta, prospectando palmo a palmo de cada poza y de cada corriente de escasa velocidad, siempre lo más "al hilo" que permite una caña corta, como la que yo uso para casi todo (una de 9 pies), devino en un ejercicio de rutina, mecánico hasta lo casi rítmico, en una cadencia de lances a golpe de muñeca, solo rota por alguna que otra pausa para quitar el verdín y las algas del combo de dos ninfas (una contundente pheasant tail y un perdigón), que estaba utilizando a falta de algún que otro recurso más imaginativo como podría ser, por ejemplo, un streamer rebotando sobre las piedras del lecho del río, recogido con lentos y erráticos tirones, a la manera en que muchos pescadores de spinning manejan, con maestría, gráciles e insinuantes señuelos de vinilo.
La mañana transcurrió sin picadas y sin atisbo alguno de actividad de peces. Poco después del mediodía horario, de sopetón, noté una ligera tensión en la línea. Al ir a clavar, noté vida al otro lado del hilo, y tras una breve batalla pude tener a vista una fario, de esas plateadas tan típicas del Llobregat, que rondaría los 30 cms. a ojo de buen cubero. Por desgracia, al ir a echar mano del salabre fue visto y no visto: el pez se había desclavado, y yo me había quedado con dos palmos de narices. En fin...¡al menos hay peces en este río!.
Poco después, tras un rato de volver a la misma acción de pesca, llegué a una amplia tabla, de aguas brillantes, pero no cegadoras, bajo el tímido sol del invierno. Allí, mientras aprovechaba para primero orinar y después fumar un cigarrillo, a la vez que bebía una de mis sempiternas latas de te con limón, observé una gran eclosión de efémeras. Se trataba de un bétido grisáceo. Probablemente, fueran Baetis Muticus. El caso es que esta abundante eclosión fue una de las más desaprovechadas que he visto en años, pues pese al gran número de ejemplares que pasaban de subímago a imago, levantando finalmente el vuelo, no suscitó ninguna respuesta por parte de las truchas. La verdad es que fue verdaderamente decepcionante el no ver ni una ceba, ¡ni una!, ante tal desfile de comida. Fue entonces cuando comprendí que, salvo algún imprevisto, en esta jornada ni iba a pescar a seca, ni a practicar "jogo bonito" alguno aligerando señuelos y haciendo volar cola de rata: las truchas estaban demasiado cómodas debajo del agua. Tanto, como para desdeñar un buen atracón de manjares fáciles de obtener.
Todo y la única picada, la verdad es que ver desaprovechar tamaña eclosión me hizo reflexionar sobre mis posibilidades en lo que me quedaba, tanto de jornada como de tramo. Así pues, tomé la decisión de probar suerte en otro sector de la zona libre sin muerte, justo donde en las dos primeras jornadas de pesca de enero había logrado tocar escama. 
El viaje en coche fue muy breve, pero el hecho de volver al vehículo, desmontar la caña, volver a andar de camino al río desde el nuevo aparcamiento y volver a montar aparejos, llevó el tiempo suficiente como para que, al reiniciar la acción de pesca, la tarde ya hubiera cambiado: el "pequeño verano" de los mediodías soleados del invierno ya había pasado y perdido su magia, dando lugar a ese momento, a veces misterioso e inquietante, en que las sombras se alargan, el azul del cielo gana una tonalidad más intensa y la temperatura comienza a bajar. Es la hora en que el bosque sin hojas, dorado hasta entonces por la luz, vuelve a ser gris con el preludio del crepúsculo.
Para aprovechar bien las menos de dos horas que me quedaban de tiempo, fui directo a las mismas corrientes moderadas que habían sido tan productivas a mediados del pasado mes de enero, y me puse a batirlas "de cabo a rabo" a golpe de ninfas, avanzando río arriba a paso de tortuga. No hubo manera de conseguir ni una picada hasta que, cuando estaba ya a punto de salir del río y desmontar la caña, noté como un ligero calambre al otro lado de la linea y... esta vez estaba prendida de la ninfa del codal  una pequeña trucha fario, de esas que pasan un poco del palmo.
¡Algo, es algo! (dijo un calvo, al encontrarse un peine sin púas). Al menos, la captura de la pequeña pintona supondría una pequeña victoria; pírrica pero victoria al fin y al cabo. Con deshacer el bolo me conformaba, y lo tenía al alcance de la mano. La pequeña fario apenas si había opuesto resistencia pero... a menos de un par de dedos de la red pegó dos coletazos y ¡se desclavó!. Estaba visto: en esta jornada, que con este desafortunado incidente dí por finalizada, el bolo estaba predestinado para mí desde un principio.
Un buen rato después, ya cambiado de ropa, llegué a merendar a un bar que conozco, en un pueblo cercano a la zona. Mientras apuraba el cigarrillo antes de entrar en el establecimiento, me dí cuenta de que todavía no había oscurecido. Cosa muy normal: a finales de febrero se nota ya que la luz del día ha ganado terreno a la noche. Pese al frío, esta hora larga de mas de luz solar preludia una primavera que ya no está tan lejos. Una primavera en la que, siguiendo el ejemplo de la naturaleza, volverán a empezar muchas cosas. Entre ellas, una nueva temporada de salmónidos, y un retorno a escenarios de pesca vedados hasta que llegue ese momento.      
    
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JORNADA DE PESCA Nº 782



Sábado, 20 de febrero de 2016


Temporada 2015 - 2016 - Nº 17


Zona libre sin muerte del Llobregat (ciprínidos) - El Berguedà
Río Llobregat

Pescador: Ferran RUBINSTEIN

Capturas: 0
(en realidad pesqué 2 truchas fario a ninfa, pero ambas se desclavaron en la pelea, por lo que al no ser truchas metidas en el salabre no se pueden considerar capturas)

Equipo de pesca a mosca:

Caña: Vision GT-Four - 9 pies - línea 5
Línea: Adams 6 WF - flotante
Carrete: Sage 4550

Climatología: soleado y frío.

Caudal: bajo

Condiciones de vadeo: vadeo sin dificultad, siendo recomendable el uso del bastón de vadeo.

Hora de inicio de la jornada: 10,15 h.
Hora de finalización de la jornada: 16,45 h.

La música de hoy:

Viaje de ida:

Sinfonía nº 2
Zygmunt Stojowski

Sinfonía nº 2 "sonidos del verano en el sur de Rusia"
Víctor Bendix

Viaje de vuelta:

Sinfonía nº 1
Alexander Von Zemlinsky

Concierto para piano y orquesta en "DO" mayor
Carl Czerny

Líneas Tensas!





Ferran RUBINSTEIN

sábado, 6 de febrero de 2016

JP-781. VIAJE DE INVIERNO AL LLOBREGAT LIBRE DE PAGO. CUARTA PARTE: JORNADA CORTA Y CARPA GRANDE, ANTES DE IR A LA RÚA DEL CARNAVAL.



Una jornada de corta duración, previa a la Rúa del Carnaval, tuvo como recompensa una gran carpa. Una buena manera de pasar unas horas pescando cerca de casa, en la etapa más corta de mi "Winterreise" (o viaje de invierno) por las zonas libres sin muerte del Llobregat.




JORNADA DE PESCA Nº 781



La penúltima etapa de mi Winterreise (o viaje de invierno) por las zonas libres sin muerte del Llobregat me llevó, en el primer sábado de febrero y en pleno Carnaval, bien cerca de mi casa. En concreto, a la parte más cercana a la desembocadura del río, situada en una de los territorios más industrializados y densamente poblados de Catalunya: el área metropolitana de Barcelona.
Al igual que el año anterior (1), el sábado de Carnaval tenía previsto llevar a mi hija a ver la Rúa y, de paso, aprovechar la ocasión de que disfrutase luciendo su flamante disfraz de la Princesa Anna de "Frozen". Como dicho evento no iba a dar comienzo hasta las cinco y pico de la tarde, decidí aprovechar bien la mañana y el mediodía, yendo a tentar los ciprínidos del tramo de río que los pescadores urbanitas vemos pasar (con su agua casi siempre coloreada entre el marrón chocolate y el verde moco, rodeado por un cinturón de huertos y encajonado en un sarcófago de hormigón y acero en forma de carreteras, autopistas y vías ferreas de diversas velocidades) cuando atravesamos las afueras de la metrópolis o bien en busca de entornos más acordes a nuestra (siempre sesgada y tópica) imagen de la naturaleza, o en pos de la trucha en otro tipo de ríos.
Ya es bien curioso que, mientras aquí desdeñamos la pesca en estos escenarios suburbanos de los hinterlands de populosas ciudades, los cuales damos como a priori perdidos para la práctica de la pesca, en el Reino Unido nuestros amigos de Trout in Dirty Places (2), capitaneados por un simpático y entusiasta pescador llamado Theo Pike, se dedican a restaurar tramos de ríos y canales en medio de zonas urbanas y suburbanas para, nada mas y nada menos, que...¡pescar truchas!.
Por el contrario, en este país cainita y atrasado, la pesca de la trucha esta cada vez más alejada de las clases populares, cada día más limitada a zonas de montaña a donde se restringe, en mor de una supuesta "conservación de la pureza genética", infame programa este impulsado por gentes que se autodenominan "pescadores conservacionistas", que no han parado hasta pedir la catalogación de "especie invasora" para la popular y deportiva trucha arco-iris, la cual algunos no dudan en pescar cuando hacen sus viajes de pesca a otros países y otras latitudes. en donde se repueblan los ríos (generalmente acotados para turistas ricos) con esos peces, que tampoco son autóctonos de allí.
Para colmo de los males, y mientras en otros países, como en Francia, tras muchos años de cometer el error de escuchar a cantamañanas travestidos de ecologistas, se vuelve a repoblar los ríos con todo (y no solo truchas), aquí unos señores, que creen saberlo todo solo por haberse colgado la etiqueta de defensores de la naturaleza, han pedido incluir en un catálogo de "especies aloctonas invasoras" un pez que lleva en nuestros ríos desde los tiempos del Imperio Romano, como es la carpa común.
En fin, queda claro, a tenor de lo dicho con anterioridad, que mientras las naciones adelantadas y civilizadas intentan acercar la pesca recreativa, sana y divertida afición como pocas, al pueblo, restaurando ríos y repoblando los mismos con especies deportivas, aquí se pretende que exterminemos a las que forman la columna vertebral de la pesca en agua dulce desde hace décadas, siglos e incluso milenios, y encima no se para de poner problemas y trabas para que la gente, y en especial la gente mayor y los colectivos económicamente más vulnerables,  puedan ejercer su derecho a pescar. Y así nos va. Y aún puede ir peor, si los políticos siguen escuchando esas voces siniestras, tras la que se ocultan oscuros intereses, que no persiguen otra cosa que restringir la pesca a la categoría de ocio solo para élites privilegiadas. Personalmente, creo que cada cual tiene lo que se merece, y aquí en España los pescadores ya estamos comenzando a pagar nuestra desunión y nuestra tendencia a las rencillas permanentes. El tiempo para salvar la pesca deportiva o recreativa en nuestro país se agota. Ahora, más que nunca es la hora de estar los pescadores unidos para defender nuestros intereses... o de lo contrario nos espera un futuro bien negro.
Por imperativos del calendario eclesiastico lunar, este año el Carnaval  se adelantó a principios de febrero, o sea pleno invierno. A la hora de ir a pescar, más tarde de lo habitual, dada la cercanía del destino de pesca con respecto a mi domicilio, el día era gris, humedo y frío, otro de esos desapacibles en los que somos bien pocos los que, llevados por nuestra incombustible afición, nos metemos de pies al río. Todo y la amenaza de lluvia, apenas si lloviznó durante diez minutos, o un cuarto de hora a lo sumo, más o menos sobre el mediodía horario.
Si bien es cierto que es durante el invierno, y más en inviernos secos como el de este 2016, que tenemos alguna posibilidad de pescar este tramo final del Llobregat con el agua mínimamente clara, en esta ocasión, todo y encontrarme un caudal muy parecido, no tuve la suerte de que se dieran las mismas condiciones de mi visita del sábado de Carnaval del año pasado: esta vez tocó pescar con el agua de un color entre amarronado y verdoso, de los que no permiten casi verte las botas cuando estás metido en el río hasta, más o menos, por las rodillas. 
A las diez de la mañana, una hora muy "de invierno" para comenzar la jornada de pesca, ya estaba a pie de río. En esta ocasión, dado el compromiso que tenía que atender por la tarde, apenas si iba a tener cuatro horas efectivas de acción de pesca (o sea, un poco más de los que para mi es una "media jornada") para lograr tocar escama. Como para nada soy un buen conocedor de este sector del río, ni tampoco tengo mucha idea de como abordar con éxito a carpas y barbos en el mismo, no quise arriesgar y me fuí de cabeza al mismo escenario en que el sábado de Carnaval del año pasado había logrado echar a la sacadera una gran carpa, de esas que quitan el hipo de tan solo verla.    
La estrategia, como siempre en mi muy conservadora, pasaba por pescar solo, exclusivamente y hasta la saciedad, una gran tabla de escasa profundidad  y poco tiro de corriente (como mucho con el agua un par de dedos por debajo de las rodillas) , con algún que otro blando lateral de un poco más de calado, delimitando en la misma un tramo de algo menos de cien metros para literalmente bombardearlo a golpe de ninfas con la misma intensidad que la famosa "lluvia de fuego", entre las artillerías contendientes, de la Batalla de Verdún.
A sabiendas de lo grandes que son las carpas y los barbos de esta zona libre sin muerte, ya vine oportunamente equipado con una herramienta adecuada: la super-potente caña Adams de 9 pies para linea 8, todo una "lanzagranadas", diseñada para pescar lagos  desde "pato" o barca, y ríos grandes con voluminosos streamers. Para no desentonar en el poderoso conjunto, añadí al conector de la cola de rata un bajo de línea de poco más de un metro y medio de hilos de gran calibre (medio metro de 0,22 y un metro de 0,20 en punta), con el fin de lanzar, sin demasiada necesidad de precisión, una sola ninfa bastante pesada (cualquier pheasant tail de color oscuro, en un anzuelo del 10 con bola de tungsteno del 3).
La acción de pesca, resultó de lo más monótono y aburrido: ir lanzando a distancia corta, media y larga, por turnos, de cara al río o en diagonales, dejando que la ninfa fura rebotando con las piedras (u otros obstáculos) del fondo y, en el caso de no tener que ir a dengnacharla, iniciar una deriva baja (en este caso, solo en los lances diagonales) hasta  hacerla dragar lo más abajo posible, antes de iniciar una recogida muy lenta, a tirones cortos, como si se tratase de un streamer.
Lo turbio del agua, el gris ceniciento del cielo y el frío que hacía, se añadieron pronto a la sensación de aburrimiento y me hicieron añorar mi habitual pesca de la trucha, o mis pescas estivales de ciprínidos en entornos con el agua más clara, gozando de ese placer que es pescarlos a vista.
Todo y así, apelé a mi paciencia -quizás mi mejor virtud como pescador, dado el mediocre lanzador y limitado estratega del río que soy- y no cejé en mi empeño de apurar la jornada hasta la una y media o las dos de la tarde, lo más estirar.
Pasadas las doce y media, sin haber recibido ni una picada, y sin haber visto más indicios de presencia de peces que unas rápidas estelas unos veinte metros aguas arriba de donde estaba faenando, fenómeno puntual y que sucedió solo una vez, había ya completado dos veces el periplo de recorrer el tramo prefijado de río. Fue en ese momento cuando tuve muy claro que si tenía que haber una picada, ni que fuera solo una, esa tenía casi todos los números de que sucediese en el único escenario de todo el tramo que podría considerarse lo más cercano a una poza.
Justo al final del tramo, un desnivel de grava en forma de cuña divide el río y, a mi derecha (mirando río arriba), crea una pequeña badina, en la que la profundidad sería, a ojo de buen cubero, como para llegarme un poco más abajo de la entrepierna. Justo y necesario: si algún pez buscase confort en ese tramo, quizás lo buscase allí.
Los  primeros lances no pudieron ser mas descorazonadores pues de los diez primeros. en dos ocasiones, hubo tensión de línea, pero originada por haber trabado troncos sumergidos. Inasequible al desaliento, todo y tener que ordenarme a mi mismo un "alto el fuego" para reponer una ninfa que había perdido, seguí con el bombardeo hasta que otra tensión de línea me hizo temer que hubiese enganchado el tercer tronco de la tanda de enganches. Sin embargo, este "tronco" se movía demasiado para ser materia inanimada, y comprendí que ¡por fin! había un pez al otro lado de la línea, en este caso y tras un tira y afloja muy adrenalínico, una carpa común de las que son habituales en estos pagos, de cerca de 70 centímetros.
Al principio, la batalla con el pez se hizo insulsa (ella hizo valer su peso, yo hice valer la resistencia de mi caña), pero en cuanto se rehizo del mal trago de salir de su confortable letargo, decidió luchar con armas más agresivas y salir disparada de la poza para ganar la corriente y forzar al máximo el equipo. Pero esta vez, aunque no la carpa dudo que lo supiera, llevaba un bajo de línea adecuado, una caña potente y un carrete con un freno progresivo bien regulado, así que de nada le sirvió ni la primera, ni las otras sucesivas carreras, salvo para quedar, al cabo de casi diez minutos de tiras y aflojas, bien extenuada antes de entrar mansamente en un salabre en el cual casi no cabía.
Mientras la hacía unas cuantas fotos, por mi cabeza rondaba el no poder entender, de ninguna manera, que alguien pueda pedir el exterminio de tan bello animal. Ya que en su tiempo los hubo que, para eludir sus compromisos con la defensa del país, se declararon "objetores de conciencia", yo no dudaré en declararme "objetor de matar peces",  a la mínima que alguna Ley llegase a exigir tamaña aberración a los pescadores.
Tras soltar a tan bello animal, comprendí que para esta "jornada reducida" de pesca ya estaba, como dice la popular frase, "to el pescao vendío". La una de la tarde en el reloj me vino a confirmar que el día, a nivel pesca, no iba a dar mucho más de si. Es más, en vez de pensar en que quizás a partir de esta captura, vendrían más, lo que pasó por mi cabeza no fue otra cosa que el admitir que la misma era más fruto de la suerte que de cualquier otro mérito por mi parte.
Todavía apuré la jornada hasta la dos menos cuarto, iniciando un tercer y último recorrido del escenario, pero pescando ya de un modo mecánico y carente de intencionalidad. Lances rápidos y andar por el río sin parsimonia, para volver a lanzar otra nueva granizada de ninfazos a la postura en donde había obtenido la única captura. La misma táctica cansina, esta vez llevada a cabo de un modo acelerado, no funcionó; el día había tenido muy escasa magia, y la poco que hubo la gastó una tan preciosa como rolliza carpa a la que, a buen seguro, debí de poner la ninfa en los mismos morros para que no tuviera que hacer esfuerzo alguno. Un esfuerzo que, dado lo frío, gris y apático del día, entiendo que no tuviese muchas ganas de realizar.
Por supuesto, llegamos a tiempo de ver la Rúa del Carnaval. Una tarde fría, como la de tantos otros Carnavales, en la que algunos y algunas no dudaron en desfilar bien ligeros de ropa. Personalmente, estos saraos me aburren muchísimo, todo y los más que insinuados encantos las bailarinas de las comparsas. Soy así de raro: me divierten cosas que a la mayoría de la gente la mataría de hastio, pero a mi hija le encanta la música y el baile. Tanto como a mi me fascina la música... y la pesca.




(1) Ver el artículo Jornada de Pesca nº 732 del 14/02/2015, en este blog.
(2) En español podría traducirse como "Truchas en lugares sucios", página web británica para promocionar la pesca de truchas y otros peces, generalmente a mosca, en entornos urbanos y suburbanos. 




JORNADA DE PESCA Nº 781




Sábado, 6 de febrero de 2016

Temporada 2015 - 2016 - Nº 16

Zona libre sin muerte del Llobregat - ZLLSM-LL-32. Del puente de Mercabarna (El Prat de Llobregat) a la Riera del Morral del Molí (Abrera).
Río Llobregat

Pescador: Ferran RUBINSTEIN

Capturas: 1 carpa a ninfa

Equipo de pesca a mosca:

Caña: Adams - 9 pies - línea 8
Línea: Adams 8 WF - flotante
Carrete: Adams.

Climatología: nublado y frío

Caudal: bajo

Condiciones de vadeo: vadeable sin dificultad, siendo recomendable el uso de bastón de vadeo.

Hora de inicio de la jornada: 10,00 h.
Hora de finalización de la jornada: 13,45 h.

La música de hoy:

En esta ocasión no han habido audiciones de música clásica, debido a que lo corto del viaje desde mi casa a la zona de pesca, hubiese ocasionado tener que interrumpir obras de mi interés, dejando la audición incompleta. Así pues, preferí escuchar las noticias por la radio.



sábado, 30 de enero de 2016

JP-780. VIAJE DE INVIERNO AL LLOBREGAT LIBRE DE PAGO. TERCERA PARTE: SALVANDO EL BOLO A ÚLTIMA HORA Y A MOSCA SECA. Sábado, 30/01/2016

Una trucha muy especial:  valió una salvada de bolo, en pleno invierno y a mosca seca.





JORNADA DE PESCA Nº 780




¿Que se supone que debe hacer uno, en el caso de creer haber visto un espejismo? Pues, seguramente frotarse los ojos y volver a enfocar la vista hacia el punto en donde el mismo, supuestamente, ha tenido lugar. Si después de volver a mirar uno lo sigue viendo y si, de nuevo, tras otro frotamiento ocular y posterior enfocado del objetivo, la imagen sigue siendo evidente, podemos comenzar a pensar que quizás no se trate ni de una fata morgana ni tampoco de un fenómeno paranormal, sino que realmente estamos viendo algo real.
Un espejismo, o una imagen creada por alguna jugarreta de mi mente, es lo que creí ver en una amplia tabla del río, en una de las zonas libres del Llobregat de la comarca del Berguedà, a esa hora tan indefinida de una fría tarde de invierno como puede ser entre las dos y media y las tres, o sea ¿primera hora?¿bien entrada la misma?, y tras haber pasado una mañana y un mediodía tediosos, vareando un río que parecía carente de todo rastro de vida íctica. Pero tras varios frotamientos de ojos y posteriores focalizaciones, no me cupo la menor duda de lo que estaba viendo eran una, dos, tres, cuatro...¡cebas!. Si, si, putas y puñeteras cebas, las primeras que veía en todo un día de frío, aburrimiento y desesperanza. Jodidas cebas que aparecían ahora, que ya estaba físicamente agotado y moralmente derrotado, justo en un punto del río muy cercano a donde había comenzado a pescar por la mañana, pintada en esta ocasión de un gris invernal, todo y que en aquella hora prima de la jornada  (la del frío en el rostro, el regusto salado del bacon del desayuno en el paladar, y el apretón intestinal que pide ser resuelto en la confidencialidad que brinda un oportuno arbusto) allí el río estuvo tan mudo e insustancial como durante el resto del día... hasta ese momento.
Sabía bien que se me presentaban las últimas oportunidades de tocar escama por ese día. Esta pequeña alegría, que en los días de invierno se da con cuentagotas, como es la actividad en superficie de los peces, dura poco y nada. Ahora comían algunos peces, que suponía eran truchas, cebándose a una tímida eclosión de bétidos, pero esa actividad, como pasa a menudo en la estación más fría del año, podía terminar súbitamente, como quien acciona un interruptor para quitar la luz .
Ahora, vendría cuando os cuento que, vistas las cebas, me pongo de nuevo a pescar, adaptando mi estrategia, o no, a este, en este caso, tan relevante hecho. Pero de momento, la narración se interrumpe aquí, pues ya veis que he comenzado, y os confieso que expresamente, la casa por el tejado con el fin de llamar vuestra atención y de que sigáis leyendo este relato. Muchas gracias por llegar hasta este punto, pero con vuestro permiso voy a dejar el desenlace del mismo para su lugar cronológicamente natural (o sea, el final), pasando desde el párrafo que viene a contar las cosas desde el principio.
Dado el desfase cronológico entre la fecha de las jornadas de pesca y el día, o días, en que tengo ocasión de ponerme al teclado del ordenador para escribirlas, resulta que a mediados de un soleado y prematuramente caluroso mes de abril estoy todavía escribiendo acerca de una jornada más del Wintereise de este invierno pasado a las zonas libres sin muerte del Llobregat, durante los meses de enero y febrero.
Este, que ya he comenzado a contar, a modo de introducción, desde su casi final, tuvo lugar el último sábado del mes de enero. Un día de esos que invitan poco o nada a estar en el río: anodino, gris y apático, con temperatura fría, aunque no negativa, gran carga de humedad ambiental y ausencia de sol, oculto por una gruesa capa de nubes de las cuales, sin embargo, no se desprendió ni una gota de agua. A partir de primera hora de la tarde la nubosidad se fue disipando e incluso apareció el sol, todo y que ya cercano a su ocaso, pero esto solo sirvió para que incluso bajase la temperatura, que quedó rozando el cero del termómetro tan pronto oscureció.
Habían pasado dos semanas, desde mi última salida de pesca, pues había intercalado entre esa y la presente una excursión a la Sierra de Prades, para hacer un recorrido senderista con mis amigos del centro excursionista del que soy socio, y el río Llobregat, a su paso por las latitudes bajas de la comarca del Berguedà seguía con un caudal de lo más bajo, cosa bastante normal en esta época del año. Eso si, la ausencia de lluvias, que este pasado invierno llegó a ser incluso alarmante, seguía manteniendo el río con el agua tan clara y prístina como hacía muchos años no veía tan abajo de la presa de La Baells.
Tras los relativamente buenos resultados de la jornada anterior, que podéis leer en este, vuestro blog, lo normal en mi, dada mi tendencia nata al poco riesgo y la auto complacencia, hubiera sido volver al mismo sitio y seguir insistiendo en los mismos escenarios y con los mismos señuelos. Sin embargo, por esta vez decidí, incluso sorprendiéndome a mi mismo, romper con el proceder habitual y presentar batalla por sorpresa en otro frente bien distinto.
Así pues, me planté en otra de las tres zonas libres sin muerte de la comarca, en las que la ley permite capturar y soltar truchas todo el año (de hecho están fuera de lo que la Ley considera "aguas trucheras"), para pescar un tramo de la misma en que hacía ¡más de quince años! que no pescaba. Claro que, por aquel entonces, esta zona libre sin muerte formaba parte de un extenso coto, que en ese tiempo era tradicional, con calendario de "temporada truchera", en el que se efectuaban repoblaciones con regularidad.
Todo y lo bajo del caudal del río, dado lo bien que me había ido la jornada anterior con el cambio de estrategia, decidí renunciar de entrada al "jogo bonito", y pasé desde el primer minuto del "partido" a prospectar minuciosamente todo escenario con un par de ninfas de considerable volumen y generoso tungsteno, lo mas "al hilo" que pueda permitir una caña de nueve pies. El hecho de que no eligiese una caña y una linea para pescar "al hilo" (de hecho tengo en mi arsenal una Guideline Fario de 10 pies para línea 4) es que no pierdo la fe en terminar sacando cola de rata, tan pronto las truchas me den ocasión de pescarlas usando ninfas ligeras, tándems o moscas secas.
Al no haber actividad, y al estar los peces totalmente pasivos a lo largo de toda la mañana y el mediodía, no me quedó otra que ir "haciendo río", siempre de subida, e ir probando en diferentes tipos de escenarios, entre los que predominaron, sobre todo, corrientes de poca velocidad y anchas tablas.
Como he dicho algunos párrafos más arriba, la jornada fue de lo más aburrida que cabe imaginar. Por suerte, en las dos semanas transcurridas desde mi anterior cita con el río, había tenido tiempo de reparar el pinchazo del vadeador, y por lo menos estuve confortablemente seco mientas me aburría. Para matar el tedio de ver siempre el combo de ninfas llegar a dragar, aguas abajo, sin haber recibido ni una picada, al menos me quedó el ir quitando verdín y algas de los anzuelos para romper la rutina.
Con tamaña falta de emociones, mi mente reacia siempre a recalentar las neuronas con problemas pragmáticos o existenciales, se fue llenando de fragmentos de música, y así pusieron banda sonora a este monótono batir el río a golpe de ninfas desde el Concierto para Piano y Orquesta de Jozef Wieniawski, una obra que he descubierto recientemente, hasta Octavas y Novenas Sinfonías de Bruckner dirigidas por Baremboim o Mehta, pasando por Terceras de Brahms por Karajan, Novenas de Mahler por Haitink, o la Cuarta de Martinú, dirigida por Fagen, supongo que esta última como anhelo de una primavera que, en ese momento, parecía lejana en el tiempo. Como cerca de cuatro horas y media de andar zurrando el río dan para mucho incluso aparecieron, ya a partir de la tercera hora y pico ¡jugarretas de la mente!, los Boney M bajando en rafting por un Río de Babilonia, la sensual Raffaella Carrá de mis catorce años, embutida en unas estrechísimas mallas de lentejuelas, cantando acerca de un corazón que explotaba, o la tan triste como bella Celine Dion cantando una canción en Fa mayor acerca del hundimiento del buque más grande jamás construido, con una pareja de enamorados dentro.
De hecho, cuando volvía, siempre con un ojo puesto en el río por si se producía "algún milagro", al punto en donde había comenzado a pescar, estaba tarareando la canción favorita de mi hija, Let it go! de la película de dibujos animados "Frozen", cuando... creí ver un espejismo.
Confirmadas las cebas, constaté que las mismas se estaban produciendo aguas abajo de mi posición en una tabla ancha con un mínimo de velocidad de agua. No eran del todo aguas paradas, dado que si que había algunas ligeras vetas de corriente, aunque los anillos no se producían casi siempre sobre dichas vetas.
La eclosión de bétidos era evidente, pero para nada abundante. La forma de los anillos de ceba delataban que los peces, presuntamente truchas, que se decidían a comer lo hacían tanto a estadios emergentes como adultos de las efémeras. Otro tema a calibrar bien, si es que finalmente me decidía a "entrar en combate", o lo mandaba todo "al carallo" y me iba ya para el coche primero, y para el bar después, tarareando la canción de "Frozen".
Como no había visto a nadie pescando, en todo el día, supuse que a esa hora, que es la que en nuestro país la gente suele estar comiendo o, como mucho, iniciando la sobremesa, generalmente televisiva, no me dí ninguna prisa en abordar el reinicio de la acción de pesca, ya que era muy improbable que nadie saliese, de improviso, de en medio del bosque, como por arte de birlibirloque, y se pusiese a tentar esos peces. Así pues, en vez de ponerme a empatar un nuevo bajo de línea, temblando como un flan, debido a los nervios generados por la expectativa de, ¡por fin!, poder salvar el bolo, lo que hice fueron las siguientes tres cosas, por este orden:

1 - Orinar, con cuidado de no salpicar el vadeador, pues es bien sabido que la acción de pesca, y también la estrategia, se aborda mejor con la vejiga vacía.
2 - Beber algo. En este caso, para no variar, uno de mis sempiternos tes con limón, pues incluso en los días fríos del invierno uno acaba teniendo sed, tarde o temprano, e hidratarse es fundamental cuando se hace deporte, y la pesca, entre otras cosas, también es eso.
3 -.Fumar con calma un cigarrillo, y aprovechar esa pequeña pausa para el humo tóxico e insalubre para concentrarse en como iba a intentar salvar el bolo.

La intuición me dijo que no valía la pena intentarlo pescando aguas abajo, ni aun haciendo valer el argumento de que las truchas verían así la mosca antes que el hilo. En contra de esta opción estaba el que si lanzaba desde relativamente lejos, como estaba, sería muy difícil controlar la deriva sin que dragase la mosca, mientras que si me acercaba más terminarían viéndome, desconfiarían y la actividad cesaría.
Armándome de paciencia, sin dejar de mirar si seguían cebándose, dí un rodeo por una orilla totalmente emboscada y repleta de zarzas y espadañas para ganarles la cola a las truchas.
Al volver a entrar en el río, maldiciendo la costra de cieno pestilente adherida a la orilla en la que me quedé literalmente adherido, tenía a mis objetivos a unos diez metros de distancia. Sin embargo, dichos objetivos se habían reducido sensiblemente. En ese momento, solo se veían dos cebas con cadencia: una sobre la veta central de ligera corriente de la taba, y otra muy arrimada a un árbol de la orilla contraria, ligeramente paralela a la más centrada.
Se me iban acabando las oportunidades. La intuición me volvió a decir que el breve festín de las truchas de esa postura en concreto estaba a punto de terminar. Urgía, pues, tomar una decisión rápida, y ejecutarla aún a riesgo de errar.
Diez metros no son una distancia complicada para lanzar, y podía ejecutar el lance cómodamente al no tener obstáculos a mi espalda. El quid de la cuestión iba a ser la mosca. Valiéndome del razonamiento de que si una trucha come imagos, posiblemente también habrá probado los subimagos, empaté al terminal uno de mis comodines más resultones: una imitación generalista de mosca emergente en un anzuelo del 18, en color gris, con hackle, alas y una exhuvia de polywing color ginger.
Evidentemente, no perdí el tiempo, y fuí directo a tentar el pez del medio de la tabla, confiando en que la leve veta de corriente me pudiera servir para enmascarar derivas defectuosas.
Uno , dos, tres lances y derivas y... a la cuarta noté como una burbuja de succión y al clavar noté tensión en la línea. ¡El pez había tomado la emergente cuando empezaba a ahogarse!. Se trataba de una preciosa fario, de buen tamaño. Todo y que tampoco estaba ofreciendo una resistencia extraordinaria, me concentré al máximo para no perder en la batalla a esa pintona que podría significar salvar el bolo, en un día en que el mismo parecía predestinado. Nada más entrar en la sacadera, se me escapó un potente, gutural y simiesco

¡¡Sííííííííííííííííííííí!!

de pura euforia, muy similar (yo creo que incluso más fuerte) que el que gritó Cristiano Ronaldo cuando ganó su último Balón de Oro.      
Devuelta la preciosa pintona, de unos 35 cms., al río (un ejemplar nacido en el mismo, pero de evidentes antepasados de genética atlántica, o sea descendiente de repoblaciones lejanas en el tiempo), tras haberle hecho la preceptiva foto para tener un recuerdo de ella, salí a la orilla, me senté y me puse a fumar "el cigarrillo de la victoria" con toda la parsimonia del mundo. 
Y tras esto...¿ya estaba todo el pescado vendido?. La verdad es que tras terminar de fumar aun estuve un observando el río un rato más,. a ver si volvía la actividad pero, al menos en esa postura, el mismo había quedado tan mudo y carente de señales de vida, como lo había estado antes de que se produjera el pequeño milagro del día.
Quizás, ya era hora de dejarlo estar por ese día. Pero tras tantas horas de cielos grises y humedad, la tarde había quedado despejada. Solo eran un poco más de las cuatro menos cuarto, y algo me decía que "todavía había partido".
Viendo que este episodio de cebas se había producido en una tabla, y sabiendo que río arriba y a menos de cinco minutos a pie se encontraba otro escenario similar, me dispuse a hacer una última tentativa de volver a tocar escama.
¡Mirad por donde! Todo fue llegar y ver al menos dos cebas. Sin embargo, esta vez lo tenía mucho más complicado, pues las mismas se producían sobre los metros finales de la tabla, justo donde un desnivel hace ganar fuerza a la corriente. Dado que no podía entrar en el río aguas arriba, por lo enmarañado de la vegetación y el obstáculo añadido de un árbol cruzado en medio de la tabla, no me quedaba otra que intentar presentar la mosca lanzando desde la misma corriente viva hacia el final de la tabla. Esto implicaba que nada más caer la cola de rata, esta ya arrastraba el bajo de línea y la mosca dragaba nada más posarse en el agua.
Solución: pues alargar el bajo y apilar el máximo de linea, para que cayendo laxa y desmadejada tardase algo mas en arrastrar terminal y mosca. Todo y la teoría, este del de línea apilada no es un lance fácil y además estaba cansado tras una larga jornada pateando por el río. Me apliqué mucho en poder apilar linea, e incluso alargue el bajo un poco más, pero para cuando ya estaba lanzando bien y presentando decentemente... o bien dejaron las truchas de cebarse, o algunos de mis malos lances previos las espantaron. El caso es que la alegría de un "segundo milagro del día" duró menos que un caramelo a la puerta de un colegio.
Game over!, Fin del partido. ¡Que cosas tienen la pesca!. Un día que empieza mal y continúa peor, va y se arregla pescando una única y puñetera trucha (a mosca seca, en invierno y en una zona libre sin muerte, eso si y que conste en acta), y al final volvía al coche con la sensación de haber ganado la Champions League. Claro está que también hay grandes finales en la historia del fútbol que se han ganado por un solo gol,. y encima de penalty, e incluso las hay que han terminado con el triunfo del equipo que más ha aburrido a la concurrencia. Asimismo, en lo que a pesca se refiere, también hay días de abundancia de capturas en los que uno sale del río con una extraña sensación de haber disfrutado poco, y otros en que una sola captura y las circunstancias que la rodean te hacen sentir como flotando en una nube.
Por cierto. Deje de silbar Let It go! cuando llegué al coche.     
    




JORNADA DE PESCA Nº 780



Sábado, 30 de enero de 2016

Temporada 2015 - 2016 - Nº 15


Zona libre sin muerte del Llobregat (ciprínidos) - El Berguedà
Río Llobregat

Pescador: Ferran RUBINSTEIN

Capturas: 1 trucha fario a mosca seca

Equipo de pesca a mosca:

Caña: Vision GT-Four - 9 pies - línea 5
Línea: Adams 6 WF - flotante
Carrete: Sage 4550

Climatología: mañana y mediodía: nubes altas y temperatura fría, pero sin valores negativos; tarde: soleada y fría.

Caudal: bajo

Condiciones de vadeo: vadeo sin dificultad, siendo recomendable el uso del bastón de vadeo.

Hora de inicio de la jornada: 10,15 h.
Hora de finalización de la jornada: 16,30 h.

La música de hoy:

Viaje de ida:

Sinfonía nº 1
Giovanni Sgambati

Fantasía sobre temas de "El Barbero de Sevilla" de Rossini
Sigismond Thalberg

Viaje de vuelta:

Sinfonía nº 2
Ignacy Feliks Dobrzynski

Concierto para piano y orquesta en "SOL" menor
Jozef Wieniawski

"Kol Nidrei"
Max Bruch


Líneas Tensas!





Ferran RUBINSTEIN