"Si, al igual que yo, sois de los que creeis que tenéis poco que enseñar, mucho que aprender y aún más que compartir, éste es vuestro blog".

martes, 6 de diciembre de 2011

JP-590. COTO DEL PEDRET. Sábado, 03/12/2011







JORNADA DE PESCA Nº 590

Indiferente a la crisis económica global o a la posible e inminente debacle del euro, el inevitable y a menudo inmisericorde paso del tiempo nos ha plantado, como quien no quiere la cosa, en un “puenteducto” de la Constitución-Inmaculada sin nieve en las pistas de esquí, y sin dinero en el bolsillo de la mayoría de ciudadanos.

Empieza el último mes del año, y me parece que voy a seguir anclado en este Pedret, del que no me muevo desde finales de octubre, pues al menos está cerca de casa, tengo bonificación en la compra del ticket por ser socio, y truchas las hay, tanto si ha pasado la cuba de la piscifctoría, como si no. La única diferencia es que, como se dice popularmente, y a tenor del útimo caso, “te lo tendrás que currar”.

Durante la semana anterior a esta jornada de pesca, un amable contertulio de “Conmosca”, de nickname Aquiles, ha colgado una serie de videos de gran interés en un post de los foros de Catalunya de esa revista digital. Sobre todo me llamaron mucho y muy gratamente la atención un par de clips acerca del lance rodado. Visionados varias veces, y como suele sucederme cada vez que veo este tipo de videos, me di cuenta de lo muy mal que lanzo, y que por más años de pesca y de rio que voy acumulando en mis sufridas lumbares, nunca mejoro más allá de lo justo y necesario para salir del paso.

Así pues, puestas las “orejas de burro” virtuales sobre mi gorra de pescador podolio (orejeras de piel de reno e insignia soviética sobre la visera), me hice el serio propósito de aprovechar la salida de este sábado para practicar tanto el lance rodado, como el de doble tracción, aprovechando la acción de pesca. Antes de salir de casa, no me olvidé de colgar de mi chaleco un par de simples gomas de esas de papelería, o “de pollo”, para poner en práctica un truco para secar moscas, que visioné en uno de los videos gentilmente expuestos por Aquiles, y cuyo resultado os comentaré más adelante.

Nuevamente emprendí rumbo a Pedret a bordo de mi Daewoo Lanos. La entrega de mi coche nuevo anda con demora, y la verdad es que mi viejo coche ya comienza a estar un tanto hartito de mi, pues sabe que lejos de ir al desguace, va a ser pilotado por una chica jóven, guapa y que conduce muy bien, la cual se ha interesado por sus servicios, y que seguramente le propocionará algo así como una “jubilación dorada” muy urbanita, con desplazamientos de casa a la universidad, de la universidad al trabajo, y poco más. Más que nada, mi viejo coche espera perder de vista váders sudados y mojados, y botas llenas de barro.

Para la acción de pesca, y con el fin de poder proyectar mejor un tándem de seca y ninfa tanto con lances rodados, como con largos lances de doble tracción, esta vez opté por dejar en el maletero mi carrete Okuma con la linea de seda sintética paralela, y utilizar la linea sintética Airflo WF 4 flotante, para aprovechar mejor la salida de linea de su parte descentrada.

Tras una primera hora larga habiendo capturado sólo una trucha, una arco-iris vieja que me dio una aceptable batalla, quiso la ¿suerte? que diera con lo que parecía ser la estela del camión cisterna de la piscifactoría, pues a partir de un punto determinado del rio empezaron a salir truchas hasta de debajo de las piedras. Eso si, truchas muñonas, recién repobladas y locas por picar todo lo que se menease. La pescata que a priori parece de escándalo (al final fueron 20 truchas arco-iris, 16 a ninfa y 3 a mosca seca, siempre hablando de pesca en tándem, además del mogollón que se me escaparon), simplemente fue fruto de la casualidad de hallarme con todo el gueso de la repoblación en un corto tramo de rio (yo ceo que los encargados de repoblar tampoco se calientan mucho la cabeza, ni gastan mucho combustible para hacerlo), y pese a que hubiera preferido algo más “selectivo y trabajado” como las dos semanas anteriores, tampoco me fui a buscar las “truchas difíciles” de rincones recónditos del coto, pues ya me iba bien ir amenizando el ejercicio de los lance con capturas, y sobre todo para practicar el clavar a muy larga distancia, materia en la que siempre rozo el suspenso, tal y como pude constatar en la salida de pesca que hice a finales de octubre con mi amigo Antonio “El Pintor”, todo un maestro en muchos aspectos de este arte que es la pesca con mosca, y también en lo de no fallar truchas lejanas.

Gracias a los videos e lanzado, que visioné repetidas veces a lo largo de la semana, pide darme cuenta de la importancia del suave desplazamiento lateral del brazo lanzador a la hora de formar el bucle para que la corriente ejerza la tracción necesaria para cargar de energía la caña, así como del suave y progresivo movimiento con golpe de muñeca final, para efectuar el lance con una parada adelante en mi linea de visión. Todo y así, pescando con tándem e incluyendo una ninfa, o sea un pequeño lastre, los lances por rodados que fueran siempre salían mejor con una parada delante “alta” ( o sea a las once de un hipotético reloj), que no más abajo y por lo tanto más dentro de mi linea de visión frontal.

En el lago que se forma justo enfrente del Puente Románico del Pedret, y que por cierto estaba a reventar de truchas, todo y que apenas se las veía por arriba, pasé a pescar muy largo practicando el lance de doble tracción. Aquí ya tuve unas cuantas dificultades más a la hora de posar, más que nada porque no es lo mismo posar una seca, que un aparejo doble que incluya un señuelo con un ligero peso. Para evitar tanto enredos en la linea, pasé a empatar el terminal con la ninfa en la tija misma del anzuelo del tricóptero de pelo de ciervo que utilizar como seca y señalizador de picada, y sobre todo a hacer la parada hacia adelante levantando ligeramente el brazo a la hora de posar, truco el cual me explicaron en su dia tanto Santi Medina, como Jordi Babusci, excelentes lanzadores además de muy buenos pescadores.

Particularmente, creo que hay un gran abuso de pescar de punta, y yo soy el primero que soy un auténtico adicto, pero la verdad sea dicha, me incluyo entre los muchos pescadores que pierden grandes oportunidades de pescar, y de conseguir peces lejanos, difíciles o ambas cosas a la vez, por abusar demasiado de pescar en corto. Quizás la única diferencia, es que reconozco mi culpa y error, y no lo puedo disimular diciendo aquello de “es que yo solo pesco rios pequeños en donde hay trucha autóctona y bla, bla, bla...”, pues bien sabido es por mis crónicas que yo frecuento todo tipo de escenarios, y que esos rios pequeños, de montaña, en donde has de lanzar casi siempre “de ballesta”, has de pescar de rodillas o incluso reptando, y sobre todo no has de hablar de ellos con nadie, los visito tan sólo en una parte de la temporada oficial de pesca, como podéis ver en los artículos que he ido publicando en los casi dos años que llevo escibiendo mi blog, y en los muchos más que he venido haciéndolo en los foros de la revista digital “Conmosca”.

Finalmente, y para terminar este artículo en el que tan poco protagonismo han tenido las truchas, comentaros que el truco de secar moscas mediante la vibración de una simple goma de papelería si que funciona, y muy bien por cierto. Este truco, tal y como se puede ver en el video publicado en “Conmosca” por el amigo Aquiles, está ideado para moscas de CDC, pero esté sábado lo probé con un tricóptero de pelo de ciervo, y los resultados fueron ciertamente sorprendentes. Sólo un apunte, para que no os llevéis a engaño: no descartéis llevar aunque sea papel de cocina para secar, pues la baba de los peces que puedan picar a la mosca si que hay que limpiarla bien, y a la larga, se queda adherida por más que lavemos la mosca con agua antes de hacerla “bailar en la goma”. Por todo lo demás, un truco excelente e impagable, de un video de un pescador anónimo al cual deberíamos estarle muy agradecidos, e invitarle al menos a un whisky, a poder ser de veintiún años.


TEMPORADA 2011 - 2012 - Nº 9

Sábado, 3 de Diciembre de 2011

TEMPORADA DE COTOS INTENSIVOS DE SALMÓNIDOS 11-12 – Nº 9

Coto del Pedret

Río Llobregat

Capturas: 16 truchas arco-iris a ninfa y 4 truchas arco-iris a mosca seca.

Pescador: Ferran RUBINSTEIN

Climatología: nublado y templado.

Hora de inicio de la jornada: 10,15 h.

Hora finalización jornada: 16,30 h.

La música de hoy:

Viaje de ida:

Concierto para piano y orquesta nº 2

“Canzonetta”

“Gavotta”

“Serenata”

“Minuetto”

“Giga”

“Momento musicale”

Giuseppe Martucci

Viaje de vuelta:

Sonata para piano nº 1

Sonata para piano nº 4

Anton Rubinstein

Lineas Tensas!



Ferran RUBINSTEIN.

martes, 22 de noviembre de 2011

JP-589. COTO DEL PEDRET. Lunes, 21/11/2011







JORNADA DE PESCA Nº 589


Día de pesca inusualmente trasladado a un lunes, para aprovechar uno de esos “días de asuntos propios”, pactados en el convenio colectivo, y así planificado para tomar un respiro tras el ajetreo de la fiesta de cumpleaños de mi hija del sábado, y para reponerse de la resaca electoral de domingo por la noche.
A más de alguno, le puede parecer un auténtica barbaridad, el dilapidar un día de pesca yendo a un coto intensivo de repoblación, máxime un lunes cuando del “cubazo” de truchas de repoblación de mediados de la semana anterior no quedan ni las raspas.
Sin embargo, las cosas cambian cuando se trata de pescar en “Mtystic Pedret”, y especialmente los días más alejado de la repoblación semanal, pues es en estos días, ahuyentada la horda inmisericorde del “captura y fríe”, y cuando el rio está más tranquilo y menos pisado, cuando dan la cara, especialmente por arriba todas las truchas de repoblación viejas y asilvestradas –valerosas gladiadoras fluviales que han resistido al despiadado Circo del Intensivo- y también esas farios misteriosas, que algunos buscan en rincones imposibles, y que aparecen de la nada en lugares de lo más frecuentado y pisado.
Pero antes de seguir relatando estos “misterios del Pedret místico”, debo contaros que ¡por fin! y a base de quitar horas al sueño, e incluso sacrificando parte de mi escaso tiempo dedicado al montaje, pude limpiar y engrasar mis líneas habituales, tanto la sintética WF 4 flotante, como la seda paralela “Phoenix”. Incluso, rehice bajos de línea e instalé nuevos conectores que transitan aún mejor a través de las anillas de la caña.
Para salir airosos del reto de pescar en un coto de repoblación un lunes, y más en un lunes de finales de año, cuando las repoblaciones de la semana anterior han sido de tan sólo 100 kilos para más de cinco kilómetros de río, está claro que de poco nos servirá ponernos a zurrar el rio a ninfazo limpio, como si este estuviera a rebosar de truchas recién liberadas del cautiverio en la cisterna. Es más, de pescar así, en estos “días pobres”, lo único que conseguiremos es estresarnos, cansarnos y desmotivarnos, para luego, cabreados como una mona, repetir aquello tan manido y tan trillado de “es que no habían truchas en el rio”, o ese sonsonete tan socorrido de “han pasado los furtivos y lo han esquilmado todo”.
Seamos sinceros, en el rio siempre quedan truchas, máxime cuando ni los pescadores somos tan buenos pescando, y además teniendo en cuenta de que generalmente los que saben mucho de pescar suelen devolver los peces al agua. Además, es en estos días en que ya se ha producido un enorme descaste del stock de muñonas de cuba, cuando asoman el morro no tan solo las asilvestradas, sino también, y por lo menos en Pedret,
esas farios a las que algunos atribuyen erróneamente paisanaje, pero que en realidad son descendientes de repoblaciones de otros tiempos, y que pese a que no se ven, están allí, y posiblemente son más de las que creemos.
En mi humilde opinión, es en estos días fuera de los fines de semana, y lejanos aún de la siguiente tanda de repoblación, cuando se puede disfrutar, y mucho, de la pesca en Pedret, siempre y cuando aceptemos la idea de pescar muy tranquilos, muy despacio, y estemos dispuestos a andar y observar más que a estar dentro del agua obcecándonos en una acción de pesca generalmente estéril en resultados.
Para la aventura de pesca de este lunes, volví a contar con la inestimable colaboración de mi fiel Daewoo Lanos. El fin de semana pasado le rendí un gran homenaje de despedida. A fecha de hoy todavía está en activo y a mi servicio, creo que por poco tiempo, hasta que me den el coche nuevo. Hecho el homenaje, para él volvió a ser un día de trabajo cualquiera, incluida una vuelta a casa bajo la incesante lluvia, en espera quizá de su jubilación, o quizá de perdurar su vida útil al servicio de otro conductor, tema del cual podría haber posibilidades.
Aunque amaneció nublado, e hizo una mañana de esas grises y frías de las que algunos tanto les inspiran a permanecer en la cama (generalmente aquellos que tienen poca pasión por la pesca), no llegó a llover en ningún momento a lo largo de las horas en que estuve pescando. La temperatura se fue recuperando, pese a la sensación de humedad, y pronto tuve que aligerar prendas a esa combinación de jersey de cuello alto y forro polar con la que empecé mi periplo por el rio.
El rio, pese a estar el agua ligeramente enturbiada, más que nada por días y días de continuas precipitaciones, bajaba bastante contenido de caudal, y confortablemente vadeable. Un factor más para no tener que recurrir a pescas pesadas, tungstenizadas y muy por debajo de la superficie.
Mentalizado ya a pasear más que a entrar en acción de pesca, las casi dos primeras horas de la jornada transcurrieron en una plácida sesión de senderismo por la orilla del rio, siempre ojo avizor a cualquier movimiento en el agua, y de vez en cuando, dando un par de varazos a algún punto “querencioso”, o dejando discurrir seca y ninfa del tándem por ese sitio donde “ni de coña me pueden picar aquí” por si acaso.
Finalmente, una ceba decidida delató la presencia de un trucha. Estaba lejos, pero seguía cebándose y eso me dio tiempo a perfilar una estrategia, cambiar de orilla con distancia suficiente, y dejar discurrir un par de veces el tándem antes de hacer entrar en la sacadera a una buena iris de poderosas aletas, fruto de haber hecho mucha gimnasia en el medio fluvial.
Evitado el bolo, poco tardé, en un blando lateral de la corriente aguas más arriba, en detectar hasta tres cebas seguidas. Esta vez la sorpresa morrocutuda me la llevé yo cuando a la primera una gran trucha fario le arreó un tremendo bocado al tricóptero de pelo de ciervo. Tras una corta pero intensa pelea, la pintona terminó en mi sacadera, y pude constatar que el bicho pasaba largo de los 40 cms., una de las pintonas más grandes que he sacado en Pedret en mucho tiempo, y solo superada por los enormes torpedos del sin muerte de Pedret de otros tiempos tan añorados.
Tanto las corrientes en que me encontraba, como los blandos de la misma, prometían acción, así que no me sorprendió nada el clavar una segunda fario, casi tan grande como la primera, con la ninfa del tándem en el centro mismo de la corriente. Esta vez no tuve tanta suerte, y consiguió desclavarse de un modo limpio, dejándome incluso la ninfa en su sitio para poder seguir usándola.
Probado: este pequeño tramo del rio era una mina, y testimonio de ello, es que varias varadas después, esquivando las ramas de los árboles para poder posar mosca y ninfa en el blando de la corriente de mi lado, una trucha arco-iris se prendió del tricóptero, y terminó en mi sacadera.
Bien batido mi lado y el centro de la corriente, pasé cruzar el rio, mediante un vado encementado que se inauguró apenas hace dos temporadas, para prospectar el lado contrario y otra vez el centro de la corriente pero desde ese lado. Nada más empezar por el centro, el tricóptero que desaparece de vista, tensión en la linea, y otra trucha de repoblación, pero con las aletas bien formadas por una larga estancia en el río, que tras una breve pelea termina en el salabre.
Estaba visto que, tras prospectar esta vez infructuosamente el blando de la corriente del otro lado, tocaba seguir paseando rio arriba, para dejar descansar la postura y a la vuelta, probar de nuevo.
De nuevo, observar más que pescar, y de vez en cuando probar suerte. En las cercanías del puente románico encontré a los únicos pescadores que vi en todo el dia, un par de señores de avanzada edad que remojaban el gusanito, y que me dijeron que apenas si habían tenido picadas en todo lo que llevaban de dia.
Hasta la pasarela junto al puente derruido, lugar en donde habitualmente comienzan o acaban las repoblaciones, aún tuve tiempo de capturar un par de truchas irisadas más con la ninfa del tándem. Al contrario de todas las que llevaba hasta el momento, estas dos eran claramente novatas del rio, a juzgar por los muñones que tenían por aletas: lo dicho anteriormente también: aunque sea lunes, aún quedan truchas, incluso del último cisternazo.
En la pasarela, y pasadas ya las dos de la tarde, dí por finalizado el periplo río arriba. De vuelta, previo breve descanso con ingestión de te con limón a modo de refresco, tocaba darle otro repaso “pos si acaso” a esas corrientes que tantas alegrías me habían dado, y si quedaba tiempo, ir a un rinconcito en el que de subida no había visto actividad, pero que mi sexto sentido de pescador me decía que quizás la hubiese más tarde.
De nuevo en las corrientes del vado inundable, llegar y clavar otra trucha arco iris a seca, pero con tan mala suerte que se me desclavó enseguida. Por si fuera poco, un repetido cebarse sobre la vena central de la corriente me advirtió de que allí seguía habiendo partido, así que repasé bien toda la zona de influencia de la ceba, pero esta vez lo único que conseguí es que el pez cesara en su actividad.
Para ser un lunes, no estaba nada mal el dia en lo que a emociones se refiere.
El colofón a tan entretenida, pero trabajada jornada, llegó en esa balsa en donde las truchas me habían dado julepe hacía tres semanas, cuando mi amigo Antonio “El Pintor” dio todo un recital de lo que es lanzar a doble tracción con tándem, y de pescar y clavar largo.
Mi sexto sentido no me había engañado: había varias truchas cebándose. Aquí se preparaba un buen “mano a aleta”, así que fuera tándem, y a pescar a seca pura y dura previa rectificación del bajo de linea.
Por dos veces seguidas las truchas se interesaron por mi efémera de CDC, pero apenas llegué a rozarles el morro. A una tercera la revolqué pero se me desclavó. Eran ya cerca de las cuatro de la tarde, hora en que tenía previsto terminar de pescar para volver pronto a casa, pues los horarios de los lunes no son para nada los del fin de semana, así que intenté un último cartucho con una efémera de hackle de gallo de mi amigo Francesc de Reus, que tan bien funcionó la semana pasada... y terminó funcionando también esta, todo y que no capturó la trucha a la que, en teoría iba destinada, sino a otra que, apareciendo de repente de la nada, terminó clavada en el anzuelo: la última trucha de este lunes, una buena arco-iris de las veteranas, y que espero que junto con las demás del dia, siga en el rio ajena a gusanitos, y a anzuelos triples de señuelos giratorios y oscilantes, para disfrute de aquellos que gozan pescando sin muerte sobre ceba vista, con picada imprevista o no.
Como decía antes, los lunes son dias laborables para la inmensa mayoría, y a mi me tocaba volver pronto para, relevado el abuelo que me hacía de improvisado canguro, dar de cenar a mi hija, ella viendo “Bob Esponja”, y yo recién duchado para quitarme el olor a truchas y a Brummel, seguir pensando que el mayor engaño al que nos someten las farios del Pedret, es el mismo del que se hace servir el demonio: hacernos creer que no existe.


TEMPORADA 2011 - 2012 - Nº 8

Lunes, 21 de noviembre de 2011

TEMPORADA DE COTOS INTENSIVOS DE SALMÓNIDOS 11-12 – Nº 8

Coto del Pedret

Rio Llobregat

Capturas: 4 truchas arco-iris a ninfa, 2 truchas arco-iris a mosca seca, 1 trucha fario a mosca seca.

Pescador: Ferran RUBINSTEIN



Climatología: nublado y templado.

Hora de inicio de la jornada: 09,45 h.


Hora finalización jornada: 16,00 h.


La música de hoy:

Viaje de ida:

“Marcha triunfal americana”
“Balada”, Op. 78
Obertura sobre temas griegos nº 2
“A la Memoria de un Héroe”
“La Canción del Trovador”

Alexander Glazunov


Viaje de vuelta:

Sinfonía nº 1

Sergei Rachmaninov


Fantasía sinfónica de “La Mujer sin Sombra”
Richard Strauss



Lineas Tensas!



Ferran RUBINSTEIN.

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domingo, 13 de noviembre de 2011

JP-588. COTO DEL PEDRET. Sábado, 12/11/2011.









JORNADA DE PESCA Nº 588


El viaje de pesca de este sábado hacia Pedret, ha estado cargado de melancolía y sensación de pérdida, debido a que puede haber sido la última gran aventura de pesca en compañía y a bordo de mi actual coche, Daewoo Lanos.
Matriculado en Noviembre de 1998, o sea todavía en el siglo pasado, mi Daewoo Lanos SE 1.0 – 75 CV sedán (esto último quiere decir coche de 4 puertas con maletero), ha sido fiel y abnegado compañero de viaje durante trece años. Juntos, hemos recorrido cerca de 210.000 kms bajo soles abrasadores, lluvias torrenciales, bombardeos de granizo y nevadas siberianas. En este largo periodo de tiempo, mi viejo amigo mecánico no ha tenido ni una sola avería, y la única vez que pisó un taller allende de los mantenimientos oportunos, fue en noviembre de 2004, cuando tuve que dejarlo una semana en Alfarràs, al habérsele enredado un plástico en la correa auxiliar, mientras circulaba por la autovía de Lleida. Realmente, tendré que tener mucha suerte, para que en la lotería que siempre supone cambiar de vehículo, me toque uno tan fiable y tan rentable como el que tengo ahora.
Vehículo robusto, sólido y espartano el mio. Era de la serie básica de su tiempo, y no disponía ni de airbags, ni de frenos ABS, y aún menos de elevalunas eléctricos. Por no tener, no tenía ni CD, pues iba equipado con radio-cassette: la radio-CD se la añadí yo en el año 2004. Sin embargo, y pese a esta sobriedad, me ha dado un rendimiento excelente a nivel mecánico, y jamás ha supuesto un agravio para mi bolsillo.
Juntos, mi Daewoo Lanos y yo hemos recorrido miles de kilómetros, y hemos visto carreteras convertirse en autovías. Mirad si lleva tiempo conmigo este coche, que ha sido testigo de tantas de mis jornadas de pesca como casi todas las que llevo documentadas, pues fue en octubre de 1998, cuando empecé a llevar un registro por escrito de mi vida como pescador. Asimismo, mi coche ha sido mudo testigo de mi evolución de pescador generalista a pescador a mosca, entrando por primera vez en su maletero una caña de látigo a finales de 1999.
Tampoco podré olvidar nunca, que fue a bordo de este coche como llevé a mi hija a casa por primera vez desde el Hospital, meses después de su nacimiento y resueltas en parte las complicaciones más graves de su nacimiento prematuro. Al principio la llevábamos en el cuco, que ocupaba dos de los asientos traseros, y hoy Elisenda tiene su propia silla de niña, en ese coche al que llama “cochepapa, pi, pi, piiiiiiii ”, parafraseando ese gran clásico de los míticos “Payasos de la Tele”, y que ha devenido en uno de los temas más cantados en su etapa de preescolar, junto con “la lluna la pruna” y “en Joan Petit quan balla”, y encima en castellano, para probar que dicha lengua no sufre de discriminación alguna en Catalunya, por más que se empeñen de proclamar lo contrario algunos políticos al servicio de oscuros intereses recentralizadores.
Y además de los viajes de pesca, mi Daewoo ha llevado a mi mujer de paseo y de compras por supermercados urbanos y tiendas rurales, de excursión a mis siempre bulliciosos y simpáticos amigos del Centro Excursionista, a mi sobrino de pesca cuando antes de vivir en el extranjero venía a “cazar soggoths lovecraftianos” conmigo, a mis suegros en picnics y comidas campestres, y a mas de algún lector del blog y común amigo de esa bendita afición llamada pesca a mosca, como Francesc, Riverboy, Chef Ramon, etc.
Han pasado muchos años, y mi Daewoo Lanos y yo hemos visto la C-16 pasar de peligrosa carretera de doble sentido a segura autovía. Ha esperado paciente a que me cambiara de ropa después de pescar en la oscuridad de la noche cerrada, escuchando juntos el ulular de los buhos. Ha traqueteado conmigo a bordo por pistas pedregosas y polvorientas con la misma determinación que rodaría por la mejor pavimentada de las autopistas. Ha soportado estoico el olor de Brummel tras la acción de pesca, de tal manera que ahora es su olor natural, lejano ya el olor a tapicería nueva de su juventud, y que mata incluso al mejor de los ambientadores. Ha escuchado conmigo horas y horas de Música Clásica de compositores conocidos y no tan interpretados, con la salvedad de algún que otro CD de música de discoteca de mi mujer, y recientemente alguno de canciones infantiles de mi hija. Definitivamente ¡cuánta paciencia ha tenido conmigo este coche!.
Sin embargo, hace ya años que su valor de recompra es cero, debido a su completa amortización, y recientemente he recibido ofertas muy tentadoras de vehículos que aportan por precios muy contenidos medidas de seguridad tales como 6 airbags, frenos ABS y control de estabilidad. Este hecho, el de poder dar más seguridad a mi familia en los viajes, y el hecho de que toda inversión que haga en mi coche actual es a fondo perdido, me ha hecho emprender negociaciones para comprar un vehículo nuevo, cuya entrega no creo que se demore más allá de unas semanas.
Por todo lo expuesto hasta ahora, comprenderéis que en este sábado de Veranillo de San Martín, me haya sentido un poco triste por el fin de prestación de servicios de mi amigo de chapa. Quizás lo coloque a un colega del trabajo, para pequeños desplazamientos, o quizás lo entregue para el desguace, cosa que me daría una inmensa pena, pero lo cierto es que, por muy ilusionado que esté con el coche nuevo, no he podido dejar que la melancolía me invadiese incluso antes de cargar bolsas y cañas por enésima vez en el maletero, e incluso se me escapase alguna lágrima.
Para nuestra última gran aventura juntos, he elegido ir a pescar a Pedret, ese Pedret que tanto gusta a mi coche, con esa pista pedregosa, que antaño fuera la via férrea, y que le hace soñar en una resurrección en el cielo de los coches, convertido en un todoterreno de alta gama. Puede que incluso, hubiese una última salida de pesca juntos, según los plazos de entrega del nuevo vehículo, pero ya no sería a ese mágico Pedret que tanto nos gusta a mi Daewoo Lanos y a mi...¿o quizás si?.
Bien, después de la larga parrafada sentimental, voy a empezar a hablar de pesca, no sea que los lectores terminen yéndose a otro blog, a ver muchas fotos y leer poca letra, o a otros foros en donde no se debate, sino se asientan con babeante admiración opiniones con aspiraciones a devenir en dogmas de fe.
Cuesta mucho, incluso a toro pasado, definir como fue esta última jornada de pesca. Sólo los que llevan muchas horas de rio, bien sea pescando, bien sea enredando líneas y moscas en los árboles y cañaverales, saben que hay días en los que con los números en la libreta parece que se ha pescado bien poco, y sin embargo se tiene la sensación de haber pescado mucho, y de haberse uno divertido enormemente. Pues esa sería la descripción más aproximada de esta última salida. Para los que quieran algo más sencillo y entendible, lo diré con un solo palabra: raro.
A diferencia de las dos últimas semanas, de cielos grises e intensa humedad, este sábado, una vez despejadas las brumas matinales, lució el sol y la temperatura fue sumamente agradable, y libre de la sensación de bochorno de los dos últimos fines de semana. Quizás esto activó a las truchas a comer muchas horas en superficie.
En teoría, esta semana sólo tenían que haber repoblado con 100 kgs de trucha arco-iris, pero la verdad es que yo al menos noté muy poco la repoblación. Una de las cosas más curiosas de esta jornada, con un predominio absoluto de capturas a mosca seca (6 de 7), es que todas las truchas que capturé y solté eran no tan solo de buen tamaño, sino que incluso no eran “muñonas” de repoblación, teniendo todas muy bien desarrolladas las aletas, prueba evidente de que llevaban ya un tiempo en el rio, y en ese tiempo habían aprendido a ser más selectivas (a volverse “mas putas”, vaya), y que pasasen olímpicamente de pompones, ninfas de colorines de la Srta. Pepis, marcianitos diversos e incluso de secas impecables y testadas en olimpos Pallarenses a la que estas no bajaban en una perfecta deriva.
Dicen que el que la sigue la consigue. Pues bien, tras dos semanas intentándolo ¡por fin cayó la fario! Ya hace dos sábados atrás, mi amigo Antonio “El Pintor” demostró que pescando fino las farios del Pedret salen de sus escondites. Este sábado, y víctima de uno de mis culipatos, cayó en mi sacadera una fario de 35 cms. con una bellísima librea
de esas de vientre amarillento, una de las truchas más bonitas que he pescado en Pedret a lo largo de los años.
Todo y la ausencia de lluvia, el rio bajaba ligeramente tomado, con un tono verdoso a la hora en que me planté a montar la caña en la parte superior del coto. Curiosamente, y tal como ha observado un contertulio del foro de Catalunya de Conmosca en una entrada reciente, a media mañana el caudal del rio bajó por lo menos medio metro, y el agua fue aclarándose a lo largo del dia, hasta quedar medianamente transparente a primera hora de la tarde.
Mis primeras varadas, en las mismas posturas en las que me divertí tanto la anterior semana, obtuvieron una ausencia total de picadas. Tras una hora y media larga de no ver ni indicios de peces en el rio, llegué a la conclusión de que posiblemente esta semana la repoblación en vez de iniciarse en la palanca del puente derruido y de allí hacia abajo (parte alta del coto), quizás hubiera comenzado de la Tabla de Carburos hacia arriba (parte baja del coto). Así pues, puse mi coche rumbo a la parte media, para ver por donde empezaba a tener picadas, o por lo menos a ver algún indicio de movimiento de peces.
Aún tardé un buen rato en localizar cebas, en una tabla larga en la mitad alta de la parte baja del coto (esto es, justo antes del primer túnel, yendo de Cal Rosal hacia el Puente del Pedret por la pista). El problema es que se cebaban aguas abajo, y al final de la tabla, aunque bastante lejos, había un mosquero pescando, parece ser sobre ceba vista, y poniéndose morado a capturar truchas. Intenté atajar por la orilla, para acceder a las cebas más cercanas a mi pescándolas aguas arriba, pues aguas abajo no responderos debido a la distancia y el dragado de la mosca. Sin embargo, creo que entré mal en el rio, pues no respondieron ni al tándem, y menos aún a la seca que intentaba presentar con el problema añadido de una maraña de vegetación a mi espalda. Finalmente, la necesidad de orinar se impuso a toda otra consideración y salí del rio. El otro pescador, todo y pescar lento, iba ganando metros, y no era mi deseo molestarle, así que decidí probar suerte unos trescientos metros más abajo, en una balsa en donde suelen cebarse las truchas cuando el rio presenta óptimas condiciones.
No me equivoqué demasiado: al llegar a la balsa, se estaban cebando, algunas con gran regularidad y otras esporádicamente. Aquí vino uno de los mayores chascos de la jornada, pues no conseguí ni una miserable picada de ninguna de las truchas que se estaban dando el festín, como mucho un par de rechazos y poca cosa más,
Dispuesto a no entestarme a sacar esas truchas, so pena de acabar con un bolo más grande que el portaaviones “Príncipe de Asturias”, domé mi orgullo y me dispuse a ser práctico y a reflexionar: no me estaba “comiendo un torrao” en las aguas paradas, entonces: vamos a buscar corrientes, y a montar de muevo el tándem.
Otra salida del rio, y otra caminata pista abajo, sudando bajo el sol de “Veranillo de San Martín”, me llevó a una zona de corrientes muy lentas, pero corrientes al fin y al cabo, en donde suele haber actividad en días como estos de buena climatología y poca gente en el rio. Además, sería un placer visitarlo, pues es uno de los parajes más bonitos de este ya de por si bello paraje conocido como El Pedret.
Eran ya la una pasada del mediodía, y el fantasma del ignominioso bolo planeaba sobre mi cabeza. Estaba seguro que por poca repoblación que hubiera, rascando ninfas en las piedras de las corrientes comenzaría a sacar truchas, pero me resistía a esa idea, pues estaba claro que había truchas en toda la parte baja del coto comiendo arriba, bien fueran secas o emergentes, y echarse a pescar “tungstenizado” en un día así sería admitir un fracaso peor que hacer un bolo: el de haberse conformado con el aburrimiento y la relativa seguridad, pudiendo haber pasado un rato divertido.
Por suerte, el fantasma del bolo planeó solo unos minutos más. El tiempo de hacer un cambio de bajo de línea para adaptarlo al tándem, y de hacerle pasar la ninfita por los morros de la primera ceba que vi en la correntita: bolo evitado a la una y veinte ¡uno de los días que más he tenido que sudar tinta de calamar para tocar escama!… y precisamente en un intensivo.
Un análisis visual de la situación, mientras me relajaba fumando un cigarrillo tras la primera captura, reveló que una gran cantidad de truchas cebándose estaban aguas debajo de mi posición, Así pues, crucé el rio y gané la otra orilla, y a través de una zona pantanosa (de la que salí apestando a cieno) para evitar pisar el rio, me plante “de cara” a la corriente.
El principio fue fulgurante: nada más comenzar a pescar, dos truchas se hicieron con la ninfita, lomeando en apenas un palmo de agua. Ambas las perdí tras una corta batalla, cosa que evidenciaba que aparte de con el resabiamiento de las truchas, tendría que batallar también contra mi propia, habitual y gran torpeza. Eso si, a la tercera va la vencida, y por fin ensalabré la segunda trucha de la jornada. Dos truchas al marcador, y ambas no muñonas… de ahí estos resabiamientos con las moscas, seguramente todos peces que estaban activos comiendo eran truchas con un tiempo ya de veteranía en el rio.
Ante mi, en esa tabla de tan poca profundidad, se cebaban incansables unas cuantas truchas. Viendo la dificultad de manejarlas una vez clavadas las anteriores con la ninfa, pasé a pescar a seca, aprovechando tener como aliado ese débil tiro de la corriente, y en poco rato la jornada había cambiado de color, al capturar dos truchas seguidas, merced a la polivalencia de las incombustibles moscas de CDC.
Al final de la tabla, volvía a estar en el punto por donde había vadeado. Hora de parar un momento, bajo ese sol bonancible pero que me estaba haciendo sudar, y tomar un refresco de mi sempiterna bolsa isotérmica. Mientras estaba en ello, y aprovechando para fumar con calma, me di cuenta de un incansable cebarse de “algo” en las aguas paradas de un poco más arriba, muy arimadito a un árbol.
Pese a lo complicado que había sido todo en aguas paradas en ese dia, decidí probar, haciendo la máxima puntería posible, y cual no fue mi sorpresa cuando de repente un relámpago dorado atravesó la oscuridad verdosa del agua, y de repente me vi combatiendo con toda una fario del Pedret, que al final resultó ser un precioso ejemplar de más de 35 cms. de una preciosa librea y vientre amarillo intenso: una de las truchas fario más bonitas que he pescado en Pedret en muchos años.
Celebrado el inesperado éxito con unos gritos de euforia ¡fario!¡fario!, resolví cambiar de postura e ir a ver como estaba la actividad en el parado de agua que hay justo encima del salto de agua de la estación de aforo de Pedret. Subido a una piedra y esquivando ramas de árboles, fui dejando bajar la mosca, buscando la picada de unas cuantas truchas que “patrullaban” comiendo saben las ninfas y ondinas del rio qué. Lo curioso, es que después de varios rechazos y de fallar varias clavadas, en el momento en que sujetaba la caña bajo el sobaco para encender un cigarrillo, y con la mosca dragando como un windsurfista, la misma desapareció de mi vista, y al recuperar la posición de la caña me encontré con que ya tenía clavada un trucha, que me regaló varias cabriolas y acrobacias antes de terminar en mi sacadera.
Viendo que las truchas estaban muy activas, pero aguas debajo de mi posición, y viendo que no las podía abordar cara al rio, decidí pescarlas agua abajo con un par de ahogadas, y aquí viene uno de esos momentos tan hilarantes como desquicientes con que la práctica de la pesca a mosca nos suele regalar a menudo, pues llegué a clavar hasta cuatro truchas, y ninguna llegó a mis manos: dos por mi torperza en la pelea, y otras dos mas porque se fueron con ambas moscas rio abajo, debido a un nudo mal hecho.
Como suele suceder, y seguramente a más de algún lector le habrá acontecido, el tiempo pasa muy rápido cuando uno se lo está pasando bien, y yo había perdido la noción del mismo, y cuando me dí cuenta, la tarde había avanzado más de lo que creía.
De vuelta hacia el coche, en una tarde en la que las sombras avanzaban rápido, pero que se resistía a dejar de ser luminosa, fui observando más que pescando, hasta que al final opté por dar una nueva oportunidad a la postura en la que había visto al otro mosquero cercano un mediodia que ahora se me antojaba como irreal y lejano en el tiempo. Seguramente las truchas que con tanta insistencia moscardeaban entonces, estarían ahora muy “zurradas”, pero estaba seguro de que aquel señor las había soltado, y pasado el susto de la captura, volverían a estar activas.
No me equivoqué en lo más mínimo: alli estaban, pero realmente reesabiadas, tal y como pude comprobar ya en las primeras varadas. Ya no había sol, y la tabla había quedado en la penumbra de una tarde de otoño. Fui pescando despacio hasta media tabla, consciente de que me quedaba como mucho media hora de luz, tiempo allende del cual tendría realmente problemas para salir del rio. También, de paso, fui obteniendo el rechazo sistemático de las múltiples truchas a las secas, ahogadas e incluso una microninfa sin cabeza metálica que les fui presentando. Al llegar a media tabla, decidí dar media vuelta y salir del rio mientras hubiera luz, y fue entonces cuando vi que estaban tan locas por cebarse que incluso había vuelto a hacerlos las que estaban a mi espalda, por donde ya había pasado, y que ahora tenía aguas abajo.
Como mucho, diez minutos para el último cartucho: una efémera de hackle de gallo de mi amigo Francesc Bernal, de las que me regaló ex profeso para pescar en Bonabé la temporada pasada, presentada aguas abajo, y a esperar el milagro antes de que dragase.
Como para compensar mi mal rato con la seca, y cuando ya estaba decidido a salir del rio, ¡zas! tomó la mosca una señora trucha con la que sostuve una buena pelea, otra de esas arco-iris que se han asilvestrado, y presumen de aletas de pez de verdad.
En el último tramo de camino hacia el coche, fuera ya de la lóbrega vaguada en donde había estado pescando a última hora, aún pude disfrutar un poco de la luz del sol justo en el momento de su ocaso.
Como la semana anterior, y como tantas otras en otros otoños y otros inviernos de mi vida como pescador, terminé cambiándome en la penumbra. Tras el habitual embadurnado con “Brummel”, volvió a darme el antojo de comer churros, pero en esta ocasión, la churrería ambulante de la Fira del Bolet de Cal Rosal estaba cerrada, así que me terminé yendo a merendar a Gironella, previa compra del oportuno pastelito en el establecimiento de mi amiga Ramona.
Durante el camino de vuelta a casa, escuché la turbulenta Sinfonía nº 12 de Shostakovich, subtitulada como “El año 1917”, y dedicada a esos aciagos dias de la Revolución de Octubre. Como si fuera la música de una película, dedicada en este caso al fervor revolucionario, uno cree ver, tan solo a la mitad del primer movimiento, al crucero “Aurora” enfilando rumbo y cañones hacia el Palacio de Invierno del Petrogrado de aquel entonces.
Música para tiempos políticos confusos. Hoy en día, tras dar por finiquitada –quizás de un modo demasiado anticipado- la revolución, la tiranía de los mercados, la oligarquía y los lobbies pretender arrebatar a los trabajadores los derechos conseguidos no en urna alguna, sino a base de huelgas, sudor y sangre. Espero que por el bien de todos, que nadie de por enterrada la capacidad de pueblo para cabrearse, y que nose banalice una indignación que creo del todo justa.



TEMPORADA 2011 - 2012 - Nº 7

Sábado, 12 de Noviembre de 2011

TEMPORADA DE COTOS INTENSIVOS DE SALMÓNIDOS 11-12 – Nº 7

Coto del Pedret

Rio Llobregat

Pescador: Ferran RUBINSTEIN

Capturas:

4 truchas arco-iris a mosca seca, 2 truchas arco-iris a ninfa y 1 trucha fario a mosca seca.

Climatología: soleado y templado.

Hora de inicio de la jornada: 10,15 h.


Hora finalización jornada: 17,00 h.


La música de hoy:

Viaje de ida:

Sinfonía nº 6
“Una Fiesta Eslava”
Alexander Glazunov


Viaje de vuelta:

Sinfonía nº 12 “el año 1917”
Dmitri Shostakovich

Obertura Triunfal
Anton Rubinstein


Lineas Tensas!

viernes, 11 de noviembre de 2011

SHOPPING: NINFAS TG - PARA DISFRUTAR DE LA PESCA Y TAMBIÉN PARA COMPETICIÓN.

Hola Kamaradas:

Hoy inauguramos en este blog una Sección de Shopping, para ofrecer a nuestros queridos lectores la posibilidad de comprar articulos de pesca y montajes elaborados, construídos y montados por nuestros propios lectores.
El primero en inaugurar esta Sección, es mi buen amigo Antonio Grados, alias "El Pintor", que os ofrece la posibilidad de obtener a muy buen precio, montajes de inmejorable calidad para la pesca a mosca, tanto a nivel amateur, como de competicion.
Os paso el enlace:


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Si tenéis cualquier producto que ofertar, no dudéis en contactar conmigo, pues os haré publicidad gratuiita, y sin ánimo de lucro.
Un abrazo y Líneas Tensas!



Ferran RUBINSTEIN.

lunes, 7 de noviembre de 2011

JP-587. COTO DEL PEDRET. Sábado, 05/11/2011.




















JORNADA DE PESCA Nº 587


Monsieurs et madames, ladies and gentlemen, el Gran Circo de Pedret sigue dando el mayor espectáculo en cada función, por el módico precio de un ticket de pesca… pasen y vean.
Tras una semana de lluvias, inundaciones, cortes de carreteras y salidas de urgencias de los servicios de bomberos a lo largo y a lo ancho de nuestra geografía, ni siquiera el siempre limpio Pedret se ha librado del chapapote de barro en disolución este pasado fin de semana. Pese al aporte permanente de agua limpia desde el pantano de La Baells, la Riera de Metge i otros torrentes secundarios se han encargado de chocolatear el agua, y de paso aportar un caudal extra al rio Llobregat hasta la salida del canal industrial de Berga, justo debajo de la “tabla de Carburos”.
Sin embargo, y como parece ser que “todo es posible en Pedret”, y que truchas haberlas hailas, por esta vez el agua turbia y el caudal extra no me han servido de excusa para no pescar. Además ¿quién dice que no se puede pescar a mosca con el agua turbia? Vamos a ver, las truchas están, y aunque su inactividad se deba a que ya se han hartado de comer, debido al aporte extra de pitanza que ha ido bajando arrastrada rio abajo, o bien a que la bajada de presión atmosférica las ha desactivado, siempre son susceptibles de echarle un buen mordisco a una suculenta San Juan worm o a una excitante y sensual pom-pom, máxime tratándose de pescar truchas arco-iris de repoblación. Para más recochineo, bastó que con el transcurso de las horas se aclarase tan sólo ligeramente el agua, pasando del marrón chocolate al verde, para que las más avezadas de entre las forzadas gladiadoras del rio dieran la cara por arriba, y alguna que otra se diera un festín de plecópteros antes de terminar en mi sacadera, y de allí de nuevo al rio a seguir poniéndose morada, tras reponerse del susto, claro está.
La jornada se dividió en dos mitades completamente diferentes. La primera, durante una mañana en que incluso el sol se atrevió a asomarse entre el grueso manto de nubes, y en la que el rio bajaba completamente amarronado. Pese a que no se veía ni traza de actividad de las truchas, ni en superficie ni debajo de la misma, en uno de los lances repetitivos en una de las muchas posturas que fui prospectando con tanta paciencia como fe, una ligera tensión en la línea me advirtió de que algo ¿tronco, rama, pez? había detenido el discurrir de una de mis dos ninfas ¿cuál sería? ¿pom-pom o lombriz de chenille? Tras una corta pelea “a ciegas” con un pez “misterioso” que peleaba detrás de la opacidad del agua, pude ver que la trucha, de repoblación, se había enganchado en la pom-pom, ninfa esta atractora de mikiis por excelencia.
A eso de las dos de la tarde, tras haber gastado grandes dosis de paciencia, y de permanecer a pie de rio con un estoicismo digno de Zenón de Citio o de Séneca, y cuando más se nublaba el día, el rio comenzó, sin embargo, a clarearse un poco, fruto de las horas sin lluvia, y del aporte permanente de agua limpia desde el pantano de La Baells.
Entonces, comenzó la fiesta. Primero fue una ceba esporádica, después dos, y después varias. Se terminó el pescar “pesado”, y vamos a cambiar de aparejo y de bajo de línea si hace falta, pero…¿qué carallo están comiendo? Por el rio bajaban esporádicamente plecópteros marrones y a veces otros negros, pero las truchas parecían estar lomeando más que boqueado. Freno y punto muerto: toca reflexionar. La apuesta: en caso de duda, y sobre todo no teniendo ni una imitación decente de emergente de plecóptero en mi caja, recurrir a las socorridas y tan denostadas ahogadas de buldó, socorridos y recurrentes comodines donde los haya, pero trabajando en tándem al final de mi bajo de línea.
En previsión de que esas fuesen las únicas truchas que moscardeaban, y por si acaso ya no veía más cebas en todo lo que quedaba de día, tomé incluso precauciones adicionales, como salir del rio y pescar sobre ceba vista, pero aguas abajo, al más puro estilo “ofegada fent el vano”. Tras dos derivas infructuosas, poco tardó una de las truchas en pegarle dentellada a la ahogada naranja, que en este caso hacía de bailarín y semibailarín a la vez. Corta pelea, sin concesiones, y a la sacadera. ¡Anem per feina! Sin pausa para el cigarrillo del éxito –variante del relax post coital pero en versión adaptada a la pesca a mosca- a por la otra que se cebaba en la orilla opuesta. Otras dos pasadas y ¡picadón brutal! en este caso a la morada que hacía el papel de obligado rastro. Esta vez si, trucha al agua y cigarrillo para relajar la tensión, y de paso ver si alguna otra trucha más asoma el morro.
Tras unas cuantas varadas más, sin respuesta por parte de los peces, decidí ir avanzando rio arriba y observar más que pescar, a ver si detectaba más cebas, cosa que no tardó en suceder. En este caso, una repetitiva, constante, machacona, casí rítmica en la siempre difícil postura de “correntita suave” en la orilla contraría juuuuuuusttttoooooo donde caen las ramas de los árboles: la típica trucha de la que pasas si llevas un dia “sobrao” de capturas, pero que dadas las circunstancias no podía desperdiciar.
Los primeros intentos de hacer puntería, se saldaron, como podéis suponer con la pérdida del tándem de ahogadas previo enganchamiento en rama de aliso (casuística nº 3540 del manual del lanzador torpe). Así pues. Aproveche la eventualidad para cambiar a mosca seca, y con un poco más de acierto, meter la socorrida efémera de CDC, que a nada y a todo imita en esa oquedad, recibir una ligera picada, y tras el revolcón recuperar sólo la mosca, pero bien babeada.
No me amedrentó el hecho de que la trucha hubiera “probado hierro”, pues no debió probar mucho a tenor de que volvía a cebarse. Así pues, con esa paciencia rayana en el masoquismo que tenemos algunos pescadores, volví a rehacer el tándem de ahogadas con las mismas (y últimas de mi caja, por cierto) moscas, y ¡esta vez si! Por fin clavar esa codiciada trucha, pelearle, y de repente ¡ver con desesperación como se llevaba mis ahogadas a su refugio, pues mi bajo de línea había sido víctima de algo tan tonto pero tan frecuente como un nudo mal hecho.
La jornada había pasado de ser anodina, a realmente excitante en menos de tres cuartos de hora. Estaba seguro de que me esperaban más emociones esa tarde. Amenazaba lluvia, pero eso frecuentemente excita aún más a las truchas a comer. Venga ¡rio arriba y a mirar con cariño toda la superficie del agua, en busca de esas cebas que son el preludio de la emoción.
Ni diez minutos después, para mi sorpresa y satisfacción, di con una tabla larga en la que se cebaban no una, ni dos, ni tres, ni cuatro sino todo un auténtico mogollón de truchas, que parecían estar poseídas por un tremendo frenesí. A mucha distancia, desde unas rocas, con los pies secos, tentaban a buldó y a cucharilla un par de pescadores de lance. Así pues, me situé al inicio de la tabla, justo donde apretaba la salida de la corriente, para pescarla aguas arriba.
Para no “alterar el gallinero” más de lo necesario, todo y que las truchas más distantes de mi parecían indiferentes al bombardeo de boyas y cucharillas, pasé a centrarme en las que tenía más cerca, y aprovechando el frenesí, no tardé en que tres truchas repobladas de esas que “ya han aprendido a moscardear” terminasen en mi sacadera gracias, como no, a los socorridas “culipatos”.
El auténtico calvario llegó cuando empecé a alargar la distancia, para llegar a la altura de las que estaban cebándose en el centro de la tabla. Otra vez, tuve que pagar una justa penitencia por ser tan vago y desidioso. Veréis, resulta que mi seda paralela esta desengrasada y además sucia como una cueva de trolls. Por tanto, no es de extrañar que con lo empapada de agua que ya estaba tras haber bregado con la pesca con ahogadas, se hundiese y no precisamente con letitud, formando una comba que hacía dragar de buenas a primeras mi mosca, por muchas rectificaciones en el bajo de linea que le hiciera. Todo y así, mira si estaban locas las truchas por comer, y lo inexpertas que debían ser, que aún clavé tres o cuatro, pero tan mal y debilmente, debido a la curvatura bajo el agua de la línea, que las perdí nada mas clavar.
Empezó a llover, una débil llovizna de corta duración, y visto el fracaso de pescar largo en esas condiciones, pase a pescar a tándem de tricóptero y microninfa, con la esperanza de que alguna trucha se interesase por la imitación sumergida. Sin embargo, estaba visto que era el dia de las sorpesas en el Circo del Pedret, pues de un modo inesperado, una buena trucha, quizás la mejor en tamaño de todo el dia, apareció de la nada para clavarse en el tricóptero, pero también estaba visto que la estrella de la pista era el payaso, pues no pude ni retener al pez más que unos segundos hasta que se me desclavó.
Cansado de tantas emociones, y con el fin de aliviar mi vejiga, salí del rio, y tras la micción pasé a ir tanteando posturas, cercana ya la hora de recoger trastos, con un aparejo “al hilo” de seca y ninfa. Este último paseo, pescando pausadamente, aún dio de si lo suficiente como para que una trucha tomase mi ninfa (una que precisamente mereció de mi buen amigo Antonio “El Pintor” el elogio de ser “la ninfa más fea que he visto en mi vida”) antes de acabar en el salabre, y de que tras tres ataques consecutivos, una trucha muy juguetona cerrase la cuenta de capturas del dia al clavarse al fin en el tricóptero de pelo de ciervo de mi aparejo de doble imitación.
Esta vez, no hubo merienda pastelera, sino churrera. Aprovechando que han instalado una churrería en la Feria de Cal Rosal, la ya famosa “Fira del Bolet”, aproveché para satisfacer mi capricho de una merienda con churros, a doble ración, de los tradicionales con azúcar, y también de los de chocolate.
Aprovechando la lenta vuelta a casa bajo la lluvia, que desde Manresa arreció con bastantes ganas, estuve reflexionando sobre la gran cantidad de kilómetros que llevo recorridos con mi fiel Daewoo Lanos, modelo básico del año 1.998. Creo que es cuestión de ir haciendo un pensamiento, y renovar el coche. Os adjunto una foto de un vehículo que me encanta, todo y que de tenerlo, creo que me dejaría el sueldo en gasolina, y sobre todo en repuestos.



TEMPORADA 2011 - 2012 - Nº 6

Sábado, 5 de Noviembre de 2011

TEMPORADA DE COTOS INTENSIVOS DE SALMÓNIDOS 11-12 – Nº 6

Coto del Pedret

Rio Llobregat

Pescadores: Ferran RUBINSTEIN

Capturas:

4 truchas arco-iris a mosca seca, 2 truchas arco-iris a mosca ahogada y 2 truchas arco-iris a ninfa.

Climatología: nublado y templado.

Hora de inicio de la jornada: 10,30 h.


Hora finalización jornada: 17,15 h.


La música de hoy:

Viaje de ida:

Sinfonía nº 2
Vasily S. Kalinnikov

“El Ideal”
Franz Liszt

Viaje de vuelta:

“Ball Suite”
Franz Lachner

“Ein Festes Burg”
Joachim Raff

“Hungaria”
Franz Liszt

Lineas Tensas!



Ferran RUBINSTEIN.

domingo, 16 de octubre de 2011

JP-584. COTO DE ALFARRÀS. Sábado 15/10/2011.








JORNADA DE PESCA Nº 584


El dia de volver a pescar en el Coto de Alfarràs, tras el largo paréntesis de la temporada oficial de salmónidos, siempre resulta excitante, y más cuando en este inicio de año pesquero he demorado mi vuelta a este escenario hasta bien entrado el mes de octubre. Suele ser en este mes, y debido a las generosas repoblaciones que se hacen de cara a cubrir los masters de mosca y lance ligero que se hacen anualmente a principios de octubre, cuando este coto vuelve a ser, aunque sea por unas pocas semanas, aquella “Fábrica de Sueños” en las que tanto y tan bien se pescaba en aquellos tiempos anteriores al año 2005,cuando gracias a la acertada gestión de la sociedad que se hacía cargo del coto no faltaban nunca truchas, ni buena vigilancia.
Pese a lo engañoso del resultado final de la jornada, este ha sido muy divertida, y aparte de disfrutar de muchas emociones y capturas en el rio, he podido evocar, en este benigno dia de otoño, tantas y tantas aventuras vividas en este coto, al que tanto le debe el progreso de mi afición en el arte de la pesca con mosca, a lo largo de los años.
Como cada dia, y a medida que más mayor me hago, tengo más problemas de sueño, me ha constado muy poco madrugar antes de la hora habitual y ponerme al volante, primero rumbo a La Panadella, y luego, con el gitanillo de nata y el café con leche ya engullidos, continuar rumbo a Alfarràs y al rio, a donde he llegado cuando aún era de noche.
Camino de Alfarràs, en esta noche templada de octubre, en que la luna pugnaba constantemente por abrirse paso entre un velo de nubes, he disfrutado de uno de mis mejores viajes de pesca en solitario de estos últimos tiempos, escuchando el poderoso, vibrante, testosterónico y –si queréis- incluso bombástico Concierto para Piano y Orquesta nº 3 de Xaver Scharwenka, una obra que recomiendo incluso a profanos en esto de la gran música, más que nada por el enorme magnetismo con el que el oyente se ve atraído desde los primeros, rotundos y poderosamente llamativos compases de la obra.
Como decía, llegué de noche cerrada todavía al rio, y esto me permitió, antes de que hubiera luz suficiente para cambiarme y montar el equipo, disfrutar de un rato de relax en la oscuridad, escuchando esa atonal e incluso cacofónica sinfonía de la noche: el ulular de los buhos, los crujidos del follaje al paso de pequeños animales, el alboroto esporádico del paso de algún jabalí a través de la floresta, el graznar esporádico de algunos patos en los cañaverales, el lejano kikirikí de gallos en granjas lejanas, anunciando la inminencia de la aurora, y sobre todo el omnipresnete fragor de las corrientes del rio.
La claridad se fue imponiendo poco a poco, pero no hubo una salida de sol rotunda y fotogénica, pues hasta media mañana unas ligeras nubes altas enturbiaron un tanto el cielo, pese a que los claros terminaron abriéndose, y a partir de media mañana brilló el sol. Con la llegada de la luz diurna, llegó el momento de dejar de jugar a ser un vampiro crepuscular, y ponerse a embutir el vader en el cuerpo y dejar listos los aparejos.
Para mi sorpresa, el rio bajaba un poco más alto de lo que esperaba, pero recordé que muchos dias suelen soltar agua desde la estación de bombeo hasta las nueve y media e incluso a veces hasta bien pasadas las diez de la mañana. Habida cuenta de que empezaba a pescar mucho más pronto de lo habitual, o sea a las nueve menos cuarto, adecué mi aparejo a esta contingencia, y desistí de pescar de incio con tándem de seca y ninfa, para pescar “tungstenizado” y luchar así contra el poderoso tiro de corriente de ese metro cúbico y medio que, a ojo, bajaba de más.
Los primeros lances resultaron infructuosos, pero con paciencia fueron saliendo algunas truchas, aquí y allá, hasta un total de cuatro, tres a la ninfa “pompom” y una más a esa “alfarraseña” de color rosa que es toda una leyenda de este coto. Previo a la última de las capturas de esta serie, se me desclavaron tres seguidas: estaba visto que iba a ser un dia de esos en que se perderían muchas truchas, bien porque “comen mal”, como dicen algunos, o bien por mi falta de diestría en la pelea.
Pasadas las diez, el rio se puso manso, y la bajada del caudal hizo propicia la pesca más ligera. Así pues, cambié de escenario para ir a una zona de tablas y corrientes de poco calado, y ponerme a disfrutar de la polivalente y vistosa pesca con tándem. La entrada al nuevo escenario no pudo ser más fulgurante, ni más improductiva, pues en pocos minutos clavé tres tuchas seguidas que se me desclavaron ¡rayos y truenos ¡ ¡que patoso llega a ser uno! ¡cua, cua, cua, cua, cua!
Conjurado a ser más efectivo, eché mano de concentración y crucé los dedos para tener un poco más de suerte, y comencé a capturar truchas a buen ritmo, todo y la presencia de algún que otro ninfero-ametrallador (especie fluvial que aparenta ser un pescador a mosca, pero que en conducta no se asemeja para nada a un mosquero) pateando rio, y de algún que otro pescador de lance bombardeando posturas a las que esperaba llegar tan pronto “se calmase el gallinero”. Incluso una trucha subió a por mi tricóptero y conseguí clavarla, tras dos intentos anteriores de peces que también se interesaron por mi mosca seca, pero que fallé estrepitosamente al clavar.
Aguas más arriba, me encontré con el espectáculo de ver un auténtico mogollón de truchas repobladas tomando el sol casi en la orilla, con apenas dos palmos de agua, así que tras los consabidos tiros a la corriente, en donde alguna captura hubo, pasé a pescar “al revés”, o sea, desde dentro de la corriente, ya batida, hacia la orilla. Esta estrategia funcionó, e incluso otra trucha se zampó el tricóptero y terminó en mi sacadera. Desgraciadamente, en esta postura capturé la mayor de las truchas de la jornada, una “asilvestrada” con medidas “torpederas” de más de 40 cms., pero que no pude contabilizar como captura, debido a que la mosca, en este caso el tricóptero, se había prendido de su lomo, y ya sabéis que, por lo menos para mi, los peces cogidos “al robo”, jamás deberían contarse como capturados.
A eso de las dos de la tarde, decidí hacer una larga pausa, para descansar, tomar una lata de té con limón, zamparme un par de tortas de aceite de esas típicas de Sevilla, fumar un par de cigarrillos sin stress ni quemarme los labios al tener las manos ocupadas y tomar un rato, ese agradable sol de otoño a torso desnudo. Ya sé que para algunos puede sonar a auténtica gilipollez eso de salir del rio a la hora en que las truchas están más activas; sin embargo, hace ya tiempo que dejó de importarme eso de tensar lineas sin parar: ya tengo bastante stress durante la competitiva y exigente jornada laboral, como para competir en el rio, ni que sea contra mi mismo y mis propios records. ¡Al carajo con la exigencia! De nada me serviría pescar, si esto no me permitiese disfrutar de la libertad en el rio, y del placer que de por si me produce estar cerca del agua que surca la tierra en busca del mar.
El tramo final de la jornada, comenzó con otro cambio de escenario, al que accedí mediante un corto viaje en coche. Pese a la soledad del lugar, y de la tranquilidad del momento, se produjo un largo interludio sin capturas, y de gran inactividad, sólo rota por alguna esporádica ceba de truchas que no se bien lo que comían, pues aparte de muy pocas efémeras de color tostado, también pulularon a lo largo del dia unos pequeños tricópteros de color negro. Finalmente, y tras una captura a ninfa, vino la sorpresa final, tras insistir y machacar sobre cebas vistas, de hacer un doblete de dos truchas a la vez, una capturada con el tricóptero, y la otra con la ninfa, el perdigoncillo naranja al que le fui fiel a lo largo de todo el dia, y con el que dí por concluida esta excitante y divertida jornada.
Hablando de dobletes, he tenido la suerte de hacer unos cuantos y en varios escenarios. Incluso una vez en Pedret llegué ha hacer un “triplete”. Por lo que hace a dobletes en Alfarràs, hacía mucho que no hacía uno, pero recuerdo una jornada de hace ya años, en un dia desapacible, lluvioso y frio de septiembre –creo que fue en el año 2005-, en el que en un rio casi desierto de pescadores, pero muy bien repoblado, llegué ha hacer tres dobletes la misma jornada.
Mientras me cambiaba, tuve ocasión de saludar por segunda vez en la misma jornada a los Graells, Jordi padre y Jordi hijo. Graells senior no había podido pescar, aquejado por una lumbalgia, pero su hijo, o sea Graells júnior, había pescado por los dos, pues el chaval está hecho un auténtico crack y había disfrutado de una épica pescata de escándalo. Un fuerte abrazo para los dos, y muchas gracias por seguir semanalmente mi blog.
Camino de la merienda en La Panadella, y de ver un rato el Real Madrid-Betis (más que nada por ver si perdía el Realísimo), reflexioné acerca de cuán engañosos suelen ser los números: diececiocho truchas capturadas en un rio tan bien repoblado como lo estaba este sábado pueden parecer incluso pocas, pero si añadiésemos la gran cantidad de peces que perdí, quizás pudiera parecer una pescata considerable. De todas maneras, fue para mi un dia divertidísimo, y sobre todo disfruté de una sensación de libertad rayana en la euforia...¡buena música, disfrutar de los misterios de la noche y además mucha actividad en el rio! ¿Qué más se puede pedir?.
Y antes de finalizar, una reflexión acerca de lo engañosos que suelen ser los números, y lo manipulable que suelen ser las estadísticas. A lo largo de las noches electorales, y a tenor de los números, resulta que, oyendo a los portavoces de los partídos políticos, nadie pierde. O sea, que es aquello de la botella medio llena, o medio vacía, o de una gran fiesta de la democracia, todo y que la abstención ha sobrepasado el listón del 40%. Mirado desde el punto de vista empresarial, según los sacrosantos números, el haber obtenido un poco menos de beneficio se traduce inmediantemente en pérdidas, y para enjuagar estos menos-beneficios-considerados-como-pérdidas, hay que tomar urgentes medidas como reducir plantilla, solicitar EREs y externalizar servicios a negrerías sitas en Bulgaria o el Lejano Oriente. Como decía Dostoyevsky “la matemática universal lleva a la esclavitud universal”.



TEMPORADA 2.010 - 2.011 - Nº 4

Sábado, 15 de Octubre de 2011

TEMPORADA COTOS INTENSIVOS DE SALMÓNIDOS 10-11 Nº 4

Coto de Alfarràs
Rio Noguera-Ribagorçana
Capturas: 15 truchas arco-iris a ninfa y 3 truchas atco-iris mosca seca
Pescador: Ferran RUBINSTEIN

Climatología: mañana: nubes y claros, fresco. Tarde: soleado y templado.

Hora de inicio de la jornada: 08,45 h.

Hora finalización jornada: 17,00 h.

La música de hoy:

Viaje de ida:

Sinfonía nº 3
Anton Rubinstein

Concierto para apiano y orquesta nº 3
Sonatina en “MI” menor
“Dos Danzas Polacas”
Xaver Scharwenka

Viaje de vuelta:

Concierto para violín y orquesta nº 2 “en estilo húngaro”
Joseph Joachim

Obertura “Los Husitas”
Anton Dvorák

Rapsodia Ucraniana para piano y orquesta
Sergei M. Liapunov

Cortejo Solemne Op. 91
Alexander Glazunov


Lineas Tensas!



Ferran RUBINSTEIN.







lunes, 10 de octubre de 2011

JP-583 - COTO DE PONTS - TORREBLANCA. Sábado 08/10/2011.































JORNADA DE PESCA Nº 583


He madrugado mucho este sábado, con el solo fin de llegar a Ponts escuchando la Rapsodia para Violín nº 1 de Bela Bartók (en una transcripción para violoncello), y poder ver amanecer en el rio.
Cumplidos estos deseos, ha comenzado una de esas jornadas de pesca relajantes, productivas y divertidas con las que el otoño nos suele regalar a aquellos que creemos que todo el año es temporada de pesca, y que seguimos celebrando, con frio polar o calor africano, la liturgia de acercarnos al rio para intentar pescar y, además, gozar de un mundo de sensaciones que quizás a muchos, más atados a convencionalismos o a ideas prefijadas sobre lo que es la diversión en el entorno natural, la pesca, o ambas cosas a la vez, suelen pasarles desapercibidas.
Lo primero que me ha llamado la atención al tomar la pista de tierra que discurre por la orilla del rio, es lo muy bajo de caudal que baja el Segre. Ha terminado ya la temporada de regadío, y además el fantasma de la sequía vuelve a planear sobre Catalunya, y más aún en la sobreexplotada cuenca del Ebro, a la que el Segre pertenece. Esto seguramente va ha hacer que el cierre del grifo sea aún más restrictivo.
Más chocante a la vista, es la evidente entrada de la escavadora en el rio, en el tramo del club náutico, en donde se ha creado artificialmente una cordillera de grava en medio del cauce, y que divide el mismo en dos canales, uno de ellos medio seco. Parece ser que va ha haber una remodelación de la instalación dedicada al piragüismo en aguas ¿bravas?.
La madrugada fue no fresca, sino ya fria. Pese a que el dia resultó luego soleado e incluso agradablemente templado a mediodia, se nota ya que estamos en otoño, y que las noches son ya más largas que los dias. Tiempo de resfriados, en definitiva.
Algunos árboles de ribera ya amarillean, y sobre el rio se formaba una película de niebla superficial, debido al contraste del frio del aire con un agua que me ha sorprendido por su inusitada calidez: puro caldo.
Comenzada la acción de pesca por la parte baja del coto, me ha llamado poderosamente la atención, la enorme cantidad de ova que ha crecido, en tal desmedida abundancia, que algunas partes que antes eran francas de pescar, ahora parecen un campo de golf. Ente los canales de ova, ya recién amanecido, no dudaban en moscardear algunas truchas.
Optando siempre por lo práctico, y buscando la polivalencia, que de “hacerlo bonito” siempre hay tiempo, he optado por armar un tándem de seca y ninfa –pesca ligera, mucho más bonita para mi punto de vista que el derivar profundo de “cebollos” y “pompones”- y ponerme ha hacer puntería para que las imitaciones derivasen por los estrechos canales. Pese a algunos e inevitable enganches, he comenzado a capturar truchas a los pocos minutos de comenzar la jornada, siemdo la primera una subida inesperada al tricóptero “punky”, y doce más tomadas de la ninfa de peces escondidos entre la vegetación.
Con el sol ya alto en el firmamento, y tras evitar que unos cucharilleros hicieran puntería en mi cabeza, he tenido la ocasión y el gran placer de conocer en persona a los contertulios de Conmosca Moreti, Javiermosquero y “El Cuñao”, los mosqueros de la Imperial Tarraco. Sinceramente, aún son más divertidos en persona que en los posts. ¡Una divertida troupe de auténticos locos por la pesca todoterreno! Les había ido muy bien en unas corrientescerca ya de la nueva isla artificial, e incluso Javiermosquero, un acérrimo de la mosca seca, como mi amigo Francesc, había conseguido engañar un par de farios con una imitación muy depurada de efémera con parachute.
Tras el encuentro, tertulia y cigarrillo con los joviales mosqueros tarraconenses, decidí “cambiar de tercio”, como dicen en los toros, e ir a echar un vistazo a las corrientes de la parte alta del coto, en donde me he encontrado un auténtico overbooking de pescadores, tanto de lance, como de mosca, los unos zurrando el rio, los otros bombardeándolo, y algunos de ellos pateando rio abajo posturas propias y ajenas como si del caballo de Atila se tratase. ¡Cómo se nota que este no está siendo buen año de “bolets”! Si no, de qué iba a haber en otoño un lleno de así en Ponts.
Todo y así, pude hacerme un huequecito, con educación y guardando las distancias, y eso me permitió seguir capturando truchas, siempre arco-iris de repoblación, para desesperación de algunos “cucharillero-rapaleros” que veían como las sacaba en sitios que habían machacado con infructuosa piedad.
Fue en este tramo cuando capturé la segunda de las truchas a seca, víctima de un tricóptero de pelo de ciervo mas “convencional” que había sustituido al peludo “punky” en un cambio de aparejo previo. Me llamó mucho la atención el reiterado moscardear muy pegado a mi propia orilla, y en un principio pensé que podría tratarse de una fario, pero en realidad se trató de una arco-iris, curiosamente la más pequeña (y traviesa, por lo que se ve) de un dia en el que el tamaño de las truchas ha sido considerable, y algunas de ellas, pese a su origen “cubano” (de cuba camionera, claro está) han dado una muy digna batalla.
Al mediodia, no es que hiciera calor, pero se estaba realmente bien bajo el sol, y decidí hacer un receso para tomar una lata de te con limón, fumar tranquilamente y rehacer de nuevo el bajo de linea. Justo antes, había pescado en una postura a tocar del coche que justo se había “vaciado de orcos”, y clavé otro par de truchas. Fue allí en donde volví a saludar a los amigos Conmosqueros de la Imperial Tarraco, que al igual que yo estaban disfrutando de un buen dia de pesca, relajante y sin prisas.
Con la llegada de la tarde, el rio empezó a vaciarse un tanto de gente, y volvía a pasear tranquilamente arriba y abajo, buscando posturitas que no había hecho por la mañana. Ciertamente, el rio se notaba “zurrado” y en algunas partes las truchas estabaan francamente escarmentadas. Sin embargo, en otras, era llegar y clavar, y a esas horas de la tarde, con tantas horas de patear y de pescar encima, también de desclavadas y pérdidas de peces por falta de concentración.
Por un momento, estuve tentado de ponerme a pescar a seca, pero desistí primero por la poca actividad en superficie que se veía, y sobre todo porque se levanto un aire muy molesto... y también, porque no decirlo, porque pasadas las tres y media de la tarde, y llevando pateando el rio desde las nueve menos cuarto, yo no se vostros de que ánimo estaríais, pero yo estaba realmente peeerrrrooooo...
Decidí terminar de pescar en cuanto pescase la veinteava trucha, y eso fue casi a las cinco de la tarde. Veinte truchas arco-iris no es que sea una pescata de escándalo en estos escenarios intensivos profusamente repoblados, pero para un dia de pesca en plan relax y con tanta gente pisando el rio, creo que está la mar de bien y es sinónimo de haber disfrutado de un dia de diversión y capturas.
Fallaron las farios, y también los ciprínidos, pero creo sinceramente que la increible profusión de pez repoblado, retrae muy mucho a los peces nacidos en el mismo rio. Por lo que me contó un pescador muy amable de Igualada, con el que conversé un rato –cigarrillo de por medio- poco antes de terminar la jornada, la semana anterior fue antológica, pues estaba el coto tan repoblado que era tirar y sacar. Ese mismo señor capturó más de sesenta truchas. Yo mismo puedo dar fé de que eso a veces sucede, sobre todo cuando se repuebla y repuebla, y la gente está por otras cosas y no va a pescar. En Ponts mismo, un dia (creo que fue el 3 de Octubre de 2.009), viví una de esas jornadas de “tirar y sacar”, y me retiré a las tres peladas de la tarde, cuando ya llevaba 42 truchas y 1 bagra, más que nada porque ese dia tenía un señor trancazo rayano en neumonía, y no me apetecía nada seguir pasando frio y costiparme aún más para, a cambio, ver siempre la misma picada clónica, de truchas que al final también me parecían clones, en una imitación fluvial del “dia de la marmota”.
Bienvenidos al “otoño de los intensivos”, una época para disfrutar de una pesca a priori relajante, todo y que la sorpresa siempre puede saltar en cualquier escenario, por más manido, trillado y sobrepescado que lo creamos, y también para volver a reencontrarse con los amigos, pasada ya la siempre corta temporada oficial.




TEMPORADA 2.011 - 2.012 - Nº 2
Sábado, 8 de Octubre de 2.011

TEMPORADA COTOS INTENSIVOS DE SALMÓNIDOS 11-12 Nº 2

Coto de Ponts-Torreblanca
Rio Segre
Capturas: 18 truchas arco-iris a ninfa y 2 truchas arco-iris a mosca seca
Pescador: Ferran RUBINSTEIN

Climatología: soleado y fresco.

Hora de inicio de la jornada: 08,45 h.

Hora finalización jornada: 17,00 h.

La música de hoy:

Viaje de ida:

Sinfonía nº 3
Anton Rubinstein

“Fantasía sobre temas polacos”
Ignacy Paderewski

“Danzas de Marosszék”
Zoltán Kodály

Rapsodia para violín y orquesta nº 1
(transcripción para violoncello)
Béla Baartók

Viaje de vuelta:

Concierto para violín y orquesta nº 1
Joachim Raff

“La Canción del Héroe”
Anton Dvorák

Obertura de “Rienzi”
Richard Wagner


Lineas Tensas!


Ferran RUBINSTEIN.

martes, 4 de octubre de 2011

JP-582. COTO CAMÍ DE L´OLIVA - OLIANA. Lunes, 03/10/2011






















La amistad, y más en los tiempos que corren, es uno de los bienes más preciados. El cultivo de la misma, y más cuando los amigos comparten pasiones comunes, conlleva premios frecuentemente de valor intangible, pero siempre de enorme valor emocional.
Para mi, fue un gran premio el poder compartir esta que aquí reporto, la primera jornada de pesca de la nueva temporada 2011-2012 –que no debéis confundir con la temporada de salmónidos de este año, ni la del que está por venir- con mi gran amigo Diego Adam, al que no veía en persona desde hace casi seis largos años, toto y nuestro frecuente contacto via correos electrónicos y el seguimiento que hace de mi, nuestro, vuestro, blog de pesca, y que me ha concedido, todo un privilegio, un dia de su apretada agenda de viaje de bodas (se casó hace apenas dos semanas), para poder compartir conmigo un dia a pie de rio, con la caña en la mano.
Antes de nada, debo poneros en antecedentes de que Diego, a quien conocí durante una una estancia laboral en nuestro pais, suele decir de un modo muy erróneo que yo fui su maestro en esto de la pesca a mosca. Craso error. La verdad es que Diego, incluso cuando aún no pescaba a mosca, ya llevaba desde toda la vida pescando, y para mi fue muy fácil contagiarle el virus de la pesca de sedal pesado, modalidad que él siempre había querido practicar.
Más que un maestro de nada, y menos de la pesca a mosca, y más aún viendo los explosivos aterrizajes de mis artificiales y mi especialidad en hacer bolos incluso en auténticas peceras, prefiero considerarme para con Diego como un animador, O sea, la persona que le animó a pescar a mosca, y que como mucho le enseñó los cuatro rudimentos para manejarse con un mínimo de soltura en un rio y con una caña de látigo en la mano.
La posibilidad de poder compartir jornada de pesca con mi amigo, ha hecho que esta nueva temporada de pesca comenzase en lunes, pues era el único dia en que podíamos vernos, en vez de un sábado. La elección de Oliana como destino de pesca, lugar siempre difícil y que igual te lo da todo, que se cierra en banda y no tocas escama en todo el dia, ha venido motivada por el “fashion patagónico” del lugar, en honor de esa Patagonia en la que él suele pescar en cuanto tiene vacaciones: rio grande y posibilidad de pescar grandes salmónidos.
Asi pues, casi seis años después, volví a reunirme con Diego –ya ahora un hombre casado, y próspero empresario en su país- en el mismo sitio en que lo hacíamos, y otra vez emprendimos viaje en una madrugada fresca, con el cielo tachonado de estrellas y con la Sinfonía nº 3 de Anton Rubinstein como música de fondo a nuestra conversación, hablando primero largo y tendido de las muchas cosas que nos han sucedido a lo largo de estos seis años, y luego soltándonos a hablar de esa bendita pasión que compartimos, que más que llamarse pesca, debería llamarse “tener el privilegio de ir a pescar”.
Pese al frescor de la madrugada, Oliana nos ha recibido con un sol radiante, en un dia diríase de verano más que de otoño: el mercurio ha llegado a rozar los treinta grados en al mediodia solar. El rio, ligeramente más altito que en mi última visita del mes de septiembre, pero perfectamente vadeable, nos ha dado la bienvenida con el el fragor de sus corrientes, el canto de los pájaros y el murmullo de alamedas y choperas mecidas por la brisa. Toda una explosión de vida y una sensación de bienestar increíble: poder tener el privilegio de estar allí, viendo los maizales agostados aún sin recoger, oliendo a campo y montado el equipo mientras un sol todavía estival nos tuesta la piel, en vez de estar metidos en un atasco en la urbe, o atareados en la oficina, viendo tristes y resignados como hay vida y luce el sol más allá de los cristales de las ventanas.
Y una vez metidos en el rio, se hizo el silencio. Cesó toda conversación, se acalló la cháchara. Tanto Diego como yo gozamos simplemente estando en el rio con la caña en la mano. Entonces, sobran las palabras. Silencio, se pesca. Fuera de alguna pequeña indicación relacionada con el vadeo seguro –ayer era yo el “guia nativo”- cada cual metido en su mundo, concentrados tanto en el misterio y la magia de las aguas, como en la liturgia de los que pescan o lo intentan, drogas duras todo y su inócua e intangible apariencia, a las que tanto a ese jóven argentino, como a este no tan jóven español llevan enganchados desde que eran poco más que niños.
Ayer el padre Segre, no fue generoso con nosotros. La verdad es que no pescamos ni una trucha, y vimos bien pocas. Eso no quiere decir que no pescásemos, o que no hubiera peces. El rio, sobre todo oteando desde lo alto del puente de Tragó, bullía de ciprínidos, los menos fondeados en pozas u oxigenándose en las corrientes; los más, tomando el sol descaradamente en los bajíos, hociqueando sin prisa pero sin pausa, y moscardeando de vez en cuando. Había de todo, aparte de los traviesos y siempre incordiosos alburnos, barbos y bagras como auténticos torpedos, rechonchas y simpáticas, a la vez que poderosas, carpas e incluso bermejuelas, también conocidas en Catalunya como gardis o gardones.
La elección de pescar ligeramente “pesado”, al estilo polaco, con ninfa pompom, la atractora olianera y alfarraseña por excelencia, de punta, y con una pheasant tail para nada en tamaño “micro” un palmo y medio más arriba puede que determinara, para bien o para mal, el resultado de la jornada. El renunciar a pescar a tándem de seca-ninfa vino dado primero para evitar el incordio de los alburnos sin dejar en paz tanto seca, como ninfa, y sobre todo para no tener que bregar con un gran pez al otro lado de la linea, con un hilo inferior al 0,14 en el terminal. Ayer optamos por un 0,18 de punta, y todo y así los grandes peces nos ganaros dos de los tres grandes combates singulares a los que fuimos retados.
Puede que también ayer pescásemos demasiado relajados, o faltos de tensión. Diego había hecho un gran esfuerzo para poder venir, pues tan sólo el dia antes estaba en Grecia, volaba a Barcelona y sin apenas dormir se venía para el rio. Por mi parte, y por un dia, estaba tan feliz de poder estar bajo el sol lejos de las tribulaciones laborales de un lunes cualquiera, que con tan sólo poder estar allí ya me parecía fantástico.
Lo cierto es que casi a la una y media, Diego sólo había pescado una bermejuela, pez que le despertó su curiosidad, pues no lo había visto nunca en Argentina, y yo había pescado sólo tres alburnos. Cuando comentábamos que aún quedaban muchas horas por delante, que “aún había partido”, y mientras pescábamos un remolino en donde haraganeaban todo tipo de peces, grandes y pequeños, incluso un gran trucha, recibí una brutal picada de “algo” que comenzó a sacarme linea del carrete a gran velocidad, “algo” que no saltó fuera al verse prendido, “algo” que por los fuertes cabezazos y por su empeño en tirar hacia el fondo me hacía pensar que era un gran ciprínido.
Casi diez minutos de tensión después, pues no es nada fácil manejar uno de esos poderosos peces con una caña para linea 4, por más que sea de 10 pies, pude intuir que era un barbo, pero cuando pasados los veinte, por fin pude arrimar la bestia a la sacadera, gracias a la ayuda de Diego, me llevé la sorpresa de ver que era una enorme bagra, la más grande que he pescado hasta el momento con diferencia, y que pasaba largo del medio metro: un animal de poderosas aletas, un pez fenomenal con una energía casi inagotable, y que no tardó en reanimarse tras el combate, para volver a su merecida libertad en el rio.
Tras la adrenalínica pelea, siempre al límite de romper la linea, y las consabidas fotos previas a soltar la descomunal bagra (para los castellanos, cacho), nos tomamos un merecido descanso y planificamos un tanto lo que quedaba de jornada. Asi pues, tras el receso, Diego siguió zurrando con ahínco las corrientes de frente, remontándolas, en busca de esas soñadas truchas “patagónicas” que tanto renombre han dado a este coto, mientras que yo, acechando desde la misma orilla, probaba de hacer pasar la ninfa pompom por delante de un grupo de barbos y carpas que estoicamente tomaban el sol en los bajíos laterales de la corriente.
Andando con tiento, lanzando bastante aguas arriba, para no espantar a los ciprínidos XL ni con mis pisadas ni con el impacto de las ninfas en aguas casi paradas, por fin conseguí que uno de los barbos tomase la pompom de cola del aparejo, pero esta vez no hubo tanta suerte como con la bagra... la linea del carrete no corrió, debido a un par de vueltas que había formado el hilo en la puntera de la caña, y aprovechando esa resistencia, pude apenas contener al torpedo con aletas tres o cuatro cabezados antes de que se fuera a toda velocidad hacia el centro de las corrientes, con la ninfa a modo de piercing.
Ni cinco minutos después, un raro efecto en la deriva del hilo amarillo flúor que utilizaba ayer como indicador de picada, me advirtió de que otro de los barbos podía haber tomado la ninfa. La clavada en carne así me lo confirmo, pero esta vez el misil fluvial salió directamente disparado hacia la corriente y hacia abajo, directo a los pies de Diego. Sólo tuve tiempo de decirle “Cuidado, Diego, que va para ti”, que el barbo ya se había desclavado.
Ya no hubo más picadas de peces grandes –ni con pijama de pintas, ni con pijama de escamas- a lo largo de lo que quedaba de tarde. Incluso en la siempre productiva “poza del basurero” o “poza de la gravera”, se veían más pequeñas cebas de alburnos, que no grandes círculos de ceba de truchas. Diego capturó un alburno más, y yo otro además de otra bermejuela, hasta que, viendo que bajo ese sol de una tarde de un verano en todo menos en el nombre, Diego se estaba casi quedando dormido por el madrugón tras el largo viaje, y le sugerí que continuasemos las emociones de nuestro dia de pesca, pero esta vez yendo a merendar, previa recogida de bártulos y embadurnada de manos con “Brummel”, claro está, que la tradición, es la tradición, por má que Diego se sigue resistiendo a perfumarse con ese olor, que para unos sugiere el geriátrico, pero que para mi me evoca la libertad de un dia de pesca.
Tras la merienda, de bracitos de gitano de trufa y nata, de una pastelería del pueblo, y de entonarnos con la cafeína, emprendimos el largo e inusual regreso a casa, y digo largo e inusual porque el túnel de El Bruc sigue en obras, y para evitar atascos volvimos por donde habíamos venido, por la ruta más larga de Ponts-Torà-Calaf y Manresa, .
De nuevo, y tras un atardecer en ruta digno de postal enviada desde el país de los mejores recuerdos de los dias de pesca, cayó de nuevo la noche, como en esas noches del otoño y el invierno de hace casi seis años en que volvíamos a Barcelona, feliz Diego de haber pescado de aquella manera que tanta ilusión le había hecho desde pequeño, y feliz yo de poder contagiar este bendito virus de la pesca con mosca, y más si es a alguien que, al igual que yo, piensa que poder ir al rio, se pesque o no, y poder permitirse ver bajar el agua en un atardecer de rosas y azules, mientras otros se afanan en rutinas y convencionalismos, es simplemente un privilegio.De nuevo, una depedida. Pero al igual que hace casi seis años atrás, no ha habido un adios pomposo y ceremonioso. Simplemente, un abrazo y lo que se dicen los amigos de verdad: “hasta pronto”.




TEMPORADA 2.011 - 2.012 - Nº 1


Lunes, 3 de Octubre de 2011


TEMPORADA DE COTOS INTENSIVOS DE SALMÓNIDOS 2.011 - 2.012 - Nº 1


Coto Camí de l´Oliva – Oliana. Intensivo sin muerte.
Rio Segre
Capturas: 1 bagra a ninfa, 2 bermejuelas a ninfa y 5 alburnos a ninfa.


Pescadores : Diego Adam y Ferran RUBINSTEIN

Capturas:

Diego Adam: 1 bermejuela a ninfa y 1 alburno a ninfa.
Ferran RUBINSTEIN: 1 bagra a ninfa, 1 bermejuela a ninfa y 4 alburnos a ninfa.


Climatología:

Soleado y caluroso

Hora de inicio de la jornada: 10,15 h.

Hora finalización jornada: 17,30 h.

La música de hoy:




Debido a la grata asistencia de mi buen amigo de Argentina, Diego Adam, al que no veía en persona desde hace casi seis años, no ha habido audiciones de música clásica en esta jornada, pues –como comprenderéis- teníamos muchas cosas de las que hablar.