"Si, al igual que yo, sois de los que creeis que tenéis poco que enseñar, mucho que aprender y aún más que compartir, éste es vuestro blog".
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sábado, 6 de febrero de 2016

JP-781. VIAJE DE INVIERNO AL LLOBREGAT LIBRE DE PAGO. CUARTA PARTE: JORNADA CORTA Y CARPA GRANDE, ANTES DE IR A LA RÚA DEL CARNAVAL.



Una jornada de corta duración, previa a la Rúa del Carnaval, tuvo como recompensa una gran carpa. Una buena manera de pasar unas horas pescando cerca de casa, en la etapa más corta de mi "Winterreise" (o viaje de invierno) por las zonas libres sin muerte del Llobregat.




JORNADA DE PESCA Nº 781



La penúltima etapa de mi Winterreise (o viaje de invierno) por las zonas libres sin muerte del Llobregat me llevó, en el primer sábado de febrero y en pleno Carnaval, bien cerca de mi casa. En concreto, a la parte más cercana a la desembocadura del río, situada en una de los territorios más industrializados y densamente poblados de Catalunya: el área metropolitana de Barcelona.
Al igual que el año anterior (1), el sábado de Carnaval tenía previsto llevar a mi hija a ver la Rúa y, de paso, aprovechar la ocasión de que disfrutase luciendo su flamante disfraz de la Princesa Anna de "Frozen". Como dicho evento no iba a dar comienzo hasta las cinco y pico de la tarde, decidí aprovechar bien la mañana y el mediodía, yendo a tentar los ciprínidos del tramo de río que los pescadores urbanitas vemos pasar (con su agua casi siempre coloreada entre el marrón chocolate y el verde moco, rodeado por un cinturón de huertos y encajonado en un sarcófago de hormigón y acero en forma de carreteras, autopistas y vías ferreas de diversas velocidades) cuando atravesamos las afueras de la metrópolis o bien en busca de entornos más acordes a nuestra (siempre sesgada y tópica) imagen de la naturaleza, o en pos de la trucha en otro tipo de ríos.
Ya es bien curioso que, mientras aquí desdeñamos la pesca en estos escenarios suburbanos de los hinterlands de populosas ciudades, los cuales damos como a priori perdidos para la práctica de la pesca, en el Reino Unido nuestros amigos de Trout in Dirty Places (2), capitaneados por un simpático y entusiasta pescador llamado Theo Pike, se dedican a restaurar tramos de ríos y canales en medio de zonas urbanas y suburbanas para, nada mas y nada menos, que...¡pescar truchas!.
Por el contrario, en este país cainita y atrasado, la pesca de la trucha esta cada vez más alejada de las clases populares, cada día más limitada a zonas de montaña a donde se restringe, en mor de una supuesta "conservación de la pureza genética", infame programa este impulsado por gentes que se autodenominan "pescadores conservacionistas", que no han parado hasta pedir la catalogación de "especie invasora" para la popular y deportiva trucha arco-iris, la cual algunos no dudan en pescar cuando hacen sus viajes de pesca a otros países y otras latitudes. en donde se repueblan los ríos (generalmente acotados para turistas ricos) con esos peces, que tampoco son autóctonos de allí.
Para colmo de los males, y mientras en otros países, como en Francia, tras muchos años de cometer el error de escuchar a cantamañanas travestidos de ecologistas, se vuelve a repoblar los ríos con todo (y no solo truchas), aquí unos señores, que creen saberlo todo solo por haberse colgado la etiqueta de defensores de la naturaleza, han pedido incluir en un catálogo de "especies aloctonas invasoras" un pez que lleva en nuestros ríos desde los tiempos del Imperio Romano, como es la carpa común.
En fin, queda claro, a tenor de lo dicho con anterioridad, que mientras las naciones adelantadas y civilizadas intentan acercar la pesca recreativa, sana y divertida afición como pocas, al pueblo, restaurando ríos y repoblando los mismos con especies deportivas, aquí se pretende que exterminemos a las que forman la columna vertebral de la pesca en agua dulce desde hace décadas, siglos e incluso milenios, y encima no se para de poner problemas y trabas para que la gente, y en especial la gente mayor y los colectivos económicamente más vulnerables,  puedan ejercer su derecho a pescar. Y así nos va. Y aún puede ir peor, si los políticos siguen escuchando esas voces siniestras, tras la que se ocultan oscuros intereses, que no persiguen otra cosa que restringir la pesca a la categoría de ocio solo para élites privilegiadas. Personalmente, creo que cada cual tiene lo que se merece, y aquí en España los pescadores ya estamos comenzando a pagar nuestra desunión y nuestra tendencia a las rencillas permanentes. El tiempo para salvar la pesca deportiva o recreativa en nuestro país se agota. Ahora, más que nunca es la hora de estar los pescadores unidos para defender nuestros intereses... o de lo contrario nos espera un futuro bien negro.
Por imperativos del calendario eclesiastico lunar, este año el Carnaval  se adelantó a principios de febrero, o sea pleno invierno. A la hora de ir a pescar, más tarde de lo habitual, dada la cercanía del destino de pesca con respecto a mi domicilio, el día era gris, humedo y frío, otro de esos desapacibles en los que somos bien pocos los que, llevados por nuestra incombustible afición, nos metemos de pies al río. Todo y la amenaza de lluvia, apenas si lloviznó durante diez minutos, o un cuarto de hora a lo sumo, más o menos sobre el mediodía horario.
Si bien es cierto que es durante el invierno, y más en inviernos secos como el de este 2016, que tenemos alguna posibilidad de pescar este tramo final del Llobregat con el agua mínimamente clara, en esta ocasión, todo y encontrarme un caudal muy parecido, no tuve la suerte de que se dieran las mismas condiciones de mi visita del sábado de Carnaval del año pasado: esta vez tocó pescar con el agua de un color entre amarronado y verdoso, de los que no permiten casi verte las botas cuando estás metido en el río hasta, más o menos, por las rodillas. 
A las diez de la mañana, una hora muy "de invierno" para comenzar la jornada de pesca, ya estaba a pie de río. En esta ocasión, dado el compromiso que tenía que atender por la tarde, apenas si iba a tener cuatro horas efectivas de acción de pesca (o sea, un poco más de los que para mi es una "media jornada") para lograr tocar escama. Como para nada soy un buen conocedor de este sector del río, ni tampoco tengo mucha idea de como abordar con éxito a carpas y barbos en el mismo, no quise arriesgar y me fuí de cabeza al mismo escenario en que el sábado de Carnaval del año pasado había logrado echar a la sacadera una gran carpa, de esas que quitan el hipo de tan solo verla.    
La estrategia, como siempre en mi muy conservadora, pasaba por pescar solo, exclusivamente y hasta la saciedad, una gran tabla de escasa profundidad  y poco tiro de corriente (como mucho con el agua un par de dedos por debajo de las rodillas) , con algún que otro blando lateral de un poco más de calado, delimitando en la misma un tramo de algo menos de cien metros para literalmente bombardearlo a golpe de ninfas con la misma intensidad que la famosa "lluvia de fuego", entre las artillerías contendientes, de la Batalla de Verdún.
A sabiendas de lo grandes que son las carpas y los barbos de esta zona libre sin muerte, ya vine oportunamente equipado con una herramienta adecuada: la super-potente caña Adams de 9 pies para linea 8, todo una "lanzagranadas", diseñada para pescar lagos  desde "pato" o barca, y ríos grandes con voluminosos streamers. Para no desentonar en el poderoso conjunto, añadí al conector de la cola de rata un bajo de línea de poco más de un metro y medio de hilos de gran calibre (medio metro de 0,22 y un metro de 0,20 en punta), con el fin de lanzar, sin demasiada necesidad de precisión, una sola ninfa bastante pesada (cualquier pheasant tail de color oscuro, en un anzuelo del 10 con bola de tungsteno del 3).
La acción de pesca, resultó de lo más monótono y aburrido: ir lanzando a distancia corta, media y larga, por turnos, de cara al río o en diagonales, dejando que la ninfa fura rebotando con las piedras (u otros obstáculos) del fondo y, en el caso de no tener que ir a dengnacharla, iniciar una deriva baja (en este caso, solo en los lances diagonales) hasta  hacerla dragar lo más abajo posible, antes de iniciar una recogida muy lenta, a tirones cortos, como si se tratase de un streamer.
Lo turbio del agua, el gris ceniciento del cielo y el frío que hacía, se añadieron pronto a la sensación de aburrimiento y me hicieron añorar mi habitual pesca de la trucha, o mis pescas estivales de ciprínidos en entornos con el agua más clara, gozando de ese placer que es pescarlos a vista.
Todo y así, apelé a mi paciencia -quizás mi mejor virtud como pescador, dado el mediocre lanzador y limitado estratega del río que soy- y no cejé en mi empeño de apurar la jornada hasta la una y media o las dos de la tarde, lo más estirar.
Pasadas las doce y media, sin haber recibido ni una picada, y sin haber visto más indicios de presencia de peces que unas rápidas estelas unos veinte metros aguas arriba de donde estaba faenando, fenómeno puntual y que sucedió solo una vez, había ya completado dos veces el periplo de recorrer el tramo prefijado de río. Fue en ese momento cuando tuve muy claro que si tenía que haber una picada, ni que fuera solo una, esa tenía casi todos los números de que sucediese en el único escenario de todo el tramo que podría considerarse lo más cercano a una poza.
Justo al final del tramo, un desnivel de grava en forma de cuña divide el río y, a mi derecha (mirando río arriba), crea una pequeña badina, en la que la profundidad sería, a ojo de buen cubero, como para llegarme un poco más abajo de la entrepierna. Justo y necesario: si algún pez buscase confort en ese tramo, quizás lo buscase allí.
Los  primeros lances no pudieron ser mas descorazonadores pues de los diez primeros. en dos ocasiones, hubo tensión de línea, pero originada por haber trabado troncos sumergidos. Inasequible al desaliento, todo y tener que ordenarme a mi mismo un "alto el fuego" para reponer una ninfa que había perdido, seguí con el bombardeo hasta que otra tensión de línea me hizo temer que hubiese enganchado el tercer tronco de la tanda de enganches. Sin embargo, este "tronco" se movía demasiado para ser materia inanimada, y comprendí que ¡por fin! había un pez al otro lado de la línea, en este caso y tras un tira y afloja muy adrenalínico, una carpa común de las que son habituales en estos pagos, de cerca de 70 centímetros.
Al principio, la batalla con el pez se hizo insulsa (ella hizo valer su peso, yo hice valer la resistencia de mi caña), pero en cuanto se rehizo del mal trago de salir de su confortable letargo, decidió luchar con armas más agresivas y salir disparada de la poza para ganar la corriente y forzar al máximo el equipo. Pero esta vez, aunque no la carpa dudo que lo supiera, llevaba un bajo de línea adecuado, una caña potente y un carrete con un freno progresivo bien regulado, así que de nada le sirvió ni la primera, ni las otras sucesivas carreras, salvo para quedar, al cabo de casi diez minutos de tiras y aflojas, bien extenuada antes de entrar mansamente en un salabre en el cual casi no cabía.
Mientras la hacía unas cuantas fotos, por mi cabeza rondaba el no poder entender, de ninguna manera, que alguien pueda pedir el exterminio de tan bello animal. Ya que en su tiempo los hubo que, para eludir sus compromisos con la defensa del país, se declararon "objetores de conciencia", yo no dudaré en declararme "objetor de matar peces",  a la mínima que alguna Ley llegase a exigir tamaña aberración a los pescadores.
Tras soltar a tan bello animal, comprendí que para esta "jornada reducida" de pesca ya estaba, como dice la popular frase, "to el pescao vendío". La una de la tarde en el reloj me vino a confirmar que el día, a nivel pesca, no iba a dar mucho más de si. Es más, en vez de pensar en que quizás a partir de esta captura, vendrían más, lo que pasó por mi cabeza no fue otra cosa que el admitir que la misma era más fruto de la suerte que de cualquier otro mérito por mi parte.
Todavía apuré la jornada hasta la dos menos cuarto, iniciando un tercer y último recorrido del escenario, pero pescando ya de un modo mecánico y carente de intencionalidad. Lances rápidos y andar por el río sin parsimonia, para volver a lanzar otra nueva granizada de ninfazos a la postura en donde había obtenido la única captura. La misma táctica cansina, esta vez llevada a cabo de un modo acelerado, no funcionó; el día había tenido muy escasa magia, y la poco que hubo la gastó una tan preciosa como rolliza carpa a la que, a buen seguro, debí de poner la ninfa en los mismos morros para que no tuviera que hacer esfuerzo alguno. Un esfuerzo que, dado lo frío, gris y apático del día, entiendo que no tuviese muchas ganas de realizar.
Por supuesto, llegamos a tiempo de ver la Rúa del Carnaval. Una tarde fría, como la de tantos otros Carnavales, en la que algunos y algunas no dudaron en desfilar bien ligeros de ropa. Personalmente, estos saraos me aburren muchísimo, todo y los más que insinuados encantos las bailarinas de las comparsas. Soy así de raro: me divierten cosas que a la mayoría de la gente la mataría de hastio, pero a mi hija le encanta la música y el baile. Tanto como a mi me fascina la música... y la pesca.




(1) Ver el artículo Jornada de Pesca nº 732 del 14/02/2015, en este blog.
(2) En español podría traducirse como "Truchas en lugares sucios", página web británica para promocionar la pesca de truchas y otros peces, generalmente a mosca, en entornos urbanos y suburbanos. 




JORNADA DE PESCA Nº 781




Sábado, 6 de febrero de 2016

Temporada 2015 - 2016 - Nº 16

Zona libre sin muerte del Llobregat - ZLLSM-LL-32. Del puente de Mercabarna (El Prat de Llobregat) a la Riera del Morral del Molí (Abrera).
Río Llobregat

Pescador: Ferran RUBINSTEIN

Capturas: 1 carpa a ninfa

Equipo de pesca a mosca:

Caña: Adams - 9 pies - línea 8
Línea: Adams 8 WF - flotante
Carrete: Adams.

Climatología: nublado y frío

Caudal: bajo

Condiciones de vadeo: vadeable sin dificultad, siendo recomendable el uso de bastón de vadeo.

Hora de inicio de la jornada: 10,00 h.
Hora de finalización de la jornada: 13,45 h.

La música de hoy:

En esta ocasión no han habido audiciones de música clásica, debido a que lo corto del viaje desde mi casa a la zona de pesca, hubiese ocasionado tener que interrumpir obras de mi interés, dejando la audición incompleta. Así pues, preferí escuchar las noticias por la radio.



miércoles, 2 de septiembre de 2015

JP-759. MAGIC ANGLÈS EDICIÓN VERANO: GRANDES IRISADAS, FARIOS BONITAS Y UNAS INVITADAS INESPERADAS. Sábado, 29/08/2015


Un buen regalo de cumpleaños, de parte de Magic Anglès: una gran trucha arco-iris nativa del mismo río.


La reciente, y muy generosa, repoblación con grandes ejemplares de trucha arco-iris permitió una jornada de diversión y capturas, con el aliciente de luchar contra peces potentes.

No pueden faltar las farios, de diversos orígenes y genéticas, a la gran fiesta del verano en Magic Anglès.


Algunos rincones de este tramo del Río Ter, son muy propicios para los ciprínidos. Además de los habituales barbos, me he llevado la grata sorpresa, tras muchos años pescando en este coto intensivo, de dar con un cardumen de bermejuelas en una balsa, en la que habitualmente conviven truchas, barbos y alguna carpa. 



JORNADA DE PESCA Nº 759



Finalizadas las vacaciones de verano, la primera de las jornadas de pesca, tras la presunta "vuelta a la normalidad", coincidió con el sábado del fin de semana previo a mi cumpleaños, el 31 de agosto, que este año cayó en lunes.
Poco me imaginaba, que en el último día de pesca de mi quincuagésimo primer año iba a recibir unos muy buenos regalos en "Magic Anglès", coto elegido para la ocasión, tras una larga ausencia desde el pasado mes de abril.
Todo y lo decepcionante de mi última visita a este coto de Anglès-El Pasteral (1), tras una larga ausencia, y tras no haberle dedicado ni una salida durante mi período vacacional, más que nada por hallarse muy lejos de Cubelles, en donde estuve de veraneo, no me pude resistir a la tentación de ir a comprobar si había recuperado su esplendor habitual, máxime cuando este último sábado de mes podría acortar el viaje partiendo desde Barcelona.
Debo reconocer, que un aliciente adicional para incentivarme a ir a "Magic Anglès", fue la tan cacareada en las redes sociales repoblación con trucha arco-iris de gran tamaño. Todo y así, en condiciones normales, en este coto también es posible pescar vistosas truchas fario, e incluso pelearse con espectaculares irisadas de gran tamaño nacidas en el mismo río.
En ese día de pleno verano, de sol radiante y tórridas temperaturas, agradecí mucho el haber madrugado para poder pescar, al menos unas cuantas horas, al relativo frescor de la primera hora de la mañana. Lo que si que no me esperaba, a tenor de mis experiencias en Anglès en fechas estivales de años precedentes, era encontrarme el río Ter, aguas abajo de la presa del Pasteral, con un caudal tan bajo como el mínimo ecológico, que apenas observan los gestores del agua, propio del otoño e invierno y terminada la campaña de regadíos. Ignoro el motivo, pero según me han comentado algunos pescadores que han frecuentado este verano el coto, muy pocos han sido los días en que han abierto la compuerta más allá de los 7 m3/seg., mientras que en veranos anteriores, tal y como podéis leer en artículos del archivo de este blog, lo habitual era un caudal de entre 11 y 14 m3/seg., con días punta de incluso 22 m3/seg.
Pese a lo muy divertido de la jornada, repleta de emociones y capturas, a nivel técnico tengo más bien poco que explicar, ya que bastó con pescar los pocos, pero profusamente prospectados, escenarios elegidos (corrientes moderadas, de poco calado, y una gran poza) "a la polaca" con un par de ninfas para ir metiendo peces en el salabre, deleitarme con la brava pelea de grandes truchas, y llevarme más de alguna sorpresa, como podréis leer más adelante. La excepción fue el tiempo que dediqué a pescar una balsa, con un método de pesca a ninfa que si bien no es innovador, no había practicado hasta la fecha.
Un poco después del mediodía horario, y tras haber comenzado a pescar a las nueve y cuarto de la mañana, apareció por el río, vestido de calle, mi amigo Carles Vivé, veterano mosquero y en su tiempo articulista de la prensa especializada en pesca. Hasta ese momento, apenas si había avanzado cien metros de una postura de corrientes moderadas de poca profundidad, y ya había capturado y soltado 7 truchas arco-iris de gran tamaño, de entre 30 y 40 cms., incluyendo un sorprendente ejemplar de irisada nacida en el mismo río (librea atrigrada y poderosas alets rojizas) de un poco más de 45 cms., y 2 bellas farios, ambas de unos 30 cms., de indudable origen atlántico, a tenor de su librea marrón con grandes pintas.
Con mi amigo Carles, había quedado, más que para pescar, para intercambiar unos materiales de pesca. Así que abandonamos por un rato el río, yendo a donde teníamos aparcados los coches, para realizar los oportunos trueques. El motivo de no cambiarse, venía dado por haber decidido ir a pescar, a poder ser a mosca seca, a un tramo de la zona libre sin muerte, más abajo del puente de Sant Julià de Llor, que conoce muy bien. Tras un rato de amena y educativa tertulia, ya que Carles es toda una enciclopedia viviente de la pesca con mosca, en la que me reportó algunos de sus éxitos en su nueva etapa como guia de pesca, quedamos para ir a merendar a La Cellera de Ter tras finalizar nuestras respectivas jornadas. Ya sabéis, aquello tan moderno de "ponme un Whatsapp cuando termines".
Cerca de la una de la tarde, soportando un calor realmente africano, reemprendí la acción de pesca en donde la había dejado. La actividad de los peces, por lo menos por debajo del agua, no había cambiado, pero por lo visto mi suerte si, yendo a peor, pues vi con desesperación como se me escapaban 3 grandes truchas irisadas más, de esas grandes de repoblación que de un modo simpático apodamos como "barras de pan", tanto por mala gestión por mi parte de la pelea, al desclavarse  la ninfa de la boca del pez. Por suerte, con las tres picadas siguientes estuve más eficiente en el combate, lo que me permitió ensalabrar 2 truchas más, de esas tan poderosas como rollizas arco-iris de repoblación, y una fario pequeña, de poco más de 25 cms., que sería la captura de menor tamaño de una jornada marcada por el buen tamaño de los peces.
Remontada la corriente, llegué a una enorme balsa, en la desembocadura de un arroyo en el río. Nadando por la misma, pululaban muchas truchas y profusión de barbos de los que quitan el hipo de tan solo verlos: auténticos torpedos con aletas.
Para afrontar el desafío,  recurrí a un método de pesca a ninfa que me había sugerido, para estos escenarios, mi amigo Carles Vivé en la tertulia de hacía apenas un par de horas antes, consistente en pescar largo lanzando una sola ninfa, dejándola hundir contando despacio hasta diez y, al finalizar la cuenta, empezar a dar tirones erráticos con la puntera de la caña, mientras se recoge la línea muy despacio.
La eficacia del método se demostró al momento: no había ni llegado a contar ni hasta cinco, cuando una trucha le propinó un bocado a la ninfa. Torpe de mí, fallé la clavada al ni tan solo esperar la picada. Vuelta a lanzar, una ninfa moderadamente pesada, con la ayuda de la potencia que siempre da una linea 6 y... vuelta a fallar otra clavada. Cuestión de concentrarse, y de evitar dejar demasiada linea destensada. Esta vez si... lance, inmersión, recoger un poco de linea mientras vas contando, y al llegar a 10, tirón, pausa, tirón, pausa y ¡relámpago bajo el agua!¡clavada, pelea y trucha al salabre! Otra "barra de pan" mas.
Con este método, al que podríamos llamar "estrinfa", o sea manejar una ninfa como un streamer, pero en aguas casi paradas, continué teniendo éxito y disfrutando de pescar de verdad a mosca, evitando la siempre aburrida (para mi) acción a la pasada o "pesca a la polaca", al poder sacar línea del carrete. Además, al no tener obstáculos a la espalda, o por lo menos al tenerlos a más de veinte metros de mi, pude lanzar sobre el hombro, evitando lances rodados y speys con una sola mano, que siempre son ejercicios que me cuestan más de llevar a cabo con pulcritud, especialmente el segundo, al intentarlo esta vez con una caña corta, de 9 pies, y muy poco tiro de corriente .          
Aun cayeron, en la balsa, varios peces más: un par de truchas fario muy bonitas, pero por debajo de los 30 cms. y, para mi sorpresa y regocijo, un par de bermejuelas, ciprínidos cuya presencia  nunca había detectado hasta ese día, en los muchas años que hace que pesco en Anglès. De hecho, mirando con atención, tras quedar extrañado por las tenues picadas que de vez en cuando recibía la ninfa, pude divisar un auténtico cardúmen de estas minitallas nadando a media agua.
Ya bien entrada la tarde, mi objetivo era poder pescar, ni que fueran un par de horas, a mosca seca, pues estaba seguro de que con el calor, las truchas de la corriente que había pescado por la mañana estarían receptivas a un tricóptero danzarín, y además comenzaban a volar ignitas, para intentar una pesca más selectiva con los peces del parado de aguas en donde esa corriente desemboca.
Pero...¡mi gozo en un pozo!, las corrientes  y el río estaban ocupadas por un grupo de tres pescadores, de esos que no saben capturar una trucha sin gritar como si estuvieran celebrando un gol en el estadio. Procurando ignorarles, me resigné a volver a la balsa, en donde había visto alguna que otra ceba esporádica, pero al llegar me encontré a otro pescador (se ve que en verano la gente prefiere ir al río en jornada de tarde), y decidí que era su momento y era su oportunidad de disfrutar, así que procurando que ni me viera, volví al bosque y al camino.
Podía haberme quedado, patear río, irme a otra latitud del coto... pero, como ha sucedido ya otras veces este largo y caluroso verano, el calor y el dolor de lumbares me vencieron, y ahíto y satisfecho de pescar como estaba, a las cinco de la tarde volví al coche, me cambié de ropa, y... le puse el Whatsapp a mi amigo Carles.
Fue un gran placer compartir merienda y tertulia de nuevo con Carles, al que hacía tiempo que no veía en persona (todo y que hablamos por teléfono y chateamos con frecuencia), y de paso poder contarle la eficacia del método que me había sugerido utilizar.
De vuelta a casa en una tarde de verano de calor asfixiante, conduciendo con el aire acondicionado a tope, la sensación de satisfacción era muy placentera: había comenzado a recibir mis regalos de cumpleaños, y Magic Anglès me había obsequiado, aparte de con un día de pesca estupendo, con una trucha arco-iris nativa del río que despertó incluso la admiración de Carles, al ver la foto, y con un par de bermejuelas, pequeñas joyas con escamas, que demuestran que el río Ter, pasados los desastres del pasado invierno y la pasada primavera (2), sigue estando muy vivo aguas abajo de la presa del Pasteral. 



(1) Leer Jornada de Pesca Nº 737, del 02/04/2015 en este blog.
(2) Riada del 1 de Diciembre del año pasado, y vertido de lodos desde el pantano del Pasteral del 22 de marzo de este año.  

     

JORNADA DE PESCA Nº 759



Sábado, 29 de agosto de 2015

Temporada 2014 - 2015 - Nº 40
Temporada de Salmónidos 2015 - Nº 25


Coto Intensivo de Anglès - El Pasteral  S. M. TE015
Río Ter

Pescador: Ferran RUBINSTEIN

Capturas:
10 truchas arco-iris a ninfa, 5 truchas fario a ninfa  y 2 bermejuelas a ninfa.

Equipo de pesca a mosca:
Caña: Vision GT four - 9 pies - línea 5
Línea: Adams 6 WF - flotante
Carrete: Adams

Climatología; soleado y caluroso

Caudal: bajo.

Condiciones de vadeo: río vadeable sin dificultad, excepto en las grandes pozas, siendo recomendable el uso del bastón de vadeo por lo resbaladizo de las rocas.

Hora de inicio de la jornada:  09,15 h.
Hora de finalización de la jornada: 17,00 h.

La música de hoy:

Viaje de ida:

Concierto para piano y orquesta en "DO" menor
Obertura-Concierto en "FA" mayor
Joachim Raff

Obertura para un Festival Académico
Johannes Brahms

Viaje de vuelta:

"Te Deum"
Marc A. Charpentier

Sinfonía nº 6
Ralph Vaughan-Williams

Concierto para piano y orquesta nº 2
Alexander Glazunov

Líneas Tensas!

Ferran RUBINSTEIN.

lunes, 31 de agosto de 2015

JP-758. TENSANDO LINEAS EN AGUA TURBIA, PARA ACABAR BIEN LAS VACACIONES DE VERANO. Jueves, 20/08/2015

¡Pobre de mi! ¡Se me acaban las vacaciones de verano! La última de las jornadas de pesca en vacaciones ha supuesto el retorno a Ripoll, en donde, como suele ser habitual, he vuelto a revivir los tiempos gloriosos del antiguo coto sin muerte de Font Viva, en esta ocasión con el agua turbia, pero pescable, y ´los ríos crecidos por las últimas lluvias. 

Ella-la-bagra es bueeenaaaaa con Ferraaaaaaaaaaan

Pese a no mostrar actividad alguna en superficie en todo el día, las truchas, tanto del Ter como del Freser, estuvieron muy por la labor de darle dentellada a la ninfa.
Esta preciosa fario, de la zona libre sin muerte de Ripoll, fue la última captura de mis vacaciones de verano. A partir de la semana que viene, tocará esperar a los sábados para poder reencontrarme con el río y los peces.




JORNADA DE PESCA Nº 758



El jueves, 20 de agosto, la cosa ya fué en serio. Las alarmas, anunciando que mis vacaciones habían entrado en su recta final, ya habían sonado a principios de semana. Cada año, a medida que más mayor me hago, la sensación de depresión, al acabar mis vacaciones estivales, es cada vez más grande y duradera. Hasta los albores de mis cincuenta años, este estado de tristeza me asaltaba nada más volver al trabajo. sin embargo, desde que cumplí la cincuentena, esta sensación de frustración y vacio me alcanza ya en los últimos días de mi periodo vacacional, produciéndome un gran desasosiego. Sin embargo, estaba firmemente decidido a que este malestar psíquico no afectase, en la medida de lo posible, a la que iba a ser la última de mis jornadas de pesca dentro del periodo vacacional.
Esta vez, y ya que iba a ser un poco como "la despedida" de mis vacaciones, por lo menos en lo que a ir a pescar dentro de las mismas se refiere, me até la manta a la cabeza, y emprendí un largo viaje desde Cubelles para ir a Ripoll, la ciudad de los dos ríos, cuna de los Condados Catalanes, y destino frecuente de mis jornadas de pesca, a lo largo de los años, que tan relativamente cerca tengo desde mi domicilo habitual, pero que queda ya a una distancia tan considerable como unos 180 kms. si es que hay que ir desde el límite sur tanto de la comarca del Garraf, como de la provincia de Barcelona.
Todo y lo largo del viaje, a las siete y media de la mañana estaba tomando un café en la entrada de Sant Quirze de Besora, y viendo como el Ter bajaba ligeramente crecido y con el agua chocolateada. ¡Vaya, empezamos bien!. Por lo visto, los tormentas habían sido abundantes y diarias, tanto en El Ripollès, como en el norte de Osona, a lo largo de esa semana.
Inasequible al desaliento, diez minutos antes de las ocho llegaba a Ripoll, y antes de ir a desayunar a  la pastelería (costumbre muy arraigada en mis visitas a esta ciudad) ya tenía hecha la elección más importante del día: me quedaría a pescar, ya que los dos ríos que pasan por Ripoll, tanto el Ter como el Freser, bajaban crecidos y turbios, pero con una tonalidad enrte verdosa y marrón claro: o sea, que adaptándose uno a las circunstancias hasta podía incluso tocar escama.
Mis días de pesca a Ripoll, de unos años a esta parte, vienen siendo casi siempre intentos inconscientes de revivir los tiempos gloriosos del extinto coto sin muerte de Font Viva. En este sentido, esta jornada que nos ocupa no iba a ser menos. Por la mañana, y hasta el mediodía, me bastaron apenas los cien metros escasos que hay de río Freser, entre el puente del paso a nivel y el puente peatonal de la antigua muralla para llevar una acción de pesca, que ya os adelanto fue muy productiva. A partir del mediodía, y hasta mas o menos las dos y cuarto  de la tarde, me salí un tanto del guión para probar algunas posturas de lo que antaño fuera el coto tradicional de Ordina, en la salida de la villa en dirección a Campdevànol y Ribes de Freser, en un interludio de tan pocas emociones como que terminó sin ninguna captura adicional. Finalmente, y en un final de jornada repleto de emociones, la zona libre del Ter me brindó las mejores capturas en tamaño y calidad del día.
Todo y que el día fue soleado e incluso caluroso, las primeras horas de la mañana fueron si no frías, mas bien frescas, en contraste a las madrugadas de bochorno y mosquitos de las comarcas de la costa, en donde, a lo largo de todo el verano, ha sido muy difícil conciliar el sueño. Por suerte, y hasta pasadas las diez de la mañana, con el sol ya alto en el firmamento, pude echar mano de bajar las mangas de mi polivalente camisa de camuflaje. Por la tarde, tras mucha horas de patear por el río, y como ha sido habitual en este largo y extremadamente cálido verano, terminé bañado en mi propio sudor, y eso que el vader es transpirable.
Para intentar pescar con el agua del color del te, opté por iniciar la acción de pesca con un par de ninfas que fueran bastante "de aguas turbias", o sea bien oscuras, y así puse de punta de aparejo un perdigón sobredimensionado de color negro con reflejos verdosos y bola de color naranja, y atado en un codal, medio metro mas arriba, un perdigón más convencional de color rojo chillón.
El éxito fue inmediato. Al primer lance, la primera trucha: una de las habituales farios "mil leches" (1) habituales en el coto de Ripoll-Campdevànol, que suelen oscilar entre los 25 y los 30 centímetros. A partir de aquí, se desencadenó el frenesí, y en un exiguo tramo que no llega ni a cien metros, haciendo trabajar las ninfas a diferentes profundidades acabé capturando, en menos de tres horas, once truchas más -alguna incluso de algo más de 35 cms.- e incluso un simpático barbito colirrojo, de más o menos un palmo.
Concienzudamente repasado el tramo, y viendo que ni habían eclosiones, ni los peces estaban por la labor de comer en superficie, me fui con las ninfas a otra parte, concretamente más arriba del aparcamiento de Ordina, para ver si en esa parte, aguas suburbanas del Freser más arriba, las truchas tenían tantas ganas de darle bocado a las ninfas como en el tramo de en medio de la ciudad.
Cosa curiosa, me pareció que cuando más subía hacia la salida del canal de la hidoeléctrica, mas turbia bajaba el agua. El caso es que prospectando diversas posturas no obtuve ni una picada, y encima comencé a perder material por culpa de enganches en rocas y troncos sumergidos. Aburrido, cabreado y acalorado, decidí no seguir subiendo más río arriba, y tomármelo con calma antes de ir a buscar más emociones, esta vez en el otro río, el Ter, y para ello nada mejor que una pequeña pausa, a medio camino, para combatir el calor con una refrescante "clara", cómodamente instalado en una terraza, y llamando bien la atención de los transeuntes con mi atavío de mosquero, caña de látigo en la mano, mi camisa de camuflaje para acciones bélicas en bosque y mi gorra verde de visera con el emblema metálico de la extinta Unión Soviética.
Más relajado el cuerpo, refrescado el gaznate y despejadas las ideas, evité la tentación de bajar de nuevo al río, por el callejón del Arquet, para insistir en el mismo tramo exitoso de pocas horas antes, y cambié de río dando un paseo bajo un sol de justicia.
Mi objetivo era pescar la entrada de la corriente en una gran balsa, dentro de la zona libre sin muerte. La faena fue mía, y muy ardua, para poder llegar a la orilla, pues la maleza ha crecido con tanta desmesura, que se ha hecho una auténtica e inextricable jungla de ortigas, zarzales, juncos, rosales silvestres y toda clase de arbustos, los más de ellos espinosos, urticariantes y llenos de bichos, tanto voladores como rastreros, e incluso de los que andan a ocho patas.
Tal fue el acaloramiento y la sudada de camisa para llegar a la orilla, no sin varios rasguños de zarzal y ampollas por contacto con ortigas, que lo primero que hice al plantar los pie en el río fue beber uno de mis sempiternos tes con limón, de mi bolso-nevera, en menos de tres tragos.
Hay quien opina que con el río turbio y ligeramente crecido es cuando se mueve la trucha grande. Hasta ese momento, este axioma no se había cumplido, pues las doce truchas pescadas hasta el momento eran de tamaño bastante contenido, y el barbito poco más que "palmero". Sin embargo, a las primeras de cambio (dos o tres pasadasm, como mucho), recibí una picada brutal, y me las vi luchando con un pez muy batallador, que a la que se dejó ver resultó ser una gran trucha fario de esas que incluso sacaría la cola del salabre. Pura tensión, muchos nervios, y... algun mal giro de muñeca durante la batalla hizo que le desclavase la ninfa de la boca. Frustración, si, pero también esperanza: el partido estaba aletargado hacía ya muchas horas, y este picada me recordaba que aún no había terminado.
Seguí confiando en la pheasant tail grande y pesada, de color naranja mate (abdomen de yarn naranja oscuro, torax de dubbing de ardilla ocre y cercos, costera y saco alar de una sola pieza de pluma de faisán), que había provocado la picada del monstruo con pintas, en busca de otra que no tardó en llegar: pero en esta ocasión de una bagra de cerca de 30 cms. que  se rindió tras una no poco obstinada pelea.         
Precisamente, en ese mismo lugar en que estaba pescando, hace muchos años las bagras eran muy abundantes, al igual que en todo el brazo del Ter de lo que era el antiguo coto sin muerte de Font Viva. Pero eso era en otra época, que comienza a quedar muy lejana; un tiempo en donde para llegar a la orilla por donde había entrado al río no tenías que dejarte la ropa y el vader hechos unos zorros, pues incluso se llegaba a la misma por un marcado caminito, hoy en día engullido por la maleza.
Había comenzado a pescar en aguas casi paradas (con menos caudal estarían totalmente paradas), pero poco a poco, siempre arriesgando a enganchar la ninfa, ya que la llevaba a ras de piedras del lecho del río, fuí adentrándme en la corriente, y en el agua movida fue cuando capturé, en poco tiempo, las mejores truchas del día, tres ejemplares de fario tan hibridadas como lo podían ser las pescadas por la mañana, pero de un tamaño mucho más respetable, rondando un poco arriba y un poco abajo los 35 cms.
Lo curioso es que, de las tres picadas dos fueron clónicas: la misma sensación de haber enrocado la ninfa, y al tirar con fuerza, notar las primeras sacudidas. Esto es señal de que los peces estaban bien placados en el lecho del río, y que tomaron la imitación cuando esta literalmente les paso por delante de la boca.
Y a las cuatro y media de la tarde, bien repasada la corriente, y tras perder la ninfa al clavarse en una maraña de ramas sumergidas, terminó la historia de esta última jornada de pesca en vacaciones, que había acabado exitosamente, todo y las pesimistas previsiones iniciales. Solo quedaba plegar la caña y atravesar la jungla, antes de volver al coche a cambiarse de ropa, y de allí a disfrutar de una bien merecida merienda de pastelería, un dulce colofón para la última de las jornadas de pesca en vacaciones, que este año creo que, por lo que a mi respecta, han estado muy bien aprovechadas. 




(1) En los dos ríos que pasan por Ripoll, han convivido muchas variedades de trucha fario, predominando las de genética atlántica, con las que se repoblaba esporádicamente, que coexistían con las nativas del río e incluso con las de las reservas genéticas de las cabeceras de las cuencas del Ter y del Freser, que se descuelgan ocasionalmente río abajo por efecto de alguna riada. Durante años, sobre todo a principios de la década pasada, se llegó a repoblar con trucha arco-iris, todo y que ahora no se captura ningún ejemplar desde hace tiempo. Asimismo, tanto en el Ter como en el Freser, pero sobre todo en el primero de los ríos, ha habido siempre una buena cantidad de bagras, aunque de unos años a esta parte están en regresión.      
Además, en ambas masas de agua se pueden obtener capturas esporádicas tanto de barbo colirrojo (o barbo de montaña), como de barbo común, e incluso de alguna carpa, especialmente en balsas con aguas paradas o con escasa corriente.  



JORNADA DE PESCA Nº 758



Jueves, 20 de agosto de 2015

Temporada 2014 - 2015 - Nº 39
Temporada de Salmónidos 2015 - Nº 24


Coto de Ripoll-Campdavànol S. M. TE09B
Ríos Ter y Freser
(pesca solo en el Freser en esta jornada)
Zona Libre S. M. de Ripoll - ZLLSM-TE09
Río Ter

Pescador: Ferran RUBINSTEIN

Capturas:

En el  Coto de Ripoll-Campdavànol S. M. TE09B:
12 truchas fario a ninfa y 1 barbo (*) a ninfa

En la .Zona Libre S. M. de Ripoll - ZLLSM-TE09:
3 truchas fario a ninfa y 1 bagra a ninfa

Equipo de pesca a mosca:
Caña: Vision GT four - 9 pies - línea 5
Línea: Adams 6 WF - flotante
Carrete: Adams

Climatología; soleado y caluroso

Caudal: medio-alto.

Condiciones de vadeo: ríos vadeables con precaución, debido al aumento de caudal por las lluvias y al enturbiamiento del agua, siendo recomendable el uso del bastón de vadeo .

Hora de inicio de la jornada (en el coto): 09,15 h.
Hora de inicio de la jornada (en la zona libre sin muerte): 14,30 h.

Hora de finalización de la jornada (en el coto): 14,15 h.
Hora de finalización de la jornada (en la zona libre sin muerte): 16,30 h.

La música de hoy:

Viaje de ida:

Sinfonía nº 3
Leevi Madetoja

Concierto para piano y orquesta en "DO" menor
Obertura-Concierto en "FA" mayor
Joachim Raff

Concierto para piano y orquesta nº 2
Alexander Glazunov

Viaje de vuelta:

Sinfonía nº 4
Johannes Brahms

Concierto para piano y orquesta nº 2 "al estilo húngaro"
Joseph Joachim


Líneas Tensas!

Ferran RUBINSTEIN.







miércoles, 26 de agosto de 2015

JP-754. SIGUE LA DIVERSIÓN EN OLIANA, PESE AL CAMBIO DE TIEMPO. Jueves, 30/07/2015

Pese al dia gris, y a los episodios esporádicos de llovizna, la jornada de pesca fue divertida, y encima tuve la suerte de que no empezase a llover en serio cuando ya estaba merendando.

Uno no deja de sorprenderse de la saña con la que las humildes bermejuelas atacan los ninfas.

Como bien siendo habitual este verano en Oliana, las carpas royal se han convertido, con su poderoso combate, en las protagonistas de estas jornadas de pesca en el Segre.



JORNADA DE PESCA Nº 754



Ya advirtieron los meteorólogos que el mes de agosto, y en especial su primera quincena, sería de una gran actividad tormentosa. De hecho, el inicio del cambio hacia una desestabilización progresiva de la atmósfera, llegó en el transcurso de los últimos días del mes de julio, y en concreto el primer día del cambio de tiempo coincidió con el último jueves del mes, día en que fui de nuevo a pescar a Oliana, mi destino de pesca por autonomasia en estas vacaciones del verano más caluroso desde el año 2003.
La jornada entera transcurrió bajo un cielo gris y plomizo, repleto de oscuras nubes preñadas de un agua que en ningún momento llegó a precipitar con intensidad, o por lo menos a hacerlo durante el tiempo que estuve metido en el río; como mucho, se fueron sucediendo episodios esporádicos de llovizna a lo largo de las horas. Otra cosa fue la tormenta que llegó bien entrada la tarde, con fuerte aparato eléctrico, justo cuando ya estaba recién cambiado y con la caña recogida, la cual propició la caída de un poderoso y torrencial aguacero, que contemplé cómodamente a través de los cristales del bar en donde estaba merendando.
Una vez más, como en las jornadas anteriores de estas vacaciones en el río Segre, entre los pantanos de Oliana y Rialb, el caudal que bajaba era excelente para pescar, todo y un cierto repunte al alza con respecto al martes de esa semana: apenas unos 12 m3/seg. de agua relativamente limpia.
La jornada de pesca, tercera de las siete que he llevado a cabo durante mis vacaciones de verano del año en curso, se inició a las ocho y media de la mañana bajo una débil llovizna. Como no, la acción de pesca de la mañana, y hasta pasado el mediodía, estuvo focalizada en la gran poza y corrientes aledañas del puente de Tragó, el escenario que tantas capturas, sobre todo de grandes ciprínidos, me ha venido brindando desde mitad de Julio, coincidiendo con mi retorno a Oliana tras casi un año de ausencia.
El "Vini-Vidi-Vince" llegó, esta vez, incluso más rápido de lo que me esperaba, al clavar, a los escasos cinco minutos de haber hecho la primera varada, una gran carpa royal, que picó a una pesada ninfa "de colorines", y que me tuvo cerca de diez minutos tenso, concentrado en la batalla, hasta poder meterla en el salabre.
A partir de allí, se sucedieron lo éxitos siempre pescando las corrientes, en especial la veta central que recorre la poza, y siempre siendo la ninfa pequeña del combo de dos, la atractora "pompom", quien recibió las picadas, convertidas con éxito en capturas, de cinco truchas arco-iris de repoblación, y de una bermejuela.  
Todo y así, esta sucesión de capturas no fue en  poco tiempo, pues la prospección de la vena central de corriente que recorre la poza me llevó un buen rato, mientras soportaba una débil lluvia, o veía los intentos infructuosos del sol por aparecer entre las nubes. Cuando por fin levanté la cabeza del río, me di cuenta de que eran ya casi las doce y media. ¡Hay que ver lo rápido que pasa el tiempo, cuando uno se lo pasa bien!. 
Machacada y bien machacada la postura, mi siguiente objetivo era aprovechar bien el día, mientras no acabase diluviando, yendo a pescar la parte alta del coto para, primero, repasar la poza de la mole de hormigón, frente a la piscifactoría, y más tarde terminar pescando a seca en la tabla del Camí de l´Oliva.
Llegado, tras un corto trayecto en coche, a la postura elegida, el sol se impuso por un rato, y pude pescar por primera vez en lo que llevaba de día, bajo los rayos del astro rey.
En esta postura, y aparte de capturar otra bermejuela con la ninfa "pompom", me las tuve, vi y deseé con una enorme carpa royal que, sin ser mucho mayor que la que había capturado por la mañana, puso en jaque mi equipo en una larga batalla de la que mi bajo de linea salió indemne de milagro, pues tal parecía que el pez hubiese tomado varias raciones de la famosa "kriptonita", que es el sustento vital de Superman. Una batalla realmente campal, para una picada sin mucha mística, pues habiendo perdido la ninfa atractora de color naranja chillón de la mañana, puse la primera ninfa de calibre pesado que me vino en gana, y esta no era otra que una de esas de color rosa, que hacen estragos entre las truchas de repoblación, especialmente en Alfarràs.
La apertura de claros, y consiguiente dominio del sol, duró bien poco; apenas media hora. En ese tiempo, volvió a cubrirse y, esta vez si, llegó la lluvia algo más en serio. La precipitación me pilló pescando con las ninfas "a la polaca" la orilla del lado de la verja de la piscifactoría, y al intensificarse me obligó a buscar refugio entre los árboles de la orilla contraria (volviendo a cruzar el río), en donde el denso follaje me sirvió de improvisada cubierta, mitigando en mucho lo que hubiera sido, al descubierto, un auténtico remojón.
Este episodio de lluvia algo más intensa duró como unos veinte minutos. Dejó de llover, pero ya no salió el sol. Fui un momento a mirar la tabla del Camí de l´Oliva, por si se veían cebas, pero al no haber ninguna, ni ver eclosiones, pensé que mejor sería terminar lo que quedaba de jornada pescando a ninfa ligera o a tándem de seca y ninfa en corrientes de poco calado, por lo que salí del río con la intención de probar suerte en las que desembocan en la poza de la Gravera.
Al igual que en la jornada de dos días antes, no había visto ni un pescador en todo el día, y resultó que los dos únicos que había pescando en más de un kilómetro estaban donde yo quería pescar. Ningún problema, pues río hay de sobra, así que, para completar los últimos compases de la jornada me puse a pescar una tabla de escaso calado que queda pegada a la misma orilla de la pista de tierra, lugar en donde, ocasionalmente, o eso creía recordar de tiempos pretéritos, daban la cara truchas fario nacidas en el mismo río.
Para mi sorpresa, la tabla en cuestión estaba realmente llena de enormes barbos, que intenté pescar lanzando largo el tándem, con toda la intención de que se interesasen por una minúscula pheasant tail. Sin embargo, los hidrodinámicos y estilizados bigotudos no le hicieron caso a la pequeña ninfa, y lo único que conseguí, fue una picada por sorpresa, de esas que no te esperas, al tricóptero por parte de una trucha fario, de escaso porte pero muy juguetona, que se me desclavó, terminando así con el excelente ranking de eficiencia de un día en el que no se me había escapado ninguno de los peces que había clavado.
Poco después de las cuatro de la tarde, comenzó a levantarse un fuerte y violento viento, y se oyeron retumbar truenos cada vez más cerca. Esta vez fui precavido, y decidí dar por terminada la jornada antes de que la cosa fuera a mayores, como así fue un rato después, y terminara empapado.
Tal y como he dicho, al inicio de este relato, la tromba de agua la vi desde el otro lado de los cristales del bar en donde estaba merendando. Cuando amainó, sin prisas porque para eso estaba de vacaciones, me puse rumbo al apartamento en la playa. Hasta Ponts estuvo lloviendo, pero cada vez menos, y ya en Guissona lucía un sol hermoso en una calurosa tarde de verano. Fue entonces cuando lamenté haberme ido tan pronto del río, pues mis ganas de pescar no se habían saciado del todo, y me esperaba más de una semana sin poder enfundarme el váder, ya que iba a participar en una larga travesía de montaña de casi una semana, con mis compañeros del centro excursionista del que soy socio. Pero eso es otra historia, para contar en otros ámbitos; en el que a la pesca se refiere, hubieron más días de pesca después de volver de excursión, pero esas historias ya os las contaré a su debido tiempo.          



JORNADA DE PESCA Nº 754



Jueves, 30 de julio de 2015

Temporada 2014 - 2015 - Nº 35
Temporada de Salmónidos 2015 - Nº 20

Coto Intensivo de Oliana S. M. SE08 A/B
(Modalidad del ticket: sin muerte)
Río Segre.

Pescador: Ferran RUBINSTEIN

Capturas: 5 truchas arco-iris a ninfa, 2 carpas a ninfa y 2 bermejuelas a ninfa.

Equipo de pesca a mosca:
Caña: Scott A2 - 10 pies - línea 6
Línea: Adams 6 WF - flotante
Carrete: Adams

Climatología: nublado y templado, con episodios esporádicos de llovizna

Caudal: bajo

Condiciones de vadeo: sin dificultad, y sin ser preciso el uso del bastón de vadeo.

Hora de inicio de la jornada: 08,30 h.
Hora de finalización de la jornada: 16,15 h.

La música de hoy:

Viaje de ida:

Sinfonía nº 5
Concierto para piano y orquesta nº 2
Piotr Iliych Tchaikovsky


Viaje de vuelta:

Sinfonía en "FA" sostenido
Suite de "Mucho ruido y pocas nueces"
Erich W. Korngold

Concierto para violoncello y orquesta nº 2
"Encuentro" (fantasía para violoncello y piano)
Joachim Raff


Líneas Tensas!

Ferran RUBINSTEIN.